miércoles, 21 de febrero de 2018

La Paleta

Estoy encantado de ser de Madrid. Mis padres, de Madrid, mis hijos de Madrid y aunque ella nació en Puerto Rico, la familia paterna de mi mujer es de Madrid de varias generaciones. Y uno de los motivos por los que estoy encantado de ser de Madrid, es porque todo esto no le importa a nadie. Si yo hiciera este mismo discurso siendo de Barcelona o de Bilbao, me estaría dando importancia, estaría presumiendo y quedando por encima de charnegos o boronos, que así es como muchos llaman a los que no tienen la suerte de ser como ellos, de haber nacido donde ellos han nacido. Y muchos de esos charnegos y boronos agachan las orejas, se avergüenzan de su origen y se hacen independentistas para hacerse perdonar su indigno origen. En Madrid, no. Aquí nadie te pregunta de dónde eres, de dónde vienes ni a dónde vas. Aquí cada cuál es de su padre y de su madre y tiene el mismo derecho que los demás a buscarse la vida. Punto. Como en tantos otros lugares de España.

Y no es que aquí no haya venido gente de fuera con los mismos complejos que a las otras grandes ciudades, que también los hay, cómo no. Aquí se llaman paletos, garrulos, palurdos… y un montón de sinónimos más. La diferencia fundamental es que en Madrid (como en tantos otros lugares de España), para utilizar ese calificativo con alguien, no se hace por su origen sino por su ignorancia y sus complejos. Tendría narices calificar de paleto a Juan Ramón Jiménez, a José María Pemán o a Severo Ochoa. Si tú no te minusvaloras, nadie te desprecia porque a nadie le interesa de dónde vienes. Tan sencillo como eso. Recuerdo que cuando era niño, en el colegio pasaba mucha envidia porque casi todos mis compañeros tenían “pueblo” y para cada uno de ellos su pueblo era lo mejor y más divertido del mundo. Yo les daba mucha pena porque no tenía pueblo. Al final, todos éramos de Madrid porque todos vivíamos en Madrid y casi todos habíamos nacido en Madrid. Lo normal, nada extraño. Sin embargo, siempre había un paleto que estaba asqueado de vivir en Madrid, odiaba Madrid y todo le parecía una mierda al lado de su pueblo… pero no se iba a vivir a su pueblo.

Cuando le gente normal que vivía en Madrid normalmente, volvía a su pueblo, se alegraba de hacerlo y si podía ayudar a otros a trasladarse a Madrid, lo hacía encantada. Y normalmente, cuando aquél paleto lleno de complejos volvía a su pueblo, con su mamá paleta, que en Madrid se pasaba el día encerrada en casa porque le daba vergüenza que se supiera que venía de un pueblo, esperando que su hijo volviera del colegio para decirle lo mal que se vivía en Madrid. Cuando volvían al pueblo digo, la reacción solía ser la inversa: La mamá paleta despreciaba a sus amigas de la niñez porque no vivían en Madrid; se vestía con su ropa más llamativa para que se viese de dónde venía; se avergonzaba de hacer la matanza que toda la vida se había hecho en su casa; hablaba remarcando mucho las sílabas; y presumía de saber muchas más cosas de las que en realidad sabía. Lo que quería que se viese es lo bien que les iba y cómo habían triunfado. Lo malo es que, no teniendo argumentos para demostrar eso, lo único que podía hacer era despreciar a los suyos. Y para eso, les daba lecciones de lo que se hacía en la capital, de lo que se decía y de cómo había que decirlo. Al final, era una pobre desarraigada, un pobre diablo que no estaba a gusto en ninguna parte y que a todas partes llevaba su amargura y sus complejos. Ni cabeza de ratón ni cola de león.

“La actriz Penélope Cruz ha mostrado su desacuerdo con el machismo que, a su juicio, transmiten los cuentos infantiles y ha contado en una entrevista a la revista Porter Edit que cuando lee estos relatos a sus hijos, cambia los finales. En una extensa entrevista, la ganadora de un Oscar enfatiza en la importancia que tienen los cuentos de hadas para los niños ya que "son las primeras historias que los hijos escuchan de boca de sus padres"."Cuando leo cuentos de hadas a mis hijos por la noche, siempre estoy cambiando los finales, siempre, siempre, siempre, siempre. Que le jodan a Cenicienta, a la Bella Durmiente y a todas las demás. Hay mucho machismo en esas historias y eso puede tener un efecto en la forma en que los niños ven el mundo. Si no tienes cuidado, empiezan a pensar: 'Ah, entonces los hombres deciden todo'", explica. La actriz es madre de Leo, de 7 años, y de Luna, de 5.

