martes, 9 de enero de 2018

Cabos sueltos

Vaya por delante que mi opinión sobre la Guardia Civil, sobre nuestra querida Guardia Civil, es de admiración, de respeto y, sobre todo, de agradecimiento. De agradecimiento por los centenares y miles de muertos que no han dudado en poner su cara, su cuerpo, su seguridad y la de su familia delante del peligro para protegernos. Tanto en el mar como en la montaña, en la carretera o delante de los pasamontañas cobardes que tapan la cara de sanguinarios asesinos. Nada que reprochar, repito. Todo agradecimiento. Que alguna vez podamos pensar que han ido a “cazarnos” porque hemos entrado a 150 Km/h en un pueblo en el que había que ir a 70; porque se nos haya “olvidado” el seguro de la escopeta; o porque nos estuvieran esperando en un cambio de rasante, no quiere decir que no sepamos poner los pros y los contras en una balanza.

En la reciente resolución del macabro asesinato -y todavía no sabemos si algo más- de Diana Quer, hay mucha gente que se tiene que tentar la ropa. En primer lugar, los periodistas (no todos, claro) que se han dedicado a dar carnaza a los perros, aireando las relaciones personales de la familia, la separación de sus padres y hasta el tamaño del pantalón de la pobre chica. En segundo, la jauría insaciable de consumidores de morbo, realities y telebasura en general, que ha devorado agradecida la carroña que le echaban. Y en tercero, la Guardia Civil. Sí, señor, la Guardia Civil. Pero no el sacrificado guardia que ha batido metro a metro los sembrados, las radas, las charcas, los pozos y los caminos. Ni el paciente científico, que ha robado horas al sueño en su laboratorio hasta dar con la pista correcta.  Ni los técnicos, que han luchado contra reloj para desentrañar los secretos de su teléfono. Ninguno de ellos, pero sí alguien en la Guardia Civil, ha dejado algunos cabos sueltos.

Solo dos preguntas: si el día 26 de noviembre, ya no había ninguna duda de que un frío y desalmado violador apodado El Chicle había hecho desaparecer su cuerpo ¿Cómo es posible que un par de voluntarios tuvieran que salvar de la violación y posible asesinato por parte de El Chicle a una chica, el día 25 de diciembre? No entro ni salgo en si ya podía o no podía estar detenido ¿pero no debería estar vigilado o al menos controlado? Lo digo porque igual que pudo intentar violar, pudo intentar escapar. De que el pájaro es un confidente de la Guardia Civil, no tengo la más mínima duda. De lo que tengo dudas, es de cuál es el trato que se debe dar a este tipo de sujetos. Si se les debe dejar delinquir tranquilamente o se les debe poner algún límite. Y esto me lleva a la segunda pregunta ¿Cómo es posible que haya “decenas” de casos de violaciones y agresiones de todo tipo a chicas en una sola comarca y hayan quedado sin investigar? ¿A nadie le alarma esta situación? ¿O es que los gallegos tienen la fea costumbre de violar y pegar a las niñas que se encuentran por los caminos?

Ni acuso ni tengo la más mínima intención de sembrar dudas, pero cuando vi el despliegue de medallas, tricornios y estrellas de jefes y oficiales, me pareció que algo no estaba en su sitio. No es costumbre de la Benemérita, al menos de la que yo conozco, respeto y admiro, salir a recoger ovaciones como los artistas. Algún cabo suelto hay.


Por cierto, y esto ya es del negociado del juez ¿vamos a volver a ver, como en el caso de la pobre Anabel Segura, cómo se libra de la cárcel una encubridora -coautora, en aquél caso- alegando que es que “tenía mucho miedo” de su marido? ¿o vamos a volver a ver cómo los confidentes tienen licencia para matar?

domingo, 17 de diciembre de 2017

Muy Señor mío:


Adjunto remito mi Currículum Vitae por si pudiera resultar de interés para los fines de la plaza que convocan en su anuncio.

