lunes, 7 de abril de 2025
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sábado, 22 de marzo de 2025
¿MANDARÍAS A TUS HIJOS A MORIR POR VON DER LEYEN?
domingo, 5 de enero de 2025
¡TARDE, AMIGUITOS!
Para hablar de Walt Disney hay que tener en cuenta varias cosas: Walter Elias Disney nació en 1901 en Hermosa, Illinois. Estudió en el Kansas City Art Institute donde conoce al dibujante Ub Iwerks y junto con su hermano Roy crean Disney Productions. Enseguida se lanzan por un camino que a todo el mundo le parecía un suicidio, cual fue la producción de dibujos animados. Lo llamaron la “locura Disney”, nadie daba un dólar por ellos. Investigaron la animación en seres humanos y como consecuencia lanzaron el primer largometraje de animación en inglés: Snow White and the Seven Dwarfs, Blancanieves y los Siete Enanitos. Fueron los primeros en utilizar el Technicolor y los efectos especiales, y los primeros en dotar de personalidad propia a cada uno de los personajes. Crearon la cámara multiplano con la que podían dar sensación de profundidad a la imagen a base de capas espaciadas unas de otras, a distinta velocidad. Todo ello convirtió a Blancanieves en una de las películas más taquilleras de la historia del cine y en merecedora de ocho premios Oscar. Pero además fueron los primeros en crear una película en la que interactúan actores reales con dibujos animados, y nada menos que en 1923, con Alice Comedies, desarrollando la técnica años después en Song of the South, Canción del Sur de 1946; los primeros en sincronizar imagen y sonido en Steamboat Willie, de 1928; hicieron como hemos visto el primer Techicolor, pero no en Blancanieves sino en Flowers and Trees de 1932; primer sonido estereofónico, Fantasía, 1940; primeros en transferir directamente dibujos al celuloide sin necesidad de entintar, con máquina Xerox; pioneros en la animación por ordenador con Tron, precedente de Toy Story, Monstruos SA o Cars…
En fin, creo que no estamos hablando de ningún pelagatos. Todo esto los lleva a ser desde entonces, una de las productoras más potentes de Hollywood y en consecuencia del mundo. Sin embargo, muchos años después de muerto don Walter, las productoras de Hollywood y con ellas todo el cine mundial, se van a precipitar por una pendiente política o, como les gusta decir a ellos, políticamente correcta. Aunque ya antes de su muerte habían pasado por el calvario de la caza de brujas, en plena guerra fría, pero ese fue un capítulo distinto.
Todos los que habíamos crecido viendo películas de Disney, sin más intención que la de que nuestros padres nos tuvieran callados y entretenidos durante una hora y media, vimos cómo las películas que se producían para nuestros hijos se convertían en auténticos manifiestos. En manuales de instrucción de comportamientos que incluso debían pasar por encima de la educación recibida en casa, y hasta enmendarnos la plana a los mayores.
A partir de 1980 Walt Disney Productions sufre una serie de cambios, divisiones y subdivisiones que va a dar lugar a la actual Disney Pixar. Esta, ha abrazado sin contemplaciones los movimientos Woke (desperté), inicialmente de rebelión de las minorías raciales contra el racismo; y Queer, que define a las personas con identidad sexual distinta a la heterosexual. Pero resulta que ambos movimientos se han convertido en algo más que simples movimientos sociales. Todo ello, después de haber sido asumidos, tanto por el Partido Demócrata americano como por todo el resto de la izquierda mundial (allá donde no hay regímenes de izquierda, claro). Ante la evaporación del sueño colectivista, la izquierda civilizada y demócrata ha encontrado en los movimientos sociales un leitmotiv, una razón para existir y no disolverse como un azucarillo en el agua, como ha ocurrido en muchos países de Europa. Esto no le ha debido parecer mala idea a las mentes pensantes de Disney Pixar que, como digo, en su día optaron por incorporar todas esas reivindicaciones sociales a sus guiones, dando lugar en muchas ocasiones a auténticas aberraciones. Tanto, tanto que mucha gente ha dejado de ir o de llevar a sus hijos a ver películas de Disney, optando por otras alternativas que ya, a estas alturas del siglo XXI pueden ser tan buenas o mejores. ¡Y eso ya sí que no, amigo! Poderoso caballero es Don Dinero y las productoras estamos para ganar dinero, no para perderlo. Allá los gais, las lesbianas, los negros o los hispanos, que nosotros no estamos para arruinarnos por nadie. Ellos tendrán quien les defienda, y si no lo tienen, asunto suyo. Ya henos perdido demasiado dinero, así que convoca a la prensa y declara formalmente que Disney Pixar renuncia todas esas majaderías.