Por ello, según asegura, sus heroínas rechazan propuestas de matrimonio o hacen las propuestas ellas mismas. "En mi versión de Cenicienta, cuando el príncipe dice: '¿Quieres casarte?', ella responde: 'No, gracias', porque no quiero ser una princesa. Quiero ser astronauta o chef ", ejemplifica.” 

EL PAÍS, 21 de Febrero de 2018.


Está claro: todas las princesas están casadas; y todas las astronautas y las cocineras, solteras. Y todas las paletas ignorantes, amargadas. 

Gonzalo rodríguez-Jurado Saro

sábado, 10 de febrero de 2018

Qué brecha

Dicen los conspiranoicos que existe una especie de élite mundial. Un gobierno de poderosos en la sombra que decide lo que va a suceder en el mundo a corto y medio plazo, y que manipula gobiernos, grandes compañías multinacionales, medios de comunicación y mercados financieros. Que manejan incluso la opinión mundial. Unos lo llaman Club de Bildelberg, otros iluminatti, otros Trilateral, Foro de Davos, Club de Roma y hasta hay quien lo llama masonería. Tonterías. Yo creo que el hecho de que a todos los medios de comunicación, a todos los gobiernos, a todos los “artistas” del cine, a todas las modelos, a todos los partidos políticos y a todo el que tenga algo que ver con el Poder, les dé por una misma cantinela simultánea en todo el mundo, es pura coincidencia. Cosas de la globalización. Me Too, por ejemplo.

Pues ahora a todo el mundo le ha dado, no por exaltar de manera irracional a la mujer, sino por rebajar, degradar y despreciar al hombre, llegando incluso a representarlo como un cerdo. Y no es broma, que ayer mismo, en la Semana de la Moda de Nueva York, hubo un desfile de moda en el que las modelos, mujeres maltratadas, iban acompañadas de un hombre con careta de cerdo. No por ser su maltratador, sino por ser hombre, supongo. O el ya mencionado en otro artículo, anuncio de la Junta de Andalucía, donde igualmente el hombre aparece como un cerdo. Cosas de la globalización, insisto. Me Too.

Pues ahora, si sabes lo que te vale, si quieres ser alguien y participar en tertulias, conferencias y debates, aunque sea de oyente, tienes que saber lo que es La Brecha. Así, sin más. Y no se te ocurra preguntar qué es la brecha porque serás señalado, reprendido y te afearán la conducta. Por si no lo sabe usted o por si usted no es un ciudadano debidamente global, le explico que La Brecha es la ignominiosa, humillante e inadmisible diferencia salarial entre los hombres y las mujeres. Así, sin más. En España y en el resto del mundo, podemos afirmar sin miedo a equivocarnos, que a la mujer se le paga menos sueldo que al hombre por un mismo trabajo. Y a pesar de eso, los empleadores, que son tontos, siguen contratando hombres. Inexplicable pero cierto. Tan inexplicable como que yo, que como digo siempre, soy togagüevos, me he ido a consultar las cifras. Y como en un debate sobre un artículo anterior ya salió este tema, me perdonará usted que me auto cite:

“Jamás me han ofrecido un 20% más de sueldo que a ninguna mujer. Es más, si eso fuese cierto, los hombres no encontraríamos ningún trabajo. El 15,7% del empleo en España es empleo público ¿conoce usted un solo caso de empleada pública que cobre un 20% menos que un compañero del mismo nivel? Yo tampoco. El 17,89% de los empleados en España son autónomos ¿Conoce usted a alguien que pague menos a un autónomo si es mujer que si es hombre? Yo tampoco, el autónomo cobra a trabajo hecho y según el presupuesto que haya pasado. Del resto del empleo, un 39,6% son micoroempresas, de 1 a 9 trabajadores, donde no creo que el criterio de selección sea el sexo, como mucho el parentesco; un 5% medianas, de 10 a 49 trabajadores, donde me parece complicado que se pueda mantener una diferencia salarial de un 20% entre gente que hace un mismo trabajo a diario, codo con codo; un 0,8% de medianas y un 0,2% de grandes. Por muchas cuentas que echo, la diferencia salarial entre hombres y mujeres tendría que ser tan bestial en las medianas y grandes empresas, que no sería creíble que una sola mujer trabajara allí. A ver si va a ser que los empleos mejor pagados son los menos demandados por las mujeres: por ejemplo, en ingenierías la proporción hombres-mujeres es 80/20%; en seguridad, ejército, policía, etc. por ahí anda; en la pesca, ni hablamos; la mina, no se cuenta... Si preguntamos entre los profesionales mejor pagados, también hay diferencias notables: controlador aéreo: 1/3 de mujeres; piloto, 3% de mujeres; directores de grandes empresas 79/21%; notario en cambio, ya deben andar al 50-50; y en la última promoción de registradores de la propiedad, el 80% eran mujeres; cirujanos, 70-30 a favor de los hombres... ahí tiene usted su 20%