Como puede comprobar en él, tengo una larga experiencia en puesto similar, lo que sin duda hará que usted haya descartado ya mi candidatura. Como usted y yo sabemos, usted ni siquiera leerá esta carta de presentación, ya que al ver en mi Currículum Vitae que tengo más de cuarenta años, quedaré automáticamente descartado. Puede usted ser un joven y activo empresario, de esos que ahora se llaman emprendedores, al que le dé una enorme grima contratar a alguien que tenga más edad que usted, porque considera que nadie hasta que llegó usted, ha hecho nada que merezca la pena reseñar. O bien puede usted ser un obediente jefe de personal, de esos que ahora se llaman Human Resources Manager, al que han dicho que nada de contratar a nadie con más de cuarenta. De lo que sí estoy seguro es de una cosa: o usted tiene menos de cuarenta años o es de esos que superó la crisis con ciertos problemas y consiguió quedarse. Consiguió quedarse después de ver caer a muchos compañeros, mucho más preparados que usted, pero más baratos de despedir.

Y es que, como habrá podido comprobar, dada la importancia del cargo que usted ocupa, ahora mismo el mercado laboral en España, se divide en dos: los que superaron la crisis y siguieron cobrando su sueldo y aumentándolo año a año, que ahora cobran por encima de los dos mil euros; y los que perdimos el trabajo con la crisis, que ahora nos tenemos que agarrar a un puesto de novecientos o menos euros al mes, si es que alguien nos contesta, que como puede usted deducir, no es mi caso. De más de mil CV enviados, creo que no llegan a diez los contestados. Entiendo que por algún sitio hay que comenzar a descartar, ya que tiene usted más de trescientos currículos encima de su mesa, pero no consigo entender por qué la experiencia, el no tener hijos pequeños y el tener cada vez menos cargas familiares, son una rémora. Perdón, un hándicap, lo llama usted. Me acuerdo que cuando hacía entrevistas de joven, era precisamente eso lo que buscaban ¿no? De ser mujer y tener posibilidad de quedar embarazada, ni hablamos. Pues ahora, tampoco es ninguna ventaja eso ¿En qué quedamos?

Solo quiero desearle que nunca se encuentre usted en mi lugar. Que nunca tenga usted que cambiar su modo de vida y pase por la puerta de los restaurantes a los que antes iba, mirando para otro lado. Que no tenga que inventarse ninguna excusa cuando le llamen para una cena de amigos o una comida de antiguos compañeros. Que su mujer le apoye como la mía, y sus hijos sean tan santos como los míos. Que su familia y sus amigos no intenten evitar el tema del trabajo y del dinero en su presencia, porque piensen que va a salir usted contando desgracias. O bien que algún despistado no le proponga hacer viajes, que usted sabe que hace muchos años no puede hacer.

Yo sé que este no es asunto suyo. También sé que existe un subsidio para aquéllos que hemos agotado la prestación por desempleo. Seiscientos euros, por cierto. No los desprecio, claro. Pero eso es casi lo que me quitaban a mí todos los meses cuando trabajaba. Y es que mire, si hacemos cuentas: si yo hubiese metido en una cuenta todo lo que me han quitado mensualmente a lo largo de mi carrera, hoy viviría tranquilo. No desahogado, pero sí tranquilo.


Perdone que no le dé las gracias, porque como decía más arriba, sé que usted ni se ha mirado ni se mirará jamás esta carta. Felicite de mi parte al que haya seleccionado usted para este puesto, y no sea tan cínico de convencerle de que es un triunfador porque le han seleccionado entre trescientos. Sencillamente, le han seleccionado, primero por su edad; y segundo, porque está dispuesto a trabajar por lo que ustedes le ofrecen. Y no es que el chaval sea tonto, que va, es que no hay otra cosa.

