martes, 20 de mayo de 2014

Tiempos y costumbres: Hoy no me puedo levantar

“Hoy no me puedo levantar”. Ese es el título de una famosísima canción de los años ochenta ahora convertida en musical. Una canción que lanzó a la fama a Ana Torroja y a los hermanos Cano, a Mecano. Fueron aquéllos años maravillosos para los que entonces enfilábamos la mayoría de edad, para los que veníamos de unos setenta que habían sido de nuestros hermanos mayores. Todavía recuerdo aquellos primeros pasos en las discotecas. Primero, cómo no, en verano en La Granja, en Liberty o en La Tertulia. Granadina con piña o San Francisco, jarabe con sabor a frutas… y algún que otro ron con limón si el camarero “se dejaba” engañar. Fue en aquellas correrías en Topaz, en la calle Orense, con los amigos del colegio de Joaquin Barbadillo donde conocí a Nacho Cano. Y donde me reí de él cuando me dijo que quería ser cantante: “¡Pero si tú no sabes cantar!” “A ver Nacho, cántanos algo ¿ves? No tienes ni idea de cantar”… menos mal que no he tenido que vivir de mis dotes adivinatorias. También andaba por la zona Antonio, el hijo de Lola Flores que luego se haría famoso llamando isla de Palma a la isla de Mallorca, pero este no salía de un pub llamado Agarsimón. Y que como casi todo el mundo sabe, acabó como tantos otros de nuestra generación. Descansen en paz todos ellos.

Venía a cuento recordar aquella canción, porque no era sino fiel reflejo de una costumbre que se empezaba a generalizar ya de manera irreversible y que llegará hasta nuestros días, corregida y exagerada hasta la náusea. Y esa costumbre no es otra que la de salir por la noche hasta el amanecer y más allá. Y es que hay quien dice que esto es así, que en España tenemos esas costumbres debido al clima, cosa que debe tener su parte de verdad. Aunque lo cierto es que entonces éramos muy poquitos los que salíamos “a vida o muerte”: los porteros de las discotecas estaban para abrirte la puerta, no había atascos lo sábados por la noche y las copas se pagaban en la barra al pedirlas, no en la puerta. Y claro, las consecuencias eran las que eran, “Hoy no me puedo levantar”. Si a eso le añadimos que con la edad cambian los horarios y las obligaciones, que no es lo mismo faltar un día al instituto porque te has acostado tarde, que hacerlo a unas prácticas en la universidad ni mucho menos en un trabajo, al final tenemos días de veintiocho horas, noches de tres horas y desayunos a la hora de cenar. Un caos total, en definitiva. Un maravilloso, decadente y viscontiano caos.
 
Lo que ya parece un poco más complicado es hacer compatible ese tipo de de vida con un horario normal de trabajo, equiparable al del resto del mundo con el que, de una manera o de otra, tenemos que estar coordinados casi para cualquier actividad. Consecuencias de la globalización. Y es que en el resto del mundo, tengan el clima que tengan, la gente lo que hace es trabajar de nueve a cinco. Se levantan, desayunan bien, se van a trabajar, a la una toman un pequeño refrigerio y a las cinco se les apaga el ordenador… después de eso, casa, niños, colegios, tiendas, una buena cena y a dormir. Que gente más rara ¿no? Es mucho más lógico lo que hacemos en España que, como siempre, tenemos que explicar al resto del mundo cómo se deben hacer las cosas. Para que luego nos tengan envidia.