Recientemente decía Ana Botín, por cierto, mujer y Presidenta del banco más grande de España y uno de los más grandes del mundo, que cuando busca una mujer entre los candidatos para destinar a alguien a un país lejano, no suele encontrarla. La muy machista.

¿Pues sabe usted lo que le digo? Que a pesar de todos esos datos manipulados y hetero patriarcales, le brecha existe. Y se lo voy a demostrar: ante un mismo empleo, cobran mucho menos sueldo una policía en Madrid que un mozo de escuadra en Casteldefells; una médico en la sanidad pública de Extremadura, que un médico en la sanidad pública vasca; una profesora de Castilla y León, que un profesor en Baleares…


Efectivamente, al menos en España, la verdadera brecha salarial no es la que diferencia el sueldo de los hombres y las mujeres, sino la que ante idéntico trabajo paga sueldos con diferencias de hasta un 20% entre comunidades autónomas. Eso por no hablar de las irritantes diferencias de sueldo ante un mismo trabajo, si desarrollas ese trabajo desde antes de la crisis o si te lo han ofrecido después. Ahí las diferencias llegan hasta el 50 y el 60%. Pero esa no es La Brecha que nos interesa, qué le vamos a hacer.

domingo, 28 de enero de 2018

Neither me

Pues ante el muchas veces cínico y manipulador “Me Too” (yo también) de las actrices de Hollywood, propongo el “Neither Me” (yo tampoco). Por supuesto que condeno, como por otra parte he hecho toda mi vida, cualquier tipo de acoso sexual. Quien haya tenido la paciencia de leerme estos últimos años, no podrá tener ninguna duda. Pero no por eso dejo además de condenar que sobre tan delicado asunto, se monte una campaña a la que se suman complacientes, individuas e individuos a los que jamás nadie ha acosado o que simplemente se han servido de sus encantos para llegar donde están. Pero siendo esto inmoral, lo que peor me parece es aprovechar modas y consignas orquestadas, para humillar o injuriar a otras personas. Personas que en muchos casos te han ayudado en tu carrera. Porque decir que a mí me han acosado, querida señora, supone decir que hay un indeseable suelto por el mundo que puede hacer lo mismo con otras mujeres, y al que por tanto hay que señalar con su nombre y apellidos. No basta, señora mía, con dejar entrever que todos los hombres son unos acosadores. Ni aun cuando eso suponga un notable beneficio para su carrera, porque el productor de turno está viendo cómo sigue usted sus consignas… y de paso hunde al productor que le hacía la competencia a él. Usted no se puede servir de la desgracia y la humillación de las mujeres que sí han sufrido acoso, para canalizar su carrera. Eso está muy feo.

Pero si esto es grave, más grave todavía es la miseria moral de los que aquí en España, asumen las campañas procedentes del otro lado del Atlántico y, con una absoluta falta de base cultural, las intentan imponer a machamartillo. Mire usted, señor lacayo de la muy racista y machista industria del cine en Hollywood: mientras en su admirado inframundo del cine americano, así como en el conjunto de la cultura WASP de Norteamérica (white anglo-saxon protestant – blanco anglosajón y protestante), se ve como algo asqueroso el contacto físico, y si te presentan a alguien apenas te da la mano si puede evitarlo, aquí nos tocamos, nos abrazamos y nos besamos con bastante naturalidad y sin que ninguna mente enferma piense nada raro; mientras en EEUU, las fiestas locales consisten en el desfile, separados a más de dos metros de bomberos, policías, majorettes, equipos de beisbol y asociaciones de la comunidad, aquí nos apiñamos en una plaza en la que no cabe un alfiler, saltando, gritando y regándonos con buen vino. Pruebe usted a hacer eso en los EEUU. Mientras aquí nos miramos a los ojos cuando hablamos, de manera interrogante, altanera o incluso desafiante, allí el contacto visual puede ser hasta ofensivo. Sin embargo, ahora hay que celebrar los sanfermines con oficinas de denuncia de acoso. Acoso que por supuesto tiene que ser interpretado por la acosada. Es decir, quiero meterme a ver el chupinazo de Pamplona, delante la casa consistorial, donde no cabe un pelo, pero si me toca alguien, ya interpretaré yo con qué intención lo ha hecho. Pues mire usted, la otra opción es que vea usted el chupinazo sentada tranquilamente en el sofá de su casa.