Lo que no está claro es que esto vaya ya a servir de algo, que hundir una empresa es muy fácil, lo difícil es remontar. Aunque con ese potencial, es fácil que revivan. En todo caso, como diría alguno de sus entrañables personajes, ¡Tarde, amiguitos!
miércoles, 11 de diciembre de 2024
Hablar de fango
Ahora sí que sí, no puedo más. Estamos a día once de noviembre, y el cuatro de diciembre haría diez meses que no escribo ni publico nada. A ello han contribuido circunstancias personales y problemas que requerían mi atención en otros asuntos, pero hasta aquí hemos llegado. La Nueva Inquisición, la Policía del Pensamiento y los Guardianes de la Corrección Política, me han tocado las narices una vez más. No digo nada sorprendente si cuento que Facebook, esa especie de contubernio disfrazado de red social a quien Belcebú confunda, ejerce una censura directa y sin contemplaciones sobre sus usuarios. Tampoco hace falta que nadie me diga que los usuarios de Facebook estamos desfasados, fuera de onda y más acabados que la Falange. Pero es igual: ni pienso adentrarme en ninguna red social nueva, que no me interesan en absoluto; ni me he dado de baja por no perder el “contacto” con otros usuarios, casi todos ellos en torno a mi mi edad, lógicamente. Sesenta y dos, por si alguien se lo pregunta.
El caso es que, en una de esas respuestas al comentario publicado por un buen amigo, introduje el siguiente comentario que fue inmediatamente censurado, encerrado en un círculo rojo y acompañado de dos opciones: “Intentar de nuevo” o “Borrar”. Excuso decir que lo de “intentar de nuevo” era como ofrecer un último deseo a un condenado a la horca: di lo que quieras porque en dos minutos vas a estar con los pies colgando. Y así fue. Sin entrar en introducciones ni en el tema que trataba, aunque ahora verá usted que fácil es deducirlo, transcribo mi comentario, mi pecado, mi blasfemia y el motivo por el que podría y debería ser lapidado fuera de los muros de la ciudad:
“Corto te quedas... Pero una observación ¿te has dado cuenta de que desde que le echaron a patadas de Paiporta, no ha vuelto a hablar de fango? No vaya a ser que tanto mentar a la bicha...”
No quito ni pongo una letra ni una coma, juzgue cada cual. No he injuriado a nadie, no he acusado a nadie de nada, ni he juzgado hechos. Más aún, mis artículos se publican normalmente en Facebook y en Blogger, que no sé si depende del anterior, pero creo que sí. Confío en que este pueda salir y todo haya sido una mala interpretación y no una censura previa. Ya sabe usted: hay palabras que solo con ser detectadas invalidan todo el texto de manera inmediata. Cruzo los dedos y adelante.
domingo, 4 de febrero de 2024
AHÓRRATE ESAS PALABRAS
Es más que frecuente,
machaconamente insistente, diría yo, que aquéllos que tienen que dirigirse a un
auditorio de más de dos personas, caigan en el uso de lo que yo llamo palabras
comodín. Es decir, palabras que consideran que son de muy recomendable uso,
tanto por su significado como por su significante. Y esto reza tanto para los
responsables de redactar los textos publicitarios, bien sea de televisión,
radio o prensa escrita, como para los locutores de los medios hablados y
escritos, los conferenciantes o los profesores. Muchas veces incluso, ignorando
su verdadero significado.
Pues bien, aprovecho este
humilde blog para declarar a la ciudad y al mundo, urbi et orbe, que he
tomado la firme determinación de no consumir productos ni atender a discursos
que contengan este tipo de malhadadas palabras. Y lo explico:
PLANETA: me niego a que me
sigas machacando con la idea de que yo, haga lo que haga, me estoy cargando
todo rastro de vida inteligente y no inteligente en la Tierra. Excepto, claro,
si compro tus muebles de cocina, si me desplazo en el conche que tú vendes, si
viajo con tu agencia, consumo tus chicles o me afeito con tu maquinilla.
SOLIDARIDAD / SOLIDARIO: Paso.