Te levantas a las siete, destrozado después de haberte acostado a la una -ayer hubo fútbol, el partido del siglo- , te tomas un café a la carrera y sales corriendo al bar. Allí pides otro café con una tostada. Por supuesto, el camarero te conoce y sabe que lo quieres descafeinado, con leche templada en vaso y con dos sobres de azúcar. Y yo me pregunto ¿es posible que en una mesa de doce españoles ninguno tome el café igual que otro? De ahí sales corriendo para coger tu coche y meterte en el atasco de todos los días… si hay suerte y no llueve claro, que si no es peor. O no, depende, porque vas a aprovechar el atasco para poner al día los papeles que te trajiste ayer de la oficina y que no tocaste porque había partido. Y de paso harás dos o tres llamadas. Si total, en el atasco no hay guardias, puedes hablar tranquilo. En cuanto llegas a las ocho y media, otro café. Te lo llevas a tu mesa, enciendes el ordenador y abres tu correo. ¡Buf, media hora leyendo correos! Pero primero ese café. Entre pitos y flautas, las nueve y media y a las once hay reunión. Bueno, pues ya hasta que pase la reunión no puedo hacer nada… y después de la reunión, otra reunión con los del departamento para comentar la reunión. Y para sacar en conclusión que estas reuniones no sirven para nada. Por cierto, hay que hablar lo de las vacaciones. Total, las doce y media y no hemos desayunado. Café y pincho de tortilla en el bar y mientras, comentamos lo de las vacaciones… y el golazo de Cristiano de ayer ¡Y lo de su ficha, que vaya tela con la de gente que hay pasando hambre! Una y cuarto, llegas a tu mesa y recado de tu jefe: hoy comemos con clientes ¡vaya tela! Bueno, en el fondo paga la empresa y a tu jefe le gusta el chuletón que dan en el vasco de la calle Orense. Allí quedáis con los clientes y mientras llegan, cervecita. Una vez sentados, entrantes y chuletón para todos menos para la jefa de compras de tu cliente, que pide solo vichyssoise, la tía pedorra. Y vino como para una boda, que como dice tu jefe el fin último de estas comidas es ablandar las condiciones del contrario. Lo malo es que él se suele “ablandar” un par de botellas en cada comida. Bueno y tú también, ya que estamos. Total, lo que tenías que hacer ya lo has dejado listo y si no cae hoy, caerá mañana. Por la tarde, si te dejan tranquilo, igual cae media horita de siesta en el despacho. Gloria bendita, se despierta uno como nuevo. Seis de la tarde, hora de salir. Pero a ver quién es el guapo que sale a las seis si está todo el mundo liadísimo y andando de acá para allá. Carpeta bajo el brazo y a pasear por el pasillo. Para estos casos hay varios recursos útiles: primero, pedir a la secretaria o al administrativo algo que le impida salir a su hora. Parece que si molestas a alguien eres mucho más importante. Segundo, llamar a cuantos jefes puedas: ya que te has quedado, que se sepa. Tercero, llamar a los proveedores: deben saber que tú eres un cliente exigente y que estás en tu despacho hasta las ocho, las nueve o las doce si hace falta, por lo que no puedes consentir un fallo ni un retraso. Y cuarto, abrir todos los correos guarros, antibarcelonistas y chistosos que hayas recibido y reenviárselos a todos los miembros de la lista de correo que tienes con el nombre de “Bandarras”. Nueve y media. A ver si hay suerte y el jefe se quiere venir a tomar un gin tonic en el pub del Míguel, que los prepara buenísimos, con una tónica especial que le traen de Amsterdam, cardamomo y bolitas de pimienta. Si no nos alargamos mucho, igual llego a casa antes de las doce y veo a los chicos todavía despiertos. Un beso, bandeja en el salón y  a ver reportajes en el Plus hasta las dos o dos y media… Esto es vida.

Lo que no entiendo es que todavía no hayan aprendido de nosotros en el resto del mundo.


Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

martes, 6 de mayo de 2014

Obra y Autor

Quien aquí escribe, se declara absolutamente incompetente para seguir un programa de televisión de los llamados “del corazón” (aunque yo los llamaría de otra parte del cuerpo un poco menos vital), ni una revista de la misma “categoría”. Entre otras cosas porque no tengo ni idea de quién es cada uno, de por qué demonios salen ahí ni de su circunstancia personal, que al parecer hay que conocer para entender lo que te cuentan. Cuando leo “Marisa, rota de dolor”, “Popi, feliz con su nueva vida” o “Aníbal se repone de su pena en Isla Mauricio” me quedo con cara de idiota intentando descifrar tan insondables misterios. Ni sé quién demonios es Marisa, ni Popi ni Aníbal ni sus cuitas. Casi que no sé ni quién es Mauricio. Mucho menos sus problemas personales, pero graves, graves no deben ser ¿Y a qué viene semejante disquisición sobre un tema tan poco interesante? Se preguntará usted. Y no sin razón, que a lo que yo iba tiene que ver más con una actividad un poco más gratificante y constructiva del ser humano, como es la obra de arte.