martes, 14 de noviembre de 2017

Usos y abusos en Hollywood

Vaya por delante que uno no es un misógino, ni mucho menos un talibán ni un fundamentalista. Vaya sobre todo por delante que tengo mujer y una hija, aparte de un hijo adorable. Y que como hijo, marido y padre, hay pocas cosas que más me repugnen en esta vida, que esa gentuza que se vale de su posición preeminente, de su poder o de la debilidad de la otra persona para obtener favores sexuales. Que no entiendo cómo nadie puede disfrutar humillando a otra persona y que no los considero enfermos, como suelen decir los bienpensantes, sino auténticos hijos de mala madre, alimañas dañinas y gentuza que tiene que vivir fuera de la sociedad. Vaya además por delante que ni conozco, ni tengo la más remota idea de ninguno de los casos que, como cerezas del frutero, están saliendo sobre las distintas actrices de Hollywood y algunos productores espabilados. Algunos habrá realmente sangrantes.  Otros, cuando menos curiosos.

Dicho esto, tengo un par de dudas. Lo primero que me pregunto, es por qué este tipo de abusos solamente les ha ocurrido a mujeres. ¿Será que no hay ni ha habido nunca homosexuales en Hollywood? ¿Que haberlos, haylos, pero que a ninguno de ellos se le han cobrado favores sexuales a cambio de papeles en las mejores películas? ¿O que el abuso no es tal abuso, ni la humillación es tal humillación porque eran hombres? Porque claro, a la humillación de prestarse a tener sexo con alguien a cambio de una oportunidad de trabajo, habría que añadir la doble humillación de aquellos que han tenido que pasar por la cama de un productor, sin haberlo catado antes. Y no se me diga que a las mujeres les ha podido pasar igual. Todavía no hay ninguna productora denunciada por ninguna actriz. Ni productor denunciado por ningún actor, también es verdad. La segunda duda es ¿Han tenido que pasar por semejante calvario todas las actrices -y solo las actrices- que han triunfado en Hollywood? Lo digo porque, en tal caso, habrá muchas que después de haber sido humilladas y vejadas se habrán tenido que volver a su rancho de Kansas con el rabo entre las piernas (y pido perdón por tan inoportuna expresión).

Desde que el mundo es mundo, el que reparte el bacalao, el que tiene la llave de la despensa o la capacidad de repartir mercedes, se ha servido de su posición para obtener beneficios adicionales. Uno de ellos, quizá el más frecuente, ha sido el de derribar las defensas de la fortaleza que deseaba asaltar. Siempre ha habido jueces prevaricadores, curas simoníacos, reyes perjuros y corregidores untados. Los que llevamos décadas en el mercado de trabajo, conocemos por experiencia o por referencia, muchos casos de puestos de trabajo obtenidos, por decirlo de la manera más suave posible, por debajo de la mesa o mordiendo la almohada. Tanto ellos como ellas. Hasta aquí, nada nuevo y nada que objetar: Quien se ha querido prestar, ha recibido a cambio sus treinta monedas y aquí paz y después gloria. Cuánto menos si se trata de un empleo para el que no hace falta prácticamente cualificación alguna, ni casi formación previa. Un empleo en el que además de cobrarse ingentes cantidades de dinero, te da paso a un mundo de lujo, derroche y esplendor con el que jamás habrías soñado en tu pequeño rancho de Kansas. Un mundo además, al que llegas después de miles de puñaladas, traiciones y engaños.


Personalmente, no me parece mal que cada cual utilice todas las armas que la vida pone en sus manos, para alcanzar sus objetivos. Creo que mi moral no es exportable, nada más que a mis hijos, que cuando sean mayores harán con ella lo que estimen más oportuno. Creo que si te metes a competir por un objetivo, debes saber con quién estás compitiendo y cómo se juega a ese juego. Si te metes y pierdes, mala suerte. Otra vez será. Pero si te metes, utilizas todas tus armas, juegas al mismo juego que el resto, y después de dejar decenas de cadáveres en el camino, ganas, no vengas encima a cobrarte venganza de quien prefirió tus trucos a los de otra. Otra que a lo mejor te dejó pasar porque no quería arrastrarse tanto como tú. Eso no está bien, creo yo.

Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

viernes, 13 de octubre de 2017

Nacionalismo y catalanofobia

Me había propuesto no escribir sobre el único tema de conversación que, a lo largo del último mes y lo que te rondaré… ha habido en periódicos, radios, televisiones, tabernas, garitos, lugares de ocio y comidas familiares. Cataluña, efectivamente. Y no, no es que me vaya a escudar como los tibios en el “yo de política no hablo”, que la Política es -o puede ser-  una actividad tan digna como la Economía, la Cultura o los viajes. Y desde luego, en muchos casos, mucho más digna que el fútbol. Tampoco es que no tenga opinión al respecto, que la tengo y bastante formada. Formada desde hace años, cuando a diario me tocaba repasarme toda la prensa catalana; o cuando me tocó recorrerme Cataluña de pueblo en pueblo. No, sencillamente es que me parece complicado decir nada que no se haya dicho ya. Algunas cosas muy sensatas, otras muy prudentes, muchas de ellas demagogia facilona y algunas, sencillamente impresentables.

Así que obviaremos mi opinión política, que por ser mía solo a mí me importa, y nos centraremos en el lado humano del asunto. En concreto, hay una foto de la agencia Reuters, publicada incluso antes de que Puigdemont terminara de excretar su discurso-proclamación-suspensión de independencia, que lo dice todo. La foto es por todos conocida, y en ella se ven la emoción, la excitación y la euforia de los que esperaban en la calle… y a continuación, unos segundos más tarde, su decepción.


Pues esto es lo que hay, queridos: os han dejado tirados. Tirados como colillas. Si no fuera porque sois violentos, sectarios y cobardes, me daría pena ver esas caritas de pena. Violentos porque agredís o calláis cuando agreden a alguien por llevar una bandera, por representar a sus vecinos en un ayuntamiento o por no sentir lo que debe sentir. Sectarios porque solo en vuestra tribu, en vuestra jauría hay salvación. Nadie que no obedezca tiene derecho a vivir en vuestro territorio. Y cobardes porque solo atacáis en manada, a dos chicas solas o a un padre con tres niños pequeños.

Así que pena, ninguna. Se han ido todos. Han cogido sus empresas y os han dejado allí, chillando. Los mismos que, o bien os pagaban para que gritaseis desaforados en la calle o bien callaban mientras lo hacíais, han puesto su dinero a salvo de vosotros. No me extraña esa cara de tontos que se os ha quedado ¿Quién os va dirigir ahora, el capataz? Porque a él también le han  dejado tirado y se han ido con “el enemigo”. Contra ese a quien le mandaban azuzar la rehala. Pues tan malo no será porque ellos creen que su dinero está más seguro allí. Lo malo es que el capataz sabe arrear el ganado, pero no tiene ni idea de hacia dónde.


La parte mala es que nos los habéis enviado a nosotros. Que ahora vendrán llorando, haciéndose las víctimas y pidiendo “medidas” para salvar sus empresas. Que de repente se les habrá olvidado que durante cuarenta años no han hecho ni han dicho nada. Y que después de inocular en vosotros el virus del odio, os han dejado buscando víctimas a quien culpar de vuestra amargura. Nada personal, pero reconozco que no me dais ninguna pena. Además, no es catalanofobia, que eso sería odiar a alguien por ser catalán y yo no odio a nadie. Es más, me caen muy bien los catalanes. Y a los nacionalistas no os odio, sencillamente os desprecio y por eso no podéis darme pena.

Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

martes, 26 de septiembre de 2017

Contra el Pensamiento Único Obligatorio (2)

Como lo prometido es deuda, vamos a seguir viendo los ataques demoledores del Pensamiento Único Obligatorio contra la libertad de pensamiento. No sé si con esto terminaré de escribir al respecto, lo que sí sé es que seguro que me dejo algo en el tintero y que a lo mejor me meten a mí en el tintero. Que surgirán, como ya ha pasado, críticas más o menos fundadas. Bienvenida sea la polémica.