Que tú no sepas que solidaridad quiere decir responsabilidad única e individual
de cada uno de los concernidos, no me convence para ser solidario. Los
habitantes de las favelas, las víctimas de un terremoto o los amputados pueden
darme más o menos pena, más o menos compasión o ganas de ayudar, que no suelen
ser pocas porque todos hemos pasado calamidades. Pero de ahí a considerarme a
mí responsable de su situación, lo siento, pero hay un largo trecho.
MÁGICO: Cuando me dicen que
algo es mágico, lo siento pero no puedo evitar pensar que es una soberana
estupidez. Y es que no falla, cuando alguien no tiene nada que decir acerca de
algo o de alguien, dice que es mágico. Ejemplos hay muchos: las princesas
Disney, la noche de Fin de Año o un crucero por la Costa Blanca. Pero el que se
lleva la palma, el ejemplo estúpido por excelencia es la noche “mágica” de los
oscar. Es decir, cuando se junta la gente del cine para dar premios a la gente
del cine, que a su vez se emocionan enormemente por haber recibido un premio
que se dan ellos mismos, se suben al escenario y compiten por ver quién hace el
discurso más ridículo. Más mágico, diría yo.
MEDIO AMBIENTE: Hasta donde yo
sabía, medio ambiente es el espacio físico en el que se desarrolla cualquier
actividad, pero parece que no, El medio ambiente solo merece tal nombre si es
algo flower power, bonito, agradable a la vista, sano… el interior de
una mina o de una fábrica, no son medio ambiente. Son solo nada ambiente.
CLIMA, la palabra mágica:
estamos todos preocupadísimos porque “el clima está cambiando”. Pero depende a
quién le preguntes, el clima cambia de una forma u otra. En mi pueblo ya no
llueve, en el mío se desbordan los ríos, en el de mi señora hace años que no
nieva; y en el suyo de usted, aunque parezca mentira, nunca ha hecho este frío
en enero. Claro, que si tomamos una definición bastante elemental de la palabra
clima, como el conjunto de las variaciones de presión y temperatura que afectan
a un territorio concreto, igual podemos entender que son tantas las combinaciones
posibles que afectan a esos dos factores determinantes, que es imposible pensar
que puedan ser algo constante.
INCLUSIVO: todo tiene que ser
inclusivo, aunque da igual lo que cada uno incluya. Todo es susceptible de ser
incluido siempre que además tenga usted en consideración razas extintas,
religiones inaceptables y cualquier inclinación sexual por la que alguien pueda
sentirse atraído. Cuanto más repelentes, mejor. No me da la gana de comprar su
producto inclusivo, sencillamente.
DIVERSO: Cuando alguien te
dice que su producto o su servicio es diverso, te está diciendo que no hace
falta ser alguien normal para consumirlo. Siempre que consideremos normal a
alguien que vive su vida sin imponer a nadie sus costumbres, sin exigir a los
demás que le aplaudan sus manías y en general, sin llamar la atención. Para ser
diverso hay que ser un coñazo.
PLURAL: No necesito ser
plural. Desde que tengo conciencia me preocupo por lo mío y por lo de los míos.
Lo que hagan los demás, cómo sean, de donde vengan o adonde vayan, sinceramente
me tiene sin cuidado. No me afecta nada si lo que yo uso, lo que yo consumo o
lo que demando, le gusta a otra gente, ni mucho menos si esa gente es igual,
distinta o parecida a mí. Otra cosa son mis decisiones individuales de ayudar,
preocuparme o ignorar lo que les pase a los demás. Pero eso es una decisión
personal mía, insisto: ni me considero obligado ni necesito que usted me diga lo
que tengo que pensar o sentir.
TODOS: repito, me da igual lo
que hagan los demás. Evite intentar convencerme de nada con frases como “todos
somos…”, “…para todos” o “todos tenemos derecho”. Le auguro un fracaso
estrepitoso.
SOSTENIBLE: me pasa como con el planeta,
cuando me dicen que algo es sostenible me pongo en guardia. En principio,
entiendo que algo sostenible, es algo que no genera desperdicios, algo que una
vez usado, puede volver a utilizarse. Lo que no me creo es que sean sostenibles
los coches, los cosméticos y hasta los espectáculos. Y no es que no me lo crea,
es que además me molesta que me tomen por imbécil.