Por mi parte tengo entendido que el arte empieza a considerarse arte, como fin en sí mismo e independientemente de su fin doctrinario anterior, a partir del Renacimiento. Paradójicamente, la "Renascità dalla Antiquitá". Es entonces cuando los autores comienzan a firmar su obras, cuando se empieza a valorar al autor por su obra y no a la obra por su significado. Cuando se empieza a decir es un Leonardo, un Rafael o un Tintoretto, en lugar de una Anunciación, una Última Cena, un bodegón o un Arca de Noé. Es cuando los edificios siguen los cánones de Palladio en lugar de competir por elevarse para alabar a Dios. Una época excepcional e irrepetible, por lo demás. Luego esa sublimación de individuo por encima de la Fe, cundirá en toda Europa, incluida la católica España. O por mejor decirlo, en las Españas de ambos lados de océano. En América surgirán ciudades de trama cuadriculada con la misma estructura que los campamentos romanos, con Cardo y Decumana, que pervivirán hasta hoy día. Y así seguiremos admirando al autor a través del Barroco, el Neoclásico y el Romanticismo en todas las artes.

Sin embargo a partir del nacimiento del Impresionismo, el autor pierde relevancia en favor de la obra misma. De una obra que ya no tiene estructura alguna, ni escuela ni canon. Solo la libertad creativa del artista. Nada que objetar... excepto un par de preguntas ¿Es esto cierto o es más cierto que, vayas al museo o exposición que vayas, todo el mundo indefectiblemente mira primero el letrero con el nombre del autor y luego "admira" la obra? ¿Que los "entendidos" están al albur de lo que digan unos cuantos "críticos" para los que la obra de arte no es otra cosa que un objeto de compra-venta, que naturalmente han comprado barato y venderán caro? ¿Tiene esto algo que ver con el hecho de que los marchantes indiquen a los autores el número de obras que pueden producir cada año? ¿Con el enriquecimiento desmesurado de los Strauss-Khan, Rostchild y otras familias de mecenas del dinero en lugar de las artes?

Perdonen que disienta, pero si la personalidad del autor, su circunstancia personal, política o sexual resulta relevante para la valoración de la obra, se acaban ustedes de cargar todo el arte del siglo XX. Lo que, por otra parte, igual no era un mal comienzo ¿o sí?


Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

miércoles, 2 de abril de 2014

Un país, veintiuna banderas

Tengo por costumbre no utilizar Tiroleses para expresar opinión política alguna y creo que el asunto que hoy me ocupa no tiene nada que ver con la política. Esto, dejando de lado el hecho de que estoy convencido de que en España la izquierda debería bajar del monte, como hizo la derecha ya hace años. Y empezar a hablar de problemas serios, en lugar de la memoria histérica, de lo que ocurrió hace setenta años, de la derecha clerical y asesina, de los terratenientes o de la Iglesia. Además ¡qué demonios, es mi blog y el que no esté de acuerdo tiene derecho de réplica con pinchar abajo donde pone “comentarios”! Y nadie podrá decir que nunca haya censurado una sola intervención. De hecho, yo de política sí hablo. Lo que no hago es perder el respeto a nadie o no escuchar, que es distinto.

Es difícil, por no decir imposible, encontrar un país aparte del nuestro en el que alguien proteste porque en un acto oficial se escuche el Himno Nacional. Pues eso es justo lo que está ocurriendo estos días. Y uno se plantea si es que estamos tontos o es que nunca hemos sido muy listos, pero luego vas a los hechos y te das cuenta de que ninguna oportunidad que te surja de buscarte la vida fuera de España debe ser desdeñada.

Y es que España como Reino, como Estado soberano independiente, no tiene una bandera como los demás estados soberanos independientes sino al menos veintiuna. En la práctica quiero decir, aunque sí oficialmente. Vamos, que es el único país del mundo con bandera a la carta. La bandera nacional no representa a los ciudadanos, sino que cada ciudadano es representado por la bandera que él estima más oportuno que le represente.