La historia del descubrimiento y colonización de América, es una historia de saqueos, pillaje y violaciones de los derechos más elementales de los indios. Otra mentira. Pocas veces nadie ha dicho semejante estupidez, ante la mirada bobalicona de cateto ignorante de los acusados, como ahora. A los españoles, se nos injuria y se nos insulta, y lo único que hacemos es agachar las orejas. Primera y demoledora consecuencia de habernos cargado la Enseñanza. Vamos a ver: la Reina Isabel declaró a los indios Hijos Menores de la Corona, lo que desde un primer momento les protegió de cualquier tipo de abuso por parte de los colonos. Y la Administración Real se ocupó y se preocupó de que esto fuera así, durante los quinientos años que mantuvo su presencia en los territorios castellanos del otro lado del Atlántico. Los que ahora derriban estatuas de Colón y acusan de saqueo y de violaciones a los españoles, son los descendientes de aquellos que conspiraron para lograr las independencias. Los mismos que, una vez lograda la independencia esclavizaron, saquearon y violaron a los indios. Con el agravante de que esos mismos que derriban estatuas y acusan al resto del mundo de la desgracia de los indios, tienen de indios lo que yo de beato: todos se llaman García, Pérez, Morales, Ortega o Castro. No, señores, no fueron mis abuelos los que fueron a saquear a nadie, fueron los suyos. Los míos se quedaron aquí.

El clima está cambiando. Aterrador, la verdad. Lo malo es que nadie ha dicho todavía respecto a qué, a cuando o  cuánto está cambiando el clima. De hecho, las alarmas saltaron cuando alguien dijo que había un tremendo agujero en la capa de ozono, que cada vez era más grande y que cuando desapareciera la capa de ozono nos íbamos a achicharrar como lagartos. Al final la Naturaleza, tan tozuda ella, se empeña en quitarnos la razón en todo aquello que “descubrimos” y el agujero de la capa de ozono volvió a disminuir. Y a volverse a abrir y a volver a cerrarse… como llevaba haciendo toda la vida y nunca había pasado nada. O nada grave, por lo menos. Lo malo es que alguien descubrió que el miedo es negocio, que si hago un discurso apocalíptico hay mucha gente dispuesta a comprármelo. Y a comprármelo bien caro. Tanto, tanto como que al que se le ocurra cuestionar mis teorías va a quedar automáticamente fuera de la comunidad científica. Hasta el punto de que el clima es la única rama de la ciencia donde no se sigue un sistema deductivo sino inductivo. En lugar de analizar, experimentar y comprobar los elementos determinantes para llegar a una conclusión, se establece una conclusión a la que hay que llegar por cualquier camino. Y si no existe, se inventa. Pero sobre todo, nunca dejar de alarmar al gran público. Así que en vista de que no había agujero creciendo en la capa de ozono, se empezó a hablar de calentamiento global. También sin explicar qué es eso de global claro, pero es que el adjetivo asusta. Y una vez más, la maldita Naturaleza demuestra que no necesita esta clase de defensores, y bajan las temperaturas medias.
-       Es igual, podemos mantener la tensión hablando del cambio climático
-       ¿Pero a qué cambio nos referimos? ¿Cambio de presión, de humedad…? De temperatura y precipitaciones ya se ha demostrado que es una chorrada. Después de todo el clima lleva cambiando desde que el mundo es mundo. No en vano, depende de unas treinta variables distintas: presión, temperatura, inclinación del eje terrestre, ubicación de la tierra respecto al sol, aumento o disminución de las masas de agua, cambios de presión, temperatura de los océanos o de los lagos, volcanes… De hecho, no es que el clima no cambie, es que nadie ha dicho que tenga que ser uniforme, no puede serlo de ninguna manera. Ni en el tiempo ni en una misma ubicación
-       Usted lo que es, es un escéptico y un negacionista. Prepárese usted a perder su cátedra y toda la financiación que tenía para investigar ¡Vamos, hombre! ¿Habrase visto? El clima está cambiando y punto.
-        Amén