PAREJA: yo no tengo pareja,
estoy casado y mi mujer es mi mujer y yo su marido. No somos ninguna pareja. También
podíamos ser novios o prometidos o incluso vivir juntos sin estar casados, que eso
a nadie ha de importarle ¡pero pareja! Las parejas, querida señora, las forman
los animales cuando les viene el celo y se emparejan. Algunos de ellos, pocos,
incluso forman parejas que duran todo el resto de su vida. Una pareja, si usted
no me dice otra cosa, la forman dos seres vivos que, circunstancialmente, se
unen para procrear. Eso en la especie humana, desde hace muchos siglos se
institucionalizó con el fin de garantizar la seguridad y la integridad de todos
los miembros del clan familiar. Una pareja es solo la unión de dos individuos.
NUESTROS FIELES AMIGOS: Desde
hace años existe la tendencia de humanizar a los perros, para así demostrar
todo lo que se les quiere. Parece que, si no le haces una camita a tu perro, si
no lo vistes como si fuera un niño o lo sientas a la mesa, no le quieres nada.
Ahora hay que dejar a los perros entrar en las tiendas, en los transportes
públicos y hasta en los espectáculos. Y no es ya que puedan molestar a alguien,
que no está contemplado que a alguien puedan no gustarle los perros, es que
nadie repara que para ellos pueda ser una auténtica tortura, porque su naturaleza
les exige espacios abiertos, correr o jugar con otros perros. No, no me gustan
los perros de ciudad, con amos de ciudad empeñados en que su perrito sustituya
al hijo que no tienen, sino que me gustan los perros, sencillamente. Y por
supuesto, no me gusta que nadie de por hecho que por eso tengo que tratarlos
como a personas. No es mi fiel amigo, es mi perro.
HISTÓRICO: No me cuentes que
algo es “histórico” para despertar mi admiración y que me dé cuenta de lo
importante que es. Todo es histórico, es decir, todo sucede antes de lo siguiente
que va a suceder y después de lo que ya ha sucedido. Porque la historia no es
otra cosa que la sucesión de hechos. La importancia que cada uno de ellos
tenga, no depende en absoluto del momento en el que tiene lugar, pero parece
que si decimos que es histórico tiene más importancia. Y así debe ser, sin duda…
para los catetos.
martes, 19 de diciembre de 2023
SEÑOR ALCALDE
Aunque no es costumbre de este
blog hablar de política, sí he hablado algunas veces de políticos. De hecho, el
19 de enero de 2016 publiqué una respetuosa carta a su antecesora en el cargo,
doña Manuela Carmena, (https://gonzalorodriguezjurado.blogspot.com/2016/01/con-el-debido-respeto-senora-alcaldesa.html) en
la que me permitía darle algunos consejos o, por decirlo mejor, algunas
sugerencias. No soy yo nadie para dar consejos a políticos consagrados como
usted o Manuela Carmena. Pero compréndalo, la política municipal es la que más
afecta al ciudadano, la que de verdad puede influir en su vida diaria. Por eso,
y porque estoy convencido de que su voluntad es precisamente la de mejorar la
vida de los madrileños, me tomo la licencia de ofrecer mi punto de vista como
administrado por usted.
Es sabido que recientemente
Madrid ha sobrepasado a Moscú como capital europea con más árboles. Lo que
añadido a su tamaño infinitamente menor que la capital rusa, da una idea
aproximada de la densidad de árboles que tenemos, y deja claro el amor de los
madrileños por los árboles. Por eso no parece muy acertado que, precisamente
desde el mandato de doña Manuela Carmena, se haya dejado de ver a las
cuadrillas que antes podaban, cuidaban y mimaban los árboles de Madrid. Y que
ahora para lo único que se hable de ellos, sea para cerrar los parques cuando
hay viento, por si se le caen encima a un paseante. Algo nada extraño si
tenemos en cuenta que su cuidado no sólo pasa por no podarlos sino también por no
examinarlos regularmente.