Por supuesto, no estoy defendiendo actos puntuales y asquerosos, como el conocido caso de la más que probable violación en grupo de una chica en San Fermín. Tampoco niego que haya patosos que aprovechan cualquier aglomeración para dar cauce a sus reprimidos deseos, líbreme San Fermín. Pero desde luego no condeno a nadie de antemano, esa es tarea del juez y no me da ninguna envidia, que para meter a alguien en la cárcel hay que estar muy seguro de que lo merece. Y no, como se puede deducir después de leer este artículo, no pienso apoyar la campaña de  satanización de los hombres, diseñada y ejecutada, no para proteger a las mujeres, sino para hundir la carrera de quien se ponga por delante de quien no debe ponerse. Yo no me presto a manipulaciones. Yo tampoco, neither me.

sábado, 20 de enero de 2018

UN BUEN PIROPO

Pues éramos pocos y parió la abuela. Ahora resulta que no vale solo con inventarse cargos e instituciones, eso sí, debidamente remunerados, para expandir el Pensamiento Único Obligatorio. Resulta que es que además opinan y te dan directrices de lo que debes y no debes pensar o decir. Y por supuesto, una de las banderas del Pensamiento Único Obligatorio es la superioridad moral -y no solo moral, que también legal- de las mujeres. Pues parece ser que dos instituciones tan necesarias y tan útiles para la sociedad que las paga, como son el Instituto Andaluz de la Mujer y el Instituto Andaluz de la Juventud, han sacado una campaña, no para prohibir o erradicar los piropos, no. Directamente para equiparar a los hombres -sí, a todos los hombres y ahora explicaré por qué- con cerdos, buitres, gallos, pulpos y otros animales igual de adorables. Y digo a todos los hombres, porque el hecho de que solo se caracterice a hombres como ese tipo de animales, implica que tales comportamientos son exclusivos de los hombres. No de todos, ahora sí, pero solamente son hombres los que pueden adoptar tales comportamientos. ¿Y las chicas que dicen piropos a los chicos? ¿Ellas no son cerdas, ni cornejas? ¿Quizá son zorras para vuestra estricta moral talibán? Pero es que hay más ¿Si un hombre dice un piropo a otro hombre es un gallo, un pulpo o una mariposa? ¿Cómo debemos calificar ese libertino ataque, señores ayatolahs, guardianes de las esencias?

Vamos a ver: un piropo, lo que se llama un piropo, es decir una exclamación laudatoria que se realiza al paso de una persona (o persono) desconocida (o desconocido), puede ser: sutil, halagador, sorprendente, impactante, imprevisto, improvisado, inoportuno, desagradable, insultante, impresentable u ofensivo. Ponga cada cual todos los adjetivos que quiera poner entre cada uno de estos, hasta llegar a una escala de cientos de adjetivos. Y luego elija cada quién el punto en el que un piropo deja de ser un halago, agradable o solamente tolerable, para pasar a ser algo intolerable. En lo que sí que espero que estemos de acuerdo es en que ninguno de estos comportamientos es criminal. Sencillamente responde cada uno de ellos al nivel de educación y buen gusto de quien los pronuncia. Lo malo es que la educación y el buen gusto no son iguales para todos, qué le vamos a hacer. Pero claro, pretendemos erradicar sin contemplaciones de nuestros planes de educación la cortesía y la urbanidad, por considerarlos obsoletos, rancios y franquistas, y luego pretendemos imponerlos por ley. Por ejemplo: ¿Qué puede tener de reprobable que yo le diga a mi mujer que le siente estupendamente su peinado? Nada, supongo. Pero ¿y si se lo digo a una buena amiga? ¿y a una conocida? ¿Y a una compañera de trabajo? La pregunta no es dónde está el límite sino quién pone el límite. En otros tiempos menos mojigatos y menos intolerantes, diríamos que los límites los ponen la buena educación y el saber estar, lógicamente. Pero es que ahora resulta que los mismos que se han cargado la buena educación y el buen gusto, tanto en los planes de educación, como en los espectáculos o en los medios de comunicación, son los que vienen a imponer lo que se puede decir, cómo se puede decir y lo que se debe pensar. Vayan, por lo que a mí respecta, a escardar cebollinos en mal hora, que no he de echarles de menos.