Ya no existen los protagonistas. Los que tenemos más de cuarenta, todavía recordamos las películas donde el héroe se enfrentaba a los villanos y salvaba a la chica. Es más, si el director se venía muy arriba, el héroe salvaba al mundo o incluso a la galaxia. Entonces se exaltaba el esfuerzo individual, la capacidad de sacrificio de una persona, y el éxito del protagonista era un final ejemplarizante. Pues ahora no. Ahora “el protagonista” es colectivo, multicultural y abierto. “Todos somos Encarnita”. Pongas la serie que pongas, o vayas a ver la película que vayas a ver, los protagonistas son un grupo integrado por al menos: un blanco, una mujer, un negro y/o hispano o asiático; y una pareja homosexual. Nada que objetar. Como no me gusta el cine y además niego categóricamente que se trate de ningún arte, ni séptimo ni octavo ni segundo… con no ir al cine tengo suficiente. Y en casa, afortunadamente, tengo muchas más y mejores cosas que hacer que ver la televisión. Por lo demás, este nuevo formato no es menos ejemplarizante que el anterior. La única diferencia es que el ejemplo que enseña no es discutible. Si no te gusta, eres un… bueno, eso.

Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

domingo, 17 de septiembre de 2017

Contra el Pensamiento Único Obligatorio

Quien haya tenido la santa paciencia de leer este blog en más de una ocasión  -el que sea reincidente, en el pecado lleva la penitencia- me habrá visto alguna vez escribir sobre lo que yo llamo el Pensamiento Único Obligatorio. Y es que, aunque uno fue educado en el último franquismo y primeros años de la Democracia, lo que me enseñaron algunos buenos maestros que tuve, es que nunca se debe dar por bueno todo lo que te enseñan. Nunca aceptar sin cuestionarlo, todo aquello que te dicen que es bueno y que debe ser así. O sea, justo lo contrario de lo que ahora no sólo se enseña a los niños, sino que además se impone a machamartillo a los adultos. O tragas o te excluyes tú solito. O piensas lo que yo te digo que debes pensar, o te quedas fuera de la sociedad. O sea, el Pensamiento Único Obligatorio. Para este viaje no hacían falta alforjas. ¿Pero que es el Pensamiento Único Obligatorio? Veamos:

La mujer merece un trato especial, preferencial, en la vida pública: en el trabajo, una empresa recibirá severas amonestaciones, si alguien considera que el personal contratado no responde a la cuota “recomendada”. En consecuencia, a la hora de seleccionar su personal no debería mirar lo que hay en el interior de la cabeza de los candidatos, sino entre sus piernas. En la política, estás obligado a votar una lista en la que obligatoriamente tiene que haber el mismo número de hombres que de mujeres, y además el orden de candidatura se selecciona, una vez más, por la entrepierna y no por los méritos. Ante un juez, solo por el hecho de ser hombre estás condenado de antemano en cualquier causa de separación, por amistosa que esta sea. De momento, coges tu maleta, te vas de tu casa y pierdes a tus hijos. No digamos si tu ex te acusa de malos tratos o violencia verbal o psicológica. No es que te vayas de casa, es que sales de ella esposado ante tus hijos y vas directo a prisión. Sea verdad o mentira la acusación. Y no digamos si tu mujer se busca un abogado con pocos escrúpulos. Siempre he dicho que si te la encuentras con uno en la cama, te bajes al bar a tomar una cerveza y le dejes que se vista y se vaya. Si no, en la misma jugada te has quedado sin mujer, sin casa, sin cama, sin niños y sin nómina. En cuanto a la la vida privada, la policía -no un juez-, el ayuntamiento, la vecina o los medios de comunicación  están perfectamente legitimados para meterse en tu vida conyugal, e incluso en tu casa, si se intuye que tu comportamiento o tu relación con tu mujer no se ajusta a lo que se debe ajustar. Personalmente siempre he defendido el derecho de la mujer a la igualdad con el varón, faltaría más. Pero no me parece en absoluto lógico que, lo que antes era una desigualdad injusta, se torne en otra desigualdad igual de injusta. Y no, no me vale el argumento de que la mujer ha estado siempre oprimida. Entre otras cosas porque ni yo he oprimido a nadie, ni lo he justificado, ni tengo porqué pagar facturas que no son mías.