Así, tenemos por una parte la Bandera Nacional, la designada en la Constitución como bandera oficial del Reino, cuya descripción ahorraré por ser sobradamente conocida. Muy útil por ejemplo para los partidos de fútbol o para celebrar victorias deportivas en general, que es su función primordial. No obstante como hay a quien le molesta el escudo que incluye, se puede sustituir por la silueta de un toro bravo sin que esto constituya ofensa alguna para nadie. De hecho, el escudo ya se cambió en el año 79 porque había quien no lo entendía bien y se pensaba que era el “escudo de Franco”. Incluso todavía hay quien llama inconstitucional a aquel escudo, sin saber que es el que ilustra la portada de la primera Constitución que se imprimió. De hecho, la Constitución no dice nada absolutamente del escudo, que se cambió por Ley Orgánica. Esta bandera es muy útil también para ser utilizada a modo de capita, al estilo Superman. Muy común en estos eventos deportivos. También hay algo que solo ocurre en España, y es que unos españoles saquen la bandera española para restregársela por la cara a otros españoles. Véase los partidos Madrid- Barcelona o Madrid-Bilbao.

Y hablando de ignorantes heráldicos, hay una segunda bandera que es la misma, pero en lugar de con el escudo oficial o con el toro de Osborne, se adorna con el mencionado escudo anterior. Y es precisamente por eso, por los ignorantes que se creen que ese es el “escudo de Franco”. Y aunque sí es cierto que Franco retocó algo el escudo de los Reyes Católicos, es decir el escudo que existe desde que existe España, con haber vuelto a reponerlo en su diseño original hubiera bastado, digo yo. Pero en fin, estoy seguro de que si no tuviéramos o no hubiéramos tenido tantos complejos en su momento, ahora no estaría escribiendo esto.

Después está la Imprescindible, las sal de todos los guisos y el picante de todas las salsas: la bandera de la II República. Y digo bien, de la II República, que no la bandera republicana, que para ser republicano no hace falta estar de acuerdo con aquél régimen fracasado, nacido de un golpe de estado. Civil, pero golpe de estado. Pues a esto es a lo que me refería al principio de este artículo: después de haber dinamitado todos los consensos constitucionales de la Transición, esa bandera no falta en un solo acto de la izquierda. Sea parlamentaria, “escrachera”… o ambas cosas. Esta en cambio sí que es anticonstitucional, pero curiosamente eso no le escandaliza a nadie.

Por último están las banderas de “mi pueblo”, es decir las banderas de uno cualquiera de esos engendros políticos llamados comunidades autónomas. Las más significativas la vasca inventada por el PNV* y la variante de la aragonesa correspondiente a los condados de Cataluña, secuestrada por el nazionalismo catalán. Pero en cualquier caso, hay muchos españoles que dicen “sentirse” solo catalanes, solo vascos, solo canarios, solo gallegos… ¿y a mí que me importa, oiga? Usted puede sentirse lo que estime más oportuno sentirse, pero el hecho cierto, la realidad insoslayable es que usted es español como pone en su pasaporte. Si no, vaya usted por el mundo y pregunte. Pregunte quién conoce su pueblo, pregunte por los tratados comerciales de su pueblo con cualquier país, por el agregado comercial. Y sobre todo por la embajada o el consulado si tiene usted algún problema del tipo robo, secuestro o permiso de trabajo. Y entonces les enseña usted su bandera, a ver qué le dicen.

¿Estamos tontos o no estamos tontos?

Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro


(*) Inicialmente, era la cruz blanca de la religión católica, las aspas rojas de San Andrés, bandera de los carlistas y antigua bandera de España; y el fondo verde, color de la Monarquía española (Viva El Rey De España). Posteriormente cambiaron el rojo de las aspas por el verde del fondo.

viernes, 21 de marzo de 2014

Tiempos y costumbres: de ucranios y malasios

Dice el rumor que corre por tertulias y mentideros que esta generación, presuntamente la mejor formada de la Historia, es muy desgraciada. Y parece ser que lo es porque aunque todos tienen dos carreras, tres masters y hablan inglés perfectamente, no encuentran un trabajo “digno” que les permita independizarse. Desde luego, si la cosa fuese cierta, sería para amotinarse, sublevarse, tomar La Bastilla y defenestrar al Comendador. Pues vamos a ver, porque a mí hay algo que no me cuadra.