Pero siendo preocupante el
desamparo de nuestros árboles, no lo es menos el peligro constante que para la
seguridad de los madrileños supone el goteo incesante de patinetes y bicicletas
por cruces, aceras y parques. Vamos a ver: Ni somos Sevilla, ni somos Valencia,
que son ciudades planas, ni debemos compararnos con ninguna otra ciudad. Por
mucha conciencia ecológica que ustedes tengan, o por mucho complejo que les suponga
no tenerla, Madrid se encuentra en las estribaciones de Sistema Central, por lo
que es casi imposible encontrar una sola calle que no esté en cuesta. Puede
usted estar seguro de que nadie, repito, nadie coge el coche en Madrid porque le
diviertan los atascos, porque le guste contaminar o por fastidiarle a usted. Muy
al contrario, son usted y sus predecesores los que sistemáticamente se han
dedicado a entorpecer el tráfico, en lugar de hacerlo más fluido. Y todo ello a
base de estrechar calles, ensanchar aceras donde no hacía falta y sembrar
Madrid de bicicletas y patinetes que no respetan una sola norma de circulación,
poniendo en riesgo la integridad de los transeúntes. Y entre esos transeúntes
se encuentran personas mayores, niños, ciegos, etc. Pero claro, si ustedes se
dedican a sembrar Madrid de torpedos vivientes a los que nadie exige un permiso
de conducir, un seguro ni la más mínima identificación, es fácil que el saldo
sea positivo… a favor de los que atropellan gente. Porque si estamos venga a
estrechar las calles, a complicar la vida a los coches para poder poner más y
más carriles bici, y resulta que nadie los utiliza, creo que estamos haciendo
un negocio muy extraño. Si me admite la sugerencia, en París han hecho un
referéndum para preguntar a los ciudadanos si estaban favor de la libre
circulación de patinetes por la ciudad. No le digo cuál de las dos opciones ha
ganado por casi un noventa por ciento, pregúntelo usted.
Usted se presentó por primera
vez con la promesa de desbloquear el centro de Madrid, la gente le votó, y no
sólo no lo desbloqueó, sino que amplió el bloqueo, ¡y le volvieron a votar! Es
decir, usted “protege” el distrito Centro de los ciudadanos que le pagan, pero
usted, sus concejales y sus chóferes pueden pasar sin ningún problema por allí.
Todo muy lógico. Y hablando del distrito Centro: hasta donde yo sé, el turismo
es una de las principales fuentes de ingresos de nuestra querida ciudad
¿verdad? Pues no veo muy rentable para el turismo que tenga usted a oscuras todo
el centro, empezando por la calle Alcalá, siguiendo por la Gran Vía, Príncipe
de Vergara, Velázquez, La Castellana y todas las calles más comerciales y de
ocio. En todas esas calles, se divisa un puntito de luz en lo alto de cada
farola, pero iluminar, lo que es iluminar poco. O no ha cotejado usted las
cifras de atracos a turistas, o le dan igual o nuestros tradicionales chorizos
no son ya lo que eran.
Por último, permítame solo una
apreciación basada en mi experiencia. Nada de datos, cifras oficiales, ni cosa
alguna otra. Hace años tuve el honor de trabajar como responsable de Cultura de
un par de distritos, en la corporación de su antecesor, D. José María Álvarez
del Manzano. Entonces los equipos de Cultura los nombraba cada concejal, hasta
que llegó doña Manuela Carmena, nombró a los suyos, los hizo fijos, llegaron
ustedes y no dijeron ni pío. Por no molestar, supongo. Bueno, el caso es que
fue en aquella época en lo que, harto de atascos, opté por utilizar el
transporte público para desplazarme por Madrid, y nunca me había arrepentido de
ello… hasta ahora. Y antes de que alguien me diga que los transportes dependen
de la Comunidad de Madrid, aclaro que la EMT, no. Pues bien, entonces las
frecuencias de los autobuses en un día laborable normal, eran de dos o tres
minutos; con el señor Ruiz-Gallardón y su lugarteniente Ana Botella, la cosa
aumentó a cuatro o cinco minutos; Con doña Manuela Carmena, la cosa se fue a
ocho o diez; y actualmente, con usted, no es infrecuente ver en las pantallas
de las marquesinas, donde se indica el tiempo que va a tardar tu autobús, el fatídico
+20, que quiere decir que va a tardar más de veinte minutos. ¿Cuánto más? ¡ah,
más de veinte! Si no fuera porque usted persigue con saña, acosa y multa a los
que no tenemos dinero para comprarnos un coche eléctrico, volvería a coger mi
coche para andar por Madrid. Por eso y porque todavía nos queda el Metro,
claro. Por cierto ¿su coche y los de sus concejales son eléctricos?