El sexo es un fin en sí mismo, lo que explica que cualquier tendencia, inclinación o afición que se tenga es legítima, maravillosa y digna de ser exaltada. Por supuesto, si alguien piensa que el sexo tiene exclusivamente como fin la procreación, es decir si ese alguien se aparta de lo que debe pensar, será calificado de retrógrado, mojigato, opusino y meapilas. En consecuencia, nadie tiene derecho a pensar lo que no debe pensar. Por mi parte, opino que el sexo, común a casi todos los animales, tiene en el ser humano una dimensión especial y maravillosa. Responsablemente administrado, se puede convertir en un instrumento de placer -físico y psíquico- que nos sitúa varios escalones por encima del resto de los animales.  Es otra de las cosas que nos hace diferentes de ellos. Por tanto, cualquier relación sexual consentida entre adultos responsables, me parece legítima y muy respetable. Pero no me empeño en convencer a nadie de que lo único importante del sexo es el orgasmo. Ni mucho menos denigro, insulto ni ridiculizo a quienes opinan de manera distinta.

La Naturaleza es buena, amable y nos cuida, pero nosotros nos empeñamos en destruirla. Pues mire usted, no es verdad. La historia de la Humanidad es, entre otras cosas, la historia de la lucha por habitar las zonas donde la Naturaleza se muestra menos agresiva. La lucha por ocupar terrenos donde no haya inundaciones, terremotos ni aludes. Por ocupar los valles junto a los ríos, lejos de desiertos, plagas, bajíos, pantanos, altas montañas y mares enfurecidos. Solo cuando los hombres dejan de luchar entre sí mismos y contra la Naturaleza, es cuando surge la civilización. Sin embargo, ahora perece que cada vez que uno de estos fenómenos tiene lugar, es por culpa del hombre. Claro, no hay duda: si ocurre un terremoto, un tsunami o una erupción volcánica de esos que salen en los reportajes de Al Gore, es sin duda por culpa del ser humano. Si sabe lo que le vale, no se le ocurra a usted decir que es porque la Naturaleza es así, o será juzgado y condenado por blasfemia. Y la condena puede ser muy severa.

Los animales son como los humanos. Tienen los mismos sentimientos y aunque no hablan, tienen todas las demás características en común con nosotros. Es más, mi perro es más listo y más bueno que muchos seres humanos. Consecuentemente, está perfectamente justificado que lo lleve al veterinario y que este me diga que le va a poner un tratamiento de 200 €, porque perece que tiene un poco alto el colesterol; o que me cobre 800 € por una operación de próstata por si deriva en cáncer, o 1.000 porque tiene un quiste en los ovarios (estoy contando casos reales). Por supuesto, un gasto mensual de 500 € entre veterinario, vacunas, pelotitas de goma, mantas eléctricas, cestitas para dormir, correas fosforescentes, cortes de uñas y peluquería, está perfectamente justificado. Lo malo es que hay familias que viven todo el mes con la mitad de eso. Lo malo, es que hay auténtico genios con ganas de estudiar, que frustran su carrera porque no llegan o porque tienen que ponerse a trabajar para ayudar en sus casas… Los dueños de perros más queridos por sus animales que he conocido, tratan a los perros como perros, y eso no significa perderles el respeto ni quererles menos. Y a las personas como personas, por cierto.