En primer lugar ¿a qué llamamos independencia? ¿incluye la independencia poseer un coche propio, una casa propia, dinero para veranear un mes en un hotel de Mallorca y salir a cenar todos los fines de semana? ¿incluidos los jueves, ahora llamados “juernes”? Por supuesto sé que quien se queja de no poder independizarse me dirá que en absoluto necesita todas esas cosas para hacerlo. Pero a lo que voy es a que, según pongamos de alto el listón, tendremos más o menos posibilidades de alcanzarlo y superarlo. Y en mi opinión ese listón está cada vez más alto para los jóvenes. Lo malo es que muchas veces no es porque nadie se lo haya puesto ahí arriba. Nadie aparte de ellos mismos, claro.

Por otra parte ¿qué es un trabajo “digno”? ¿hay alguno que no lo sea? En mi opinión hasta las putas tienen un trabajo digno, siempre que el negocio sea libremente contratado entre dos adultos responsables. Lo único que les hace perder la dignidad es que no cotizan IRPF ni Seguridad Social, aunque tengan todas las prestaciones. Es decir, que se las pagamos los demás con nuestro trabajo. Como a tantos otros, por otra parte. No, sospecho que la mayoría de los que se quejan de que un trabajo no es digno, se refieren a la “dignidad” en euros. Pero eso, me temo, es una cuestión de mercado: si todos queremos ser abogados, habrá centenares de abogados y los abogados cobrarán muy poquito. Sin embargo, si nadie quiere ser enterrador, habrá muy pocos enterradores y los enterradores cobrarán mucho. Fácil de entender ¿no?

Respecto a lo del inglés, me echo a temblar ¿Cómo es posible que nadie diga que sabe hablar inglés perfectamente si no sabe hablar español, que es su lengua materna? ¿Todos? No todos, supongo, pero lo que sí es cierto es que los que se supone que deberían saber hablar, porque se ganan la vida escribiendo, no saben. Y es que llevamos unos días trágicos. Y no tan trágicos por los sucesos que están teniendo lugar, como por la forma de contarlos ¿Es que los directores de los periódicos no se leen las noticias que publican sus empleados? ¿Nadie pregunta a un periodista cuando le contrata si sabe escribir? ¿Nadie en su facultad le ha enseñado que existen los adjetivos? ¿ni que los adjetivos que designan el lugar de origen del sujeto se llaman gentilicios? ¿ni que el gentilicio del originario de Ucrania es ucraniano y no ucranio? ¿y el de Malasia malayo y no malasio? Eso aunque solo fuera por haber leído de jóvenes a Salgari -sí hombre, el de Sandokán-, pero me temo lo peor… Y menos mal que se ha pasado de moda lo de Bosnia-Herzegovina porque a los pobres bosnios les llamaban bosniacos.

En cuanto a lo de las “tres carreras”, esas que han terminado con veintiún años, supongo que serán de un año y medio cada una, naturalmente. Si no, no me salen las cuentas. Claro, que si en periodismo no estudian Lengua Española, entiendo que las ingenierías se buscarán en Google ¿Por qué no? Y de los masters ya ni hablamos, por supuesto. Antes también existían, pero se llamaban prácticas o pasantías y aunque poco, los pagaban en lugar de cobrarlos. Claro que si hay un tonto dispuesto a pagar, siempre hay un listo dispuesto a cobrar. Pero eso es la vida misma.


Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

lunes, 3 de marzo de 2014

Hasta siempre, hermano

Desde luego no hay nada como decir “de este agua no beberé”. En alguno de los primeros artículos de Tiroleses, dije que no quería convertir esto en una crónica social, de eventos ni mucho menos de necrológicas. Creo que esta es ya la quinta reseña que hago por la muerte de “uno de los nuestros”. Y es que Adolfo era uno de los nuestros. Como él mismo me dijo este verano, “Gonzalo, olvídate, tus verdaderos amigos son los de La Granja. Puedes tener otros o haberlos encontrado después, pero los que te van a responder en momentos difíciles son los de aquí, los de cuando eras niño”. Nada que añadir, excepto que eso ya lo sabía yo.