jueves, 19 de octubre de 2023
La mala educación
Creo que el título de este
artículo coincide con el de una película de Pedro Almodóvar. Nada que ver, no
me interesa el cine en general, menos aún el cine español, salvo honrosas
excepciones y nada en absoluto Pedro Almodóvar. Ni en general los ignorantes que
dan lecciones de todo sin saber de nada. O sabiendo solamente de cine
subvencionado, que para el caso…
Lo que sí me interesa, en
realidad me preocupa, es la absoluta degradación en la que ha caído la
convivencia en España. Una convivencia que desde principio de siglo dio frenazo
y marcha atrás, sin que hasta ahora haya dado síntomas de mejora. Quien como yo,
fuera joven a final de los setenta y a lo largo de los ochenta y los noventa,
sabrá de lo que hablo. Entonces podías tener amigos de todas las tendencias políticas,
salir juntos e incluso hablar de política sin que nadie te insultara, te acusara
de genocida o te retirase el saludo. Todos estábamos de acuerdo en que estaba
muy mal que hubiera una banda de asesinos, secuestradores y extorsionadores; o
una oligarquía industrial dispuesta a cargarse la convivencia entre españoles
para sacar más dinero. Pero, en fin, eso es tiempo pasado y, como bien dijo
Jorge Manrique, cualquier tiempo pasado fue mejor.
El hecho es que siempre ha
habido gente educada y gente mal educada. Y normalmente, estos últimos se
pensaban que la educación era saber coger los cubiertos en la mesa, ceder el
paso a las señoras… y poco más. Es decir, la parte más superficial e irrelevante
de la educación. Pero claro, no se puede pedir al burro que galope ni a la gallina
que vuele. Quien no está capacitado para aprender algo, no es culpable de su ignorancia.
Lo malo es que el crecimiento de gente que ignora las más elementales formas de
convivencia, es exponencial. Las generaciones van pasando y quien no tiene
educación, no puede enseñársela a sus hijos.
Las formas son importantes
porque reflejan el fondo o, por decirlo de otro modo, todos somos lo que parecemos,
salvo excepciones puntuales. Si usted ve a una persona en traje de baño, con
una toalla al hombro, normalmente vendrá de la playa o de la piscina; si ve un
coche fúnebre con varias personas o coches caminando detrás, muy probablemente
se trate de un entierro… y si ve a un tío gritando e insultando a su mujer en
un sitio público, sin duda se encuentra usted ante un auténtico gañán. Lo dicho, las formas indican el fondo con
bastante exactitud. Y si hay algo que es forma pura, pura representación, son
los símbolos, en concreto la bandera o las banderas, que tanto da. Cada uno la
suya, desde la bandera nacional, a la de su comunidad o la de su equipo de
fútbol, resulta del todo inadmisible, por respeto a la institución que cada una
de ellas representa, utilizar una bandera como capita al modo de Superman, como
mini falda o como bufanda. Por mucho que con ello se quiera tener más cerca. Esa
bandera representa una serie de ideas, personas y, sobre todo, sentimientos,
que merecen ser tratados con la máxima dignidad y respeto. Si se respetan,
claro, porque hay banderas que personalmente me producen picores, pero este es
otro tema. Nunca me haría una capita con la bandera de Portugal, por respeto a
nuestros hermanos portugueses; ni con la bandera de Francia por respeto a
nuestros amigos franceses; ni siquiera con la de Marruecos, por respeto a
nuestros no tan amigos marroquíes. Cuánto menos con la nuestra.
Quien tenga la suerte de
pasear por Madrid, sobre todo en época de terrazas, podrá comprobar de manera
casi inexorable que en todas y cada una de ellas, hay al menos una jovencita
con los pies encima del asiento. Normalmente chicas, repito. Parece ser que creen
que esto les da un aire desenfadado, relajado y juvenil. Entiendo que en su
casa también se sentarán así y no lo critico: cada uno en su casa hace lo que
le da la gana… o lo que le dejan. Pero hacer eso mismo en un sitio público,
aparte de imitar la postura de los chimpancés cuando les ponen en una silla,
resulta poco respetuoso para quien se vaya a sentar después en la silla, poco
higiénico por estar tocándose los pies en la mesa y poco estético en general
¿Alguien se imagina a la presentadora del Telediario sentada en su mesa con los
pies en el asiento? ¿Y a la directora de la sucursal a la que vamos a pedir un
crédito? No parecería muy desenfadada y juvenil sino una auténtica imbécil. ¿Y
una profesora haciendo lo propio en clase? ¿Qué respeto transmitiría a sus alumnos?
¿Nos darían mucha confianza una doctora o una abogada que nos recibieran de esa
guisa? Pues al final, como hemos visto antes, la educación cuida las formas y
las formas cuidan la imagen de quien las usa. No es nada más que eso, ni nada
menos.