Pero sobre todo, hay algo que me preocupa mucho: esta chusma se cree con derecho a decirnos lo que podemos hacer, lo que podemos expresar y cómo debemos expresarlo. Pero siendo grave esto, lo más grave de todo es que nos callamos y miramos al suelo con mirada ovejuna y rebañega. Y si nos preguntan, damos la razón a quienes vienen a reñirnos, a afearnos la conducta y que reneguemos de nuestra educación y de la de nuestros padres. Pues por mi parte, me declaro en rebeldía, levanto la bandera de la insurrección, y abro el banderín de enganche de los que quieran alistarse a la lucha contra la imposición. Es más, si en el transcurso de mi batalla contra los molinos de viento, tengo que afrontar en lucha singular a la cabeza del ejército de los gigantes, a la muy temible y abominable Susana Díaz, ponderaré su belleza y después le exigiré que rinda todo su ejército… Y es que, créanme, no hay nada como un buen piropo.

martes, 9 de enero de 2018

Cabos sueltos

Vaya por delante que mi opinión sobre la Guardia Civil, sobre nuestra querida Guardia Civil, es de admiración, de respeto y, sobre todo, de agradecimiento. De agradecimiento por los centenares y miles de muertos que no han dudado en poner su cara, su cuerpo, su seguridad y la de su familia delante del peligro para protegernos. Tanto en el mar como en la montaña, en la carretera o delante de los pasamontañas cobardes que tapan la cara de sanguinarios asesinos. Nada que reprochar, repito. Todo agradecimiento. Que alguna vez podamos pensar que han ido a “cazarnos” porque hemos entrado a 150 Km/h en un pueblo en el que había que ir a 70; porque se nos haya “olvidado” el seguro de la escopeta; o porque nos estuvieran esperando en un cambio de rasante, no quiere decir que no sepamos poner los pros y los contras en una balanza.

En la reciente resolución del macabro asesinato -y todavía no sabemos si algo más- de Diana Quer, hay mucha gente que se tiene que tentar la ropa. En primer lugar, los periodistas (no todos, claro) que se han dedicado a dar carnaza a los perros, aireando las relaciones personales de la familia, la separación de sus padres y hasta el tamaño del pantalón de la pobre chica. En segundo, la jauría insaciable de consumidores de morbo, realities y telebasura en general, que ha devorado agradecida la carroña que le echaban. Y en tercero, la Guardia Civil. Sí, señor, la Guardia Civil. Pero no el sacrificado guardia que ha batido metro a metro los sembrados, las radas, las charcas, los pozos y los caminos. Ni el paciente científico, que ha robado horas al sueño en su laboratorio hasta dar con la pista correcta.  Ni los técnicos, que han luchado contra reloj para desentrañar los secretos de su teléfono. Ninguno de ellos, pero sí alguien en la Guardia Civil, ha dejado algunos cabos sueltos.

Solo dos preguntas: si el día 26 de noviembre, ya no había ninguna duda de que un frío y desalmado violador apodado El Chicle había hecho desaparecer su cuerpo ¿Cómo es posible que un par de voluntarios tuvieran que salvar de la violación y posible asesinato por parte de El Chicle a una chica, el día 25 de diciembre? No entro ni salgo en si ya podía o no podía estar detenido ¿pero no debería estar vigilado o al menos controlado? Lo digo porque igual que pudo intentar violar, pudo intentar escapar. De que el pájaro es un confidente de la Guardia Civil, no tengo la más mínima duda. De lo que tengo dudas, es de cuál es el trato que se debe dar a este tipo de sujetos. Si se les debe dejar delinquir tranquilamente o se les debe poner algún límite. Y esto me lleva a la segunda pregunta ¿Cómo es posible que haya “decenas” de casos de violaciones y agresiones de todo tipo a chicas en una sola comarca y hayan quedado sin investigar? ¿A nadie le alarma esta situación? ¿O es que los gallegos tienen la fea costumbre de violar y pegar a las niñas que se encuentran por los caminos?

Ni acuso ni tengo la más mínima intención de sembrar dudas, pero cuando vi el despliegue de medallas, tricornios y estrellas de jefes y oficiales, me pareció que algo no estaba en su sitio. No es costumbre de la Benemérita, al menos de la que yo conozco, respeto y admiro, salir a recoger ovaciones como los artistas. Algún cabo suelto hay.


Por cierto, y esto ya es del negociado del juez ¿vamos a volver a ver, como en el caso de la pobre Anabel Segura, cómo se libra de la cárcel una encubridora -coautora, en aquél caso- alegando que es que “tenía mucho miedo” de su marido? ¿o vamos a volver a ver cómo los confidentes tienen licencia para matar?

domingo, 17 de diciembre de 2017

Muy Señor mío:


Adjunto remito mi Currículum Vitae por si pudiera resultar de interés para los fines de la plaza que convocan en su anuncio.

Como puede comprobar en él, tengo una larga experiencia en puesto similar, lo que sin duda hará que usted haya descartado ya mi candidatura. Como usted y yo sabemos, usted ni siquiera leerá esta carta de presentación, ya que al ver en mi Currículum Vitae que tengo más de cuarenta años, quedaré automáticamente descartado. Puede usted ser un joven y activo empresario, de esos que ahora se llaman emprendedores, al que le dé una enorme grima contratar a alguien que tenga más edad que usted, porque considera que nadie hasta que llegó usted, ha hecho nada que merezca la pena reseñar. O bien puede usted ser un obediente jefe de personal, de esos que ahora se llaman Human Resources Manager, al que han dicho que nada de contratar a nadie con más de cuarenta. De lo que sí estoy seguro es de una cosa: o usted tiene menos de cuarenta años o es de esos que superó la crisis con ciertos problemas y consiguió quedarse. Consiguió quedarse después de ver caer a muchos compañeros, mucho más preparados que usted, pero más baratos de despedir.

Y es que, como habrá podido comprobar, dada la importancia del cargo que usted ocupa, ahora mismo el mercado laboral en España, se divide en dos: los que superaron la crisis y siguieron cobrando su sueldo y aumentándolo año a año, que ahora cobran por encima de los dos mil euros; y los que perdimos el trabajo con la crisis, que ahora nos tenemos que agarrar a un puesto de novecientos o menos euros al mes, si es que alguien nos contesta, que como puede usted deducir, no es mi caso. De más de mil CV enviados, creo que no llegan a diez los contestados. Entiendo que por algún sitio hay que comenzar a descartar, ya que tiene usted más de trescientos currículos encima de su mesa, pero no consigo entender por qué la experiencia, el no tener hijos pequeños y el tener cada vez menos cargas familiares, son una rémora. Perdón, un hándicap, lo llama usted. Me acuerdo que cuando hacía entrevistas de joven, era precisamente eso lo que buscaban ¿no? De ser mujer y tener posibilidad de quedar embarazada, ni hablamos. Pues ahora, tampoco es ninguna ventaja eso ¿En qué quedamos?

Solo quiero desearle que nunca se encuentre usted en mi lugar. Que nunca tenga usted que cambiar su modo de vida y pase por la puerta de los restaurantes a los que antes iba, mirando para otro lado. Que no tenga que inventarse ninguna excusa cuando le llamen para una cena de amigos o una comida de antiguos compañeros. Que su mujer le apoye como la mía, y sus hijos sean tan santos como los míos. Que su familia y sus amigos no intenten evitar el tema del trabajo y del dinero en su presencia, porque piensen que va a salir usted contando desgracias. O bien que algún despistado no le proponga hacer viajes, que usted sabe que hace muchos años no puede hacer.

Yo sé que este no es asunto suyo. También sé que existe un subsidio para aquéllos que hemos agotado la prestación por desempleo. Seiscientos euros, por cierto. No los desprecio, claro. Pero eso es casi lo que me quitaban a mí todos los meses cuando trabajaba. Y es que mire, si hacemos cuentas: si yo hubiese metido en una cuenta todo lo que me han quitado mensualmente a lo largo de mi carrera, hoy viviría tranquilo. No desahogado, pero sí tranquilo.


Perdone que no le dé las gracias, porque como decía más arriba, sé que usted ni se ha mirado ni se mirará jamás esta carta. Felicite de mi parte al que haya seleccionado usted para este puesto, y no sea tan cínico de convencerle de que es un triunfador porque le han seleccionado entre trescientos. Sencillamente, le han seleccionado, primero por su edad; y segundo, porque está dispuesto a trabajar por lo que ustedes le ofrecen. Y no es que el chaval sea tonto, que va, es que no hay otra cosa.