Adolfo vivió como él quiso vivir, sin ataduras y sin molestar a nadie, pero sin callarse delante de nadie. Y cuando digo sin ataduras me refiero a la principal atadura a la que todos nos sometemos con placer, que no es otra que el dinero. Puedo dar fe de que en muchas ocasiones renunció al dinero sin el más mínimo aspaviento, sin considerar que estuviese haciendo nada extraordinario. Como la vez que sacó todos sus ahorros del banco para pagar la nómina de la gente que trabaja en el campo, porque una subvención se había retrasado y no había liquidez. Lo malo es que ese dinero lo tenía ahorrado para hacer un viaje que llevaba más de un año planeando. Jamás pidió que se lo devolvieran.

Y murió como a muchos nos gustaría morir, rodeado de su madre, de todos sus amigos, de todos sus hermanos, tíos y sobrinos; consciente hasta el último día, y sabiendo lo que iba a pasar casi desde el primer día. Y sin perder el sentido del humor, por supuesto. Con ocasión de su último ingreso tuvieron que hacerle varias pruebas, para lo que fue necesario trasladarle por dentro del hospital en su cama. Ante la mirada curiosa de la gente que se encontraba por los pasillos, se retiró la máscara del oxígeno  y dirigiéndose a una señora le dijo “me llevan al crematorio”. O también durante ese mismo ingreso, estando semiinconsciente abrió los ojos y dijo a varios de sus amigos allí presentes “no vais a heredar nada, cabrones”. Antes de eso, estando todavía en casa y en una de sus tremendas crisis respiratorias, recibió a una visita diciéndole “¿vienes a velarme?”

Estoy seguro de que cada uno de los que le conocisteis, tendréis una o cien anécdotas como estas. Conservadlas, pues es en ellas donde ahora está Adolfo. Donde siempre va a estar hasta que nadie las recuerde. Hasta que nadie nos recuerde.



Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

viernes, 21 de febrero de 2014

Homenaje

Un rendido homenaje de admiración y respeto

  A Walt Disney por los miles y miles de horas que ha tenido callados a los niños

A Eustaquio, por descubrir que no solo los elefantes tienen trompa, también los hombres

A Falopio, por hacer lo propio con las mujeres

A Noé, porque si no se le hubiese ocurrido lo del arca no podríamos comer jamón

A quien inventó el despertador digital. Antes también había, pero no eran estrictamente despertadores. Su función era no dejarte dormir en toda la noche con un odioso tic-tac que se metía en tu cabeza. El timbrazo que pegaba a la hora convenida solo era para avisarte de que ya te podías levantar

A Chanquete, porque si no hubiera muerto seguiríamos teniendo Verano Azul

  A Miguel Bosé, porque sacó un disco en los años ochenta y sigue diciendo que es cantante

   A Isaac Newton, porque si no hubiese descubierto la Ley de la Gravedad, seguiríamos sin saber por qué se caen las manzanas

A Arquímedes, porque si no fuera por él, nunca  hubiéramos tenido un principio

   A Diego Armando Maradona, por demostrar que no hace falta ser inteligente para hacerse rico

Al locutor de los reportajes de La 2, por las siestas impagables

A Artur Mas, por su empeño en liberarnos de los nacionalistas

A Teresa Rabal, por su tesón y constancia

   A Félix Rodríguez de La Fuente, porque si no fuera por él, nadie sabría de la existencia del lirón careto

A los idiotas que se creen que los cuatro intermitentes del coche son "cruzy" y cuando los pones puedes aparcar donde quieras

A los que se bajan del coche y dicen "aquí no molesta"

A Víctor Belén y Ana Manuel, por inventar el 2 X 1 en conciertos

A Serrat y Sabina, por desarrollar la idea

A las líneas aéreas, por cobrar en el billete el periódico, el café, la comida y el zumo y  volver a cobrarlos a bordo

A los hipermercados, por hacer lo propio con las bolsas de plástico

A los idiotas que pagamos dos veces las bolsas de plástico de los hipermercados, el café, la comida y los zumos en los aviones; y nos callamos

A los que llegan a comer a un restaurante y sueltan a los niños para que los aguanten los de la mesa de al lado porque cuando ellos sean mayores, sus hijos no les llevarán a un restaurante

A los que creen que su perro es más inteligente que muchas personas, por saber ponerse a la altura de su perro

A los inventores de los reality shows por enseñarnos que el concepto de ridículo es relativo, cada uno tiene el suyo

A los que se disfrazan en Carnaval, por no hacerlo el resto del año

A los que pagan seiscientos o setecientos euros por un teléfono móvil que el año que viene estará obsoleto

A los que se preocupan por el "cambio climático" porque viven aterrorizados pero sin saber explicar qué es lo que cambia, cuándo cambia ni cuánto cambia. 

A los que se preocupaban por el "calentamiento global" porque les pasaba lo mismo y al final se les enfrió el calentamiento

A los que ven sucesivamente en un reportaje el deshielo de un glaciar, un huracán y un desierto, y se creen que se está acabando el mundo




(Seguirá)

lunes, 27 de enero de 2014

Tiempos y costumbres: Hablar con las manos

Cuanto más avanzamos en las comunicaciones; cuanto menos nos cuesta hablar, oír y entender a cualquier persona que se encuentra en cualquier lugar del mundo; y cuanto mayor es la formación que recibimos, tanto técnica como en idiomas; paradójicamente, peor nos expresamos y más difícil nos resulta hacernos entender ¿Y por qué es esto? Pues en mi opinión, porque se ha multiplicado casi hasta el infinito el número de receptores; y para eso se han simplificado tanto los mensajes que se han reducido a una simple imagen. Cualquier mínimo esfuerzo que requiera recibir un mensaje, descarta este automáticamente en favor de otro más “sencillo”. Y así nos va.

Resulta que ahora la lectura como fuente de información para cualquier individuo, es una opción cada vez más en desuso. Cuánto menos la escritura como forma de expresión. Y si vamos a analizarlo, parece lógico. Por ejemplo ¿a cuanta gente sería capaz de llegar una modelo, actriz y/o cantante -que ahora se puede ser todas esas cosas a la vez- si tomara su teclado para expresar algo? Desde luego a muchísima menos que si se hace una foto juntando las manos para hacer la forma de un corazoncito. Ridículo hasta la saciedad, pero infinitamente más efectivo para expresar lo que quiere expresar y a quien quiere expresárselo. Y para lo que ponen en las redes sociales cuando usan su teclado, vale más que se estén quietecitas…

Luego están los futbolistas, esa raza de hombres sabios. Con honrosas excepciones, claro está. Los mismos que han conseguido convertir un deporte de equipo en un espectáculo de doce estrellitas individuales. Y digo bien, doce porque incluyo a los entrenadores. Todo ello a base de que cada uno potencie su imagen por encima de todo y de todos ¿Hay algo más insoportable que las caritas y las posturitas de Cristiano Ronaldo celebrando un gol? ¿Nadie le ha explicado al fulano que los goles los mete el equipo y no él solo? Pues sí lo hay: cuando alguno de estos héroes del siglo XXI quieren dedicar un gol a su hijo, y se recorren el campo chupándose el dedo gordo. Esto aparte de una guarrada sin paliativos, es de una pobreza expresiva lamentable. Pero en fin, a lo mejor es que si no lo hacen así el niño no lo entiende. O la madre, vaya usted a saber.

Y por último, pero no en último lugar, está todo el resto de fauna farandulero-musical-periodística. Desde que en la música irrumpió la obligación de poner en todas las canciones al menos un trozo de rap, esa mala imitación de Lola Flores* que hacen en los ghettos de EEUU, se ha impuesto paralelamente la obligación de hablar con las manos. Pero no de cualquier manera, que la muñeca ha de doblarse para dentro, forzando la postura de la mano para que parezca que se padece una minusvalía de grado ocho. Y con la mano de esa guisa, moverla mucho haciendo círculos. Supongo que para que el interlocutor no repare en que no estás diciendo nada en absoluto. Sinceramente, prefiero estar pasado de moda. No sé, me resulta más cómodo…


Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro



(*) Para rap, el de la Lola cantando "Ay Alvariño, ponme la mano aquí que la diño..." en 

http://www.youtube.com/watch?v=pMENGUHCJ-Q 

O este otro cantando "Burundanga" con Celia Cruz. Casi nadie en el escenario...