Fumar es peligrosísimo y el que fuma nos está envenenado a los demás. En consecuencia, debe ser prohibido y hasta perseguido. Eso sí, sin dejar de cobrar el impuesto correspondiente por la producción y venta de tabaco. Pues fíjese usted: solo con los impuestos que se pagan por el tabaco en España, hay para pagar el sueldo de todos los médicos de la Seguridad Social. Pero en fin, no diré yo aquí que el tabaco es bueno, que yo lo dejé hace más de quince años. Pero lo que sí digo es que fumar no es más peligroso ni más letal que conducir, que beber o que suicidarse, primera causa de muerte externa en 2016. Ninguna de esas cosas debería ser prohibida, entre otras cosas porque cualquiera de las tres primeras, hechas de forma comedida y responsable, no suponen peligro alguno para nadie. La cuarta es más letal, pero es más difícil de prohibir. Y en todo caso, si yo tengo un bar y considero que mis clientes pueden fumar lo que les dé la gana en él, aún a costa de que otros clientes no vengan ¿quiénes son el estado, el Gobierno o el ayuntamiento para decirme cómo tengo que llevar mi negocio? O sea, yo arriesgo, pongo el dinero y el trabajo; y ellos cobran, me vaya bien o mal ¿y encima opinan de cómo tengo que llevarlo? De locos, oiga.


Hay muchos otros aspectos de nuestras vidas monitorizados, vigilados y controlados por el Pensamiento Único Obligatorio. Pero ya los iremos viendo en sucesivos artículos, que creo que hoy me he pasado de extensión… Lo siento.

Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

jueves, 6 de julio de 2017

Carta a un héroe

Querido Gonzalo:

Perdona en primer lugar la confianza, puesto que no nos conocemos de nada. Sin embargo, te sorprenderías de lo cerca que nos ha colocado la vida, uno del otro. Aparte de llamarnos igual, claro. Conozco a tu madre, a tus tías y a tus abuelos desde que tengo memoria, allá por los primeros años ochenta del siglo pasado, en La Granja. Especialmente con tu tía Ana, me une una enorme amistad desde entonces. Porque las amistades de niñez, toalla y piscina; de bicicleta, mochila y chocolatada; de salida del colegio y de primeras fiestas, son para siempre. Imagino que tú lo sabrás igual que yo. Son esas amistades que, aunque lleves años y años sin verte, el día que te encuentras parece que no han pasado más de quince días.

Pero lo cierto es que no te escribo para contarte mi vida ni la de tu familia, que la primera entiendo que no te interesa nada, y la segunda te la sabes mejor que yo. No, con esta carta lo que quiero es expresarte mi más absoluta admiración. Precisamente a través de tu tía Ana, he tenido acceso a tus crónicas a través de Facebook ( https://www.facebook.com/gonzalo.perales?fref=nf ), en las que día a día cuentas tu experiencia como paciente oncológico.

“Eso es un hombre”. Es lo único que he podido escribir después de leerte. Porque aunque no te lo creas, o no te parezca una machada lo que estás haciendo, tu comportamiento y tu actitud son las de un auténtico héroe. Porque un héroe, Gonzalo, no es un bombero o un policía. Esos son personas que están física y  psicológicamente preparados para afrontar situaciones muy difíciles. Solo algunos de ellos, de vez en cuando, sacan un comportamiento heroico. Lo mismo que un médico, un piloto o un tío que va por la calle con su patinete. Un héroe no es el que no tiene miedo, que va. Es aquél que es capaz de afrontar el peligro y la inseguridad, sentir el miedo que cualquiera puede sentir, y no darle la espalda. Esquivarlo, ver por dónde viene y hacerle un quiebro. Son los que salvan la propia vida y la de los demás. Con mucho más mérito aún, si ese desafío tiene como fin tranquilizar a los tuyos. Que tu familia y tus amigos vean que están más seguros detrás de ti que a tu lado. Que no sean capaces de consolarte y tranquilizarte, porque eres tú quien les consuela y les tranquiliza a ellos.


Querido Gonzalo, con gente como tú, el cáncer tiene los días contados. Porque al cáncer se le vence con prevención, tratamiento, quimio y trasplantes. Pero sobre todo, con la cabeza. De nada vale ninguno de esos recursos si nos entregamos antes de empezar a luchar, pero para luchar hace falta ser muy valiente. Hace falta ser un hombre, nada menos que todo un hombre. Mucha suerte y no dejes de contarnos tu experiencia, por favor.

Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro