martes, 9 de diciembre de 2025

Bien dicho, Charo

 

Parece que andan muy inquietos los que se consideran a sí mismos creadores de opinión, de modas y de vocabulario. En concreto, la aparición de un nuevo vocablo,  de una denominación genérica, parece que se les ha ido de las manos porque no la han “inventado” ellos. Ellas, concretamente. Más aún cuando ese adjetivo sirve para calificarlas a ellas. Me refiero a la tan traída y llevada denominación de Charo. Hasta una ministra del Gobierno, titular de uno de esos ministerios con un nombre larguísimo y que no se sabe para lo que sirven, ha salido a proclamar el anatema contra la palabra Charo. Es de esperar que en pocos días se cree una comisión al efecto, se apremie la creación de un observatorio… y se coloque para ello a doscientas amigas con bandera, banda y sueldo fijo. Todo ello porque se considera que el apelativo se refiere a las ministras socialistas.

Pues tengo una mala noticia, Excelencia: el apelativo Charo, no es un invento español, no se refiere solo a las ministras socialistas y ni siquiera es un invento reciente. Resulta que ya hace dos años como poco, en Estados unidos -en sus odiados Estados Unidos- ya se utilizaba su equivalente Karen, para designar a un tipo muy específico de mujer. Sería la típica sesentona y sesentera, que desde su juventud se ha dedicado a dar el coñazo a todo el mundo con sus reivindicaciones de derechos, sus exigencias de una Ley especial para ella y su tendencia a juzgar a todo el mundo según sus normas. Una mujer que al cabo del tiempo está sola, bien porque se ha quedado soltera o bien porque ya ni su marido ni sus hijos la aguantan. Y una mujer, eso sí, que en el noventa por ciento de los casos es votante y militante del Partido Demócrata. Women Lib, se hacían llamar entonces, por Women’s Libertion Movement (Movimiento de Liberación de la Mujer), y el ejemplo más cargante e insoportable fue la presunta actriz Jane Fonda. Una que creo que hizo dos o tres películas por ser hija de Henry Fonda.

Pues por lo que sea, alguien se ha traído el invento a España -y supongo que al resto del mundo también- y lo ha castellanizado como Charo. Y ustedes, cómo no, han entrado en pánico. ¿Qué indecencia es esa de calificar a alguien por su edad, su vida privada o su libérrima opinión política? Pues en principio, el razonamiento parece impecable. No sé si tanto como para gastar un solo euro del dinero que nos sacan de los bolsillos, cada vez con más frecuencia y más descaro, pero sí por lo menos para criticarlo. ¡Uy no, perdón! Que el dinero de los impuestos se cobra solamente para hacer hospitales y carreteras, pero este es otro asunto… Parece razonable, digo, porque efectivamente calificar a alguien por su condición social o política es, cuando menos, algo deleznable. Hasta ahí, de acuerdo. Pero dígame ¿cuánto se escandalizó Su Excelencia; cuántas comisiones creó y cuántos observatorios se crearon en su ministerio cuando se generalizó hace unos años el término Cayetano para designar a un tipo de chico concreto, joven y votante del PP o de Vox? ¿Puede Su Excelencia empeñar su palabra de que no ha utilizado nunca el término Cayetano en su tono más despectivo? Pues si Su excelencia no puede, pregúnteselo a su corte de periodistas, subsecretarias, directoras generales, actrices de segunda y tercera fila, cabecillas de movimientos feministas y militantes incondicionales. De sus compañeros no le digo nada porque ya tienen bastante con lo suyo, y creo que no debe ser nada tranquilizador arrimarse a muchos de ellos. Pero, en fin, lo dicho, si no se escandalizaron entonces, procuren estar calladitas ahora. Y más aún si para eso tienen que utilizar mi dinero.

miércoles, 27 de agosto de 2025

Vulgaridades

 

Vayan dos cosas por delante: la primera, que cuando hablo de algo vulgar, lo hago sin ningún tipo de tinte peyorativo, sino según la primera acepción del Diccionario de la RAE, “perteneciente o relativo al vulgo”, siendo vulgo el “común o conjunto de la gente popular”, sin más; la segunda, que para mí los gustos de cada uno son respetabilísimos, casi sagrados. Allá cada cuál elija por sí mismo y sin encomendarse a nadie, entre flores o bombones, entre playa o montaña, entre coches y motos, entre lectura y deporte… y hasta entre el Real Madrid y el FC Barcelona. En consecuencia, la percepción que cada uno pueda tener sobre lo que es vulgar y lo que no lo es, queda en el ámbito estrictamente personal.

Mas aún, hay gustos, gestos, palabras o formas de vestir, que pueden pasar de ser una vulgaridad a ser una moda; o viceversa, que de tanto estar de moda, de tanto usarse, se hagan vulgares. Dicho lo anterior, paso a enumerar una serie de hechos y costumbres que, a mi modo de ver, deberían servir para que el lector se plantee debatirlas y hasta pedir mis dos orejas. En Las Ventas no se dan rabos, gracias a Dios.

No descubrirse en sitios cerrados, ante la bandera, al paso de un entierro o cuando suena el Himno Nacional (que en realidad no es ningún himno sino la Marcha Real). La muestra de respeto en todas estas situaciones, excepto la primera, no lo es a persona alguna sino a lo que cada una de ellas representa. La primera, es una cuestión de educación que deriva de la lógica. Pero claro, si llevamos gorra de visera y más aún si la llevamos con la visera puesta hacia atrás, la lógica es un problema secundario.

Aplaudir: seguramente porque vivimos en un mundo-espectáculo, donde todo lo que hacemos requiere la aprobación de cuanta más gente mejor, se aplaude todo aquello que gusta. O bien cuando se quiere expresar aprobación, admiración, etc. Hay quien aplaude cuando le gusta un chiste. Pero hay cosas mucho más chocantes que llegan a rallar en la ridiculez y el mal gusto. Por ejemplo, cuando pasa un entierro. Pero lo mejor de todo es esa gente que se sienta en un acantilado en verano, con un cóctel y vapeando con sabor a vainilla, y espera a que se ponga el sol, momento en que rompe a aplaudir. En fin.

Las “excentricidades” de actores, actrices, cantantes y futbolistas. Se llama excentricidades a la actitud déspota y de mal gusto de gente que no ha comido caliente en su vida, y de repente se ven con dinero ilimitado: “quiero el camerino con mil rosas”, “quiero que me suban a la habitación una mesa de billar a las cuatro de la mañana”, “quiero una cama con dosel para mi perrita”… y estupideces varias. Obviamente, el dinero ha cambiado de manos. Antes lo tenía la gente educada, que no tenía caprichos ridículos y, sobre todo, que sabía respetar y ponerse en el lugar de quien trabajaba para ellos. Cosas del enriquecimiento súbito.

Hablar con las manos: no hay nada peor que ver a esos profesionales del cotilleo, y de husmear en las intimidades del prójimo, hablar en sus “tertulias” agitando los brazos y poniendo posturitas de manos. Hasta donde yo sabía, una tertulia era un diálogo, un tranquilo intercambio de opiniones entre gente civilizada. Por eso eran propias del ámbito literario, artístico y cultural en general… hasta que se inventó la televisión, supongo.

Complementariamente están las vulgaridades de orden estético, las que como hemos dicho, pueden dejar de serlo o adquirir esa condición con el tiempo. Y, sobre todo, las que entran en el orden de los gustos personales:

Los tatuajes, más vulgares cuanta mayor parte de tu cuerpo cubran y cuantos más colores tengan.

Los piercing o chinchetas, que al igual que los tatuajes degradan su valor estético proporcionalmente a su cantidad. Dicho en cristiano, cuantos más, peor.

Y, por último, aunque en cuestión de ropa hay muchos y muy interesantes ejemplos, destacar la camiseta de fútbol. Inadmisible en cualquier circunstancia que no sea jugar al fútbol. Da igual del equipo que sea, da igual que sea para ver un partido, da igual todo, vestir una camiseta de fútbol es una vulgaridad sin paliativos. Una mención especial para las chicas que, con el deseo legítimo de vestir una buena minifalda o un pantalón muy ancho para hacer deporte, se plantan unos calzoncillos debajo. Pa'bernos matao.

domingo, 15 de junio de 2025

El maldito aforamiento

 

Aquél que se encuentra callado, no lo está porque tenga un “callamiento”, sino porque calla, sencillamente; todo el que ande despistado lo hará, no por tener un gran “despistamiento”, sino un simple despiste; igualmente, si usted se encuentra cansado, podemos decir sin temor a equivocarnos que es usted víctima del cansancio, pero en ningún caso diremos que sufre usted mucho “cansamiento”; por último, si su barco está fondeado en un puerto seguro, podrá usted respirar tranquilo sabiendo que le sujeta una buena ancla, no un buen “anclamiento”. Vayan dos cosas por delante: la primera, que casi todos estos conceptos ridículos están presentes en el diccionario de la RAE, aunque no con el significado que usted cree; la segunda, que hace muchos años que me da igual lo que diga la RAE, ya que se consideran de uso normal conceptos que, debido a los medios de comunicación, aparecen y desaparecen a una velocidad de vértigo.

Juro por lo más sagrado que últimamente entro en crisis, y a veces hasta convulsiono, oyendo y leyendo los medios de comunicación. No por el contenido de las noticias relativas a nuestra querida España o al resto del mundo, que ya sería motivo suficiente, sino por la forma de darlas. Vamos a ver, si la función de los periodistas y comunicadores es informar, y el medio del que tienen que servirse es el la palabra o la escritura ¿no hay nadie en las facultades donde estudian, que se preocupe por el correcto uso del Lenguaje? Señoras y señores, una persona aforada no lo está porque tenga un “aforamiento” sino porque es titular de un fuero ¿Y qué es un fuero? porque me temo que aparte de no estudiar Lengua Española, tampoco estudian Historia de España en sus facultades. Pues un fuero, querida señora, es una ley especial, una ley diseñada específicamente para una persona, una población o un grupo social concreto: los nobles, los latoneros, los colonos del valle del Duero o los pastores de La Mesta. Todos ellos podían ser aforados porque detentasen su propio fuero, pero lo que no detentaban en ningún caso era un “aforamiento”. Y lo que es más importante, es lo más anticonstitucional que la Constitución contiene. Es decir, después de ciento sesenta y nueve artículos consagrando la igualdad de todos loes españoles ante la Ley, los constituyentes plantaron una Disposición Adicional Primera que se carga todo lo anterior reconociendo y protegiendo los fueros de Navarra. Es decir, las leyes que hacen distintos a los navarros del resto de los españoles. Después vendrían las provincias vascas y después todo lo que ahora estamos sufriendo. Y lo que es peor, los españoles la votamos masivamente, aunque yo entonces no tenía edad de votar. Me faltaba poco pero no llegué.

Pero no es la intención de este artículo criticar nada de la Historia de España, ni de las bondades o defectos de nuestra Constitución. Ya está siendo suficientemente atacada, arrastrada y tergiversada como para que venga yo a apuntillarla: es lo que tenemos y no hay más, así que habrá que defenderla. Pero para eso, por favor, empecemos por hablar sabiendo de lo que hablamos, sabiendo lo que decimos y por qué lo decimos. No es mucho pedir ¿no?

lunes, 7 de abril de 2025

Anteriormente...

En el artículo precedente me refiero a la posibilidad de afrontar una guerra. Por decirlo más precisamente, de los motivos por los cuáles se supondría que deberíamos estar dispuestos a sacrificar nuestras vidas y, en el caso de los de mi generación, las de nuestros hijos. Y lógicamente, habrá quien argumente en defensa de esta posibilidad, que tenemos que salvaguardar los principios y los derechos que como miembros de la Unión Europea disfrutamos. Así que no me ha quedado otra que hacer un somero repaso a esos derechos que hemos “ganado”: 

 Anteriormente había guardas, vigilantes y porteros cuya labor era vigilar, diferenciando entre quienes hacían una vida normal y quienes andaban con intenciones aviesas. Ahora hay cámaras, cámaras que no distinguen entre buenos y malos, que nos vigilan y nos juzgan a todos por igual, que nos siguen por la calle, en las tiendas, en los lugares de ocio… y en lugares peores. Cámaras que en todo caso registran nuestra vida, la guardan y la archivan para cuando haga falta o para quien le haga falta. 

 Anteriormente disfrutábamos de las ciudades, de su bullicio, de su jaleo, de sus “peligros” y de sus diversiones. Ahora las ciudades se defienden de nosotros. Nos imponen todo tipo de limitaciones hasta el punto de que para que las ciudades sean más amables con el ciudadano, se prohíbe al ciudadano entrar en las ciudades. Algo absurdo pero real. Con mucho más motivo si quieres venir en coche. Antes el centro era una vorágine de coches, atascos y falta de aparcamiento que lo hacía impracticable, a no ser que fueras en transporte público, que era lo que hacíamos todos. Dejábamos el aparcamiento para los que venían de fuera o para los que prefirieran “comerse” el atasco. Y aquí paz y después gloria, si no querías ir a centro, ibas a otro lado. 

 Anteriormente se fomentaba la responsabilidad frente a la vigilancia, la prohibición y la sospecha permanente. Te enseñaban que un trampolín es peligroso y que si no sabes saltar, no debes subirte. Ahora se prohíben los trampolines. Anteriormente te enseñaban que alcohol y volante eran incompatibles y que, si bebías, no podías conducir. Ahora pasas por un procedimiento penal de consecuencias incalculables. Y no solo te dicen lo que puedes beber, sino que te dicen cuándo puedes comprar el alcohol, aunque no vayas a conducir. 

 Anteriormente nadie te juzgaba, ni mucho menos te condenaba, si tenías una afición que no fuera acorde con el gusto de los poderosos. Di ahora que te gustan la caza o los toros… o que fumas. 

 No decenas, centenares de veces he salido al campo y he hecho una hoguera para asar sardinas, chuletas o para hacer un chocolate. Jamás se nos desmadró un fuego, ni pusimos en peligro un centímetro de tierra, más allá del círculo de piedras que rodeaba la hoguera. Sin embargo, ahora que está todo prohibido los fuegos se siguen produciendo, cada vez de forma más aterradora. Entre otras cosas porque el monte está sembrado de ramas, troncos y piñas que no se pueden tocar de su sitio para que, en su caso, arda mejor. Eso sí, se dice que el fuego es “de segunda generación” y así no hace falta explicar por qué ha ardido. 

 Nuestros agricultores y ganaderos -los de toda Europa- han sabido desde tiempo inmemorial qué hacer con esa leña caída en el bosque y, lo que es más importante, con los rastrojos o malas hierbas sobrantes después de una cosecha o una siembra. Pero parece ser que no, que lo saben mucho mejor los cuatro cantamañanas que ocupan los despachos de Bruselas, de Luxemburgo o de la madre que los que los alumbró a todos. Por eso está prohibido quemar rastrojos… y por eso se queman muchas más hectáreas de cultivo y de monte. 

 Hubo un tiempo en que comprar una botella de vino para cenar o para comer… o para bebértela de un trago, no te convertía en un alcohólico que le cuesta mucho dinero a la sociedad, sino que era una costumbre sana. Los borrachos eran borrachos, los alcohólicos, alcohólicos y la inmensa mayoría de la gente joven bebía sin control una o dos veces en su vida, aprendía la lección y en lo sucesivo sabía controlarse. Ahora se dedican a desafiar las prohibiciones como, entre otras cosas, ha hecho siempre la gente joven. 

 Más aún, en aquellos tiempos bárbaros previos a nuestro rescate por la civilizada Unión Europea, no se describió un solo caso de fallecimiento o enfermedad irreversible por haber probado aceite, sal pimiento o vinagre de un recipiente que no fuera un sobre de plástico, cerrado y “monodosis”. Pero qué le vamos a hacer, nadie dijo que ser superiores fuera fácil. 

 ¿Pero sabe usted qué es lo más gracioso? Pues que esas leyes no las hacen los representantes que nosotros votamos en las elecciones al Parlamento Europeo. Entre otras cosas porque el Parlamento Europeo no tiene prácticamente potestad legislativa alguna, más allá de hacer sugerencias a la Comisión, que es quien realmente dicta las normas. Sí, esa Comisión a la que nadie ha votado. Esa Comisión que nos está pidiendo que mandemos a nuestros hijos a morir, para que ellos puedan seguir dictando normas absurdas, sin someterse a escrutinio, votación o control de ninguno de aquéllos para los que dicta las normas. No sé yo…

Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

sábado, 22 de marzo de 2025

¿MANDARÍAS A TUS HIJOS A MORIR POR VON DER LEYEN?

¿Mandarías a tus hijos a morir por Von der Leyen? Nadie, repito, nadie ha votado a esta individua. Menos aún para que nos meta en una guerra que ni siquiera Hitler o Napoleón que dominaron toda Europa, fueron capaces de ganar. Va a ser que los norteamericanos no eran tan malos. Pregunto por mandar a morir a los hijos, porque pertenezco a esa generación que tiene hijos en edad de ser movilizados para la guerra. Pero por las mismas podría dirigirme a los chicos de esa edad, para preguntarles por qué o por quién estarían dispuestos a morir. Creo que no nos llevaríamos muchas sorpresas con la respuesta. Y no crea nadie que se va a salvar por no tener hijos o por tener solo hijas. Primero, porque ya está más que previsto que las mujeres se movilicen en caso de guerra. Segundo, porque caso de no ser así, el papel de la mujer en las guerras siempre ha sido mucho más doloroso que el de los hombres, a quienes por lo menos, se les deja empuñar un arma para defenderse o para morir matando.

Sé que todo este discurso suena algo extraño, algo ajeno a nosotros mismos, que en el noventa y nueve por ciento de los casos no hemos vivido una guerra ni hemos tenido la posibilidad de conocerla. Sin embargo, esa posibilidad es cada vez más cierta. Cada día que pasa se nos anuncia desde las instancias europeas que debemos ir preparándonos para lo que viene. Otra cosa distinta es que en España haya, no sé si orden o acuerdo tácito para no mencionarlo en los medios. Ya se sabe, ojos que no ven, corazón que no siente.

En todo caso, como señalaba más arriba, ni los dos ejércitos mejor armados y dirigidos que se hayan paseado por toda Europa, los de Hitler y Napoleón, fueron capaces de entrar en Moscú. Y ambos sucumbieron ante el invierno ruso. ¿Me quieren decir que ahora un ejército de ejércitos, cada uno con sus mandos, con sus armas y con sus soldados, distintos todos ellos, van a hacer temblar a algún ruso? Claro, siempre está la posibilidad de ser más inteligentes, superar nuestros enfrentamientos históricos y crear un ejército único. Pues a ver cómo se hace eso: me encantaría ver a un francés recibir órdenes de un belga, a un inglés recibirla de un francés, a un holandés recibirlas de un alemán o a un español de un francés. Normalmente, cuando surge este debate siempre hay alguien que lo zanja diciendo eso de “ahora as guerras no se hacen con ejércitos sino con armas de destrucción masiva”. Pues eso no es del todo cierto. En primer lugar, porque si lo fuera estamos listos. Y porque entonces ya no se trata de mandar a tus hijos a Ucrania sino de que nos sacudan una bomba atómica antes de que a nosotros se nos ocurra pensarlo. Y en segundo porque por más misiles que lances y por más territorio que destruyas, tú no has ganado ninguna guerra hasta que completas la ocupación efectiva del territorio. Y para eso sí que hacen falta los ejércitos. 

Podíamos seguir muchas más páginas sopesando los pros -si los hubiera- y los contras de semejante estupidez, dirigida por las élites globalistas europeas. Preguntarnos si estaríamos dispuestos a tal sacrificio para que aquéllos que han restringido nuestra libertad, han bastardeado todas nuestras instituciones y nuestro derechos y nos quieren quitar el dinero para manejárnoslo ellos, puedan seguir haciéndolo. 

Si a alguien se le ocurre a dónde huir, que lo diga, por favor.

domingo, 5 de enero de 2025

¡TARDE, AMIGUITOS!

Para hablar de Walt Disney hay que tener en cuenta varias cosas: Walter Elias Disney nació en 1901 en Hermosa, Illinois. Estudió en el Kansas City Art Institute donde conoce al dibujante Ub Iwerks y junto con su hermano Roy crean Disney Productions. Enseguida se lanzan por un camino que a todo el mundo le parecía un suicidio, cual fue la producción de dibujos animados. Lo llamaron la “locura Disney”, nadie daba un dólar por ellos. Investigaron la animación en seres humanos y como consecuencia lanzaron el primer largometraje de animación en inglés: Snow White and the Seven Dwarfs, Blancanieves y los Siete Enanitos. Fueron los primeros en utilizar el Technicolor y los efectos especiales, y los primeros en dotar de personalidad propia a cada uno de los personajes. Crearon la cámara multiplano con la que podían dar sensación de profundidad a la imagen a base de capas espaciadas unas de otras, a distinta velocidad. Todo ello convirtió a Blancanieves en una de las películas más taquilleras de la historia del cine y en merecedora de ocho premios Oscar. Pero además fueron los primeros en crear una película en la que interactúan actores reales con dibujos animados, y nada menos que en 1923, con Alice Comedies, desarrollando la técnica años después en Song of the South, Canción del Sur de 1946; los primeros en sincronizar imagen y sonido en Steamboat Willie, de 1928; hicieron como hemos visto el primer Techicolor, pero no en Blancanieves sino en Flowers and Trees de 1932; primer sonido estereofónico, Fantasía, 1940; primeros en transferir directamente dibujos al celuloide sin necesidad de entintar, con máquina Xerox; pioneros en la animación por ordenador con Tron, precedente de Toy Story, Monstruos SA o Cars

En fin, creo que no estamos hablando de ningún pelagatos. Todo esto los lleva a ser desde entonces, una de las productoras más potentes de Hollywood y en consecuencia del mundo. Sin embargo, muchos años después de muerto don Walter, las productoras de Hollywood y con ellas todo el cine mundial, se van a precipitar por una pendiente política o, como les gusta decir a ellos, políticamente correcta. Aunque ya antes de su muerte habían pasado por el calvario de la caza de brujas, en plena guerra fría, pero ese fue un capítulo distinto. 

Todos los que habíamos crecido viendo películas de Disney, sin más intención que la de que nuestros padres nos tuvieran callados y entretenidos durante una hora y media, vimos cómo las películas que se producían para nuestros hijos se convertían en auténticos manifiestos. En manuales de instrucción de comportamientos que incluso debían pasar por encima de la educación recibida en casa, y hasta enmendarnos la plana a los mayores. 

A partir de 1980 Walt Disney Productions sufre una serie de cambios, divisiones y subdivisiones que va a dar lugar a la actual Disney Pixar. Esta, ha abrazado sin contemplaciones los movimientos Woke (desperté), inicialmente de rebelión de las minorías raciales contra el racismo; y Queer, que define a las personas con identidad sexual distinta a la heterosexual. Pero resulta que ambos movimientos se han convertido en algo más que simples movimientos sociales. Todo ello, después de haber sido asumidos, tanto por el Partido Demócrata americano como por todo el resto de la izquierda mundial (allá donde no hay regímenes de izquierda, claro). Ante la evaporación del sueño colectivista, la izquierda civilizada y demócrata ha encontrado en los movimientos sociales un leitmotiv, una razón para existir y no disolverse como un azucarillo en el agua, como ha ocurrido en muchos países de Europa. Esto no le ha debido parecer mala idea a las mentes pensantes de Disney Pixar que, como digo, en su día optaron por incorporar todas esas reivindicaciones sociales a sus guiones, dando lugar en muchas ocasiones a auténticas aberraciones. Tanto, tanto que mucha gente ha dejado de ir o de llevar a sus hijos a ver películas de Disney, optando por otras alternativas que ya, a estas alturas del siglo XXI pueden ser tan buenas o mejores. ¡Y eso ya sí que no, amigo! Poderoso caballero es Don Dinero y las productoras estamos para ganar dinero, no para perderlo. Allá los gais, las lesbianas, los negros o los hispanos, que nosotros no estamos para arruinarnos por nadie. Ellos tendrán quien les defienda, y si no lo tienen, asunto suyo. Ya henos perdido demasiado dinero, así que convoca a la prensa y declara formalmente que Disney Pixar renuncia todas esas majaderías.

Lo que no está claro es que esto vaya ya a servir de algo, que hundir una empresa es muy fácil, lo difícil es remontar. Aunque con ese potencial, es fácil que revivan. En todo caso, como diría alguno de sus entrañables personajes, ¡Tarde, amiguitos!


miércoles, 11 de diciembre de 2024

Hablar de fango

 Ahora sí que sí, no puedo más. Estamos a día once de noviembre, y el cuatro de diciembre haría diez meses que no escribo ni publico nada. A ello han contribuido circunstancias personales y problemas que requerían mi atención en otros asuntos, pero hasta aquí hemos llegado. La Nueva Inquisición, la Policía del Pensamiento y los Guardianes de la Corrección Política, me han tocado las narices una vez más. No digo nada sorprendente si cuento que Facebook, esa especie de contubernio disfrazado de red social a quien Belcebú confunda, ejerce una censura directa y sin contemplaciones sobre sus usuarios. Tampoco hace falta que nadie me diga que los usuarios de Facebook estamos desfasados, fuera de onda y más acabados que la Falange. Pero es igual: ni pienso adentrarme en ninguna red social nueva, que no me interesan en absoluto; ni me he dado de baja por no perder el “contacto” con otros usuarios, casi todos ellos en torno a mi mi edad, lógicamente. Sesenta y dos, por si alguien se lo pregunta.

El caso es que, en una de esas respuestas al comentario publicado por un buen amigo, introduje el siguiente comentario que fue inmediatamente censurado, encerrado en un círculo rojo y acompañado de dos opciones: “Intentar de nuevo” o “Borrar”. Excuso decir que lo de “intentar de nuevo” era como ofrecer un último deseo a un condenado a la horca: di lo que quieras porque en dos minutos vas a estar con los pies colgando. Y así fue. Sin entrar en introducciones ni en el tema que trataba, aunque ahora verá usted que fácil es deducirlo, transcribo mi comentario, mi pecado, mi blasfemia y el motivo por el que podría y debería ser lapidado fuera de los muros de la ciudad:

Corto te quedas... Pero una observación ¿te has dado cuenta de que desde que le echaron a patadas de Paiporta, no ha vuelto a hablar de fango? No vaya a ser que tanto mentar a la bicha...

No quito ni pongo una letra ni una coma, juzgue cada cual. No he injuriado a nadie, no he acusado a nadie de nada, ni he juzgado hechos. Más aún, mis artículos se publican normalmente en Facebook y en Blogger, que no sé si depende del anterior, pero creo que sí. Confío en que este pueda salir y todo haya sido una mala interpretación y no una censura previa. Ya sabe usted: hay palabras que solo con ser detectadas invalidan todo el texto de manera inmediata. Cruzo los dedos y adelante.


domingo, 4 de febrero de 2024

AHÓRRATE ESAS PALABRAS

 

Es más que frecuente, machaconamente insistente, diría yo, que aquéllos que tienen que dirigirse a un auditorio de más de dos personas, caigan en el uso de lo que yo llamo palabras comodín. Es decir, palabras que consideran que son de muy recomendable uso, tanto por su significado como por su significante. Y esto reza tanto para los responsables de redactar los textos publicitarios, bien sea de televisión, radio o prensa escrita, como para los locutores de los medios hablados y escritos, los conferenciantes o los profesores. Muchas veces incluso, ignorando su verdadero significado.

Pues bien, aprovecho este humilde blog para declarar a la ciudad y al mundo, urbi et orbe, que he tomado la firme determinación de no consumir productos ni atender a discursos que contengan este tipo de malhadadas palabras. Y lo explico:

PLANETA: me niego a que me sigas machacando con la idea de que yo, haga lo que haga, me estoy cargando todo rastro de vida inteligente y no inteligente en la Tierra. Excepto, claro, si compro tus muebles de cocina, si me desplazo en el conche que tú vendes, si viajo con tu agencia, consumo tus chicles o me afeito con tu maquinilla.

SOLIDARIDAD / SOLIDARIO: Paso. Que tú no sepas que solidaridad quiere decir responsabilidad única e individual de cada uno de los concernidos, no me convence para ser solidario. Los habitantes de las favelas, las víctimas de un terremoto o los amputados pueden darme más o menos pena, más o menos compasión o ganas de ayudar, que no suelen ser pocas porque todos hemos pasado calamidades. Pero de ahí a considerarme a mí responsable de su situación, lo siento, pero hay un largo trecho.

MÁGICO: Cuando me dicen que algo es mágico, lo siento pero no puedo evitar pensar que es una soberana estupidez. Y es que no falla, cuando alguien no tiene nada que decir acerca de algo o de alguien, dice que es mágico. Ejemplos hay muchos: las princesas Disney, la noche de Fin de Año o un crucero por la Costa Blanca. Pero el que se lleva la palma, el ejemplo estúpido por excelencia es la noche “mágica” de los oscar. Es decir, cuando se junta la gente del cine para dar premios a la gente del cine, que a su vez se emocionan enormemente por haber recibido un premio que se dan ellos mismos, se suben al escenario y compiten por ver quién hace el discurso más ridículo. Más mágico, diría yo.

MEDIO AMBIENTE: Hasta donde yo sabía, medio ambiente es el espacio físico en el que se desarrolla cualquier actividad, pero parece que no, El medio ambiente solo merece tal nombre si es algo flower power, bonito, agradable a la vista, sano… el interior de una mina o de una fábrica, no son medio ambiente. Son solo nada ambiente.

CLIMA, la palabra mágica: estamos todos preocupadísimos porque “el clima está cambiando”. Pero depende a quién le preguntes, el clima cambia de una forma u otra. En mi pueblo ya no llueve, en el mío se desbordan los ríos, en el de mi señora hace años que no nieva; y en el suyo de usted, aunque parezca mentira, nunca ha hecho este frío en enero. Claro, que si tomamos una definición bastante elemental de la palabra clima, como el conjunto de las variaciones de presión y temperatura que afectan a un territorio concreto, igual podemos entender que son tantas las combinaciones posibles que afectan a esos dos factores determinantes, que es imposible pensar que puedan ser algo constante.

INCLUSIVO: todo tiene que ser inclusivo, aunque da igual lo que cada uno incluya. Todo es susceptible de ser incluido siempre que además tenga usted en consideración razas extintas, religiones inaceptables y cualquier inclinación sexual por la que alguien pueda sentirse atraído. Cuanto más repelentes, mejor. No me da la gana de comprar su producto inclusivo, sencillamente.

DIVERSO: Cuando alguien te dice que su producto o su servicio es diverso, te está diciendo que no hace falta ser alguien normal para consumirlo. Siempre que consideremos normal a alguien que vive su vida sin imponer a nadie sus costumbres, sin exigir a los demás que le aplaudan sus manías y en general, sin llamar la atención. Para ser diverso hay que ser un coñazo.

PLURAL: No necesito ser plural. Desde que tengo conciencia me preocupo por lo mío y por lo de los míos. Lo que hagan los demás, cómo sean, de donde vengan o adonde vayan, sinceramente me tiene sin cuidado. No me afecta nada si lo que yo uso, lo que yo consumo o lo que demando, le gusta a otra gente, ni mucho menos si esa gente es igual, distinta o parecida a mí. Otra cosa son mis decisiones individuales de ayudar, preocuparme o ignorar lo que les pase a los demás. Pero eso es una decisión personal mía, insisto: ni me considero obligado ni necesito que usted me diga lo que tengo que pensar o sentir.

TODOS: repito, me da igual lo que hagan los demás. Evite intentar convencerme de nada con frases como “todos somos…”, “…para todos” o “todos tenemos derecho”. Le auguro un fracaso estrepitoso.

SOSTENIBLE: me pasa como con el planeta, cuando me dicen que algo es sostenible me pongo en guardia. En principio, entiendo que algo sostenible, es algo que no genera desperdicios, algo que una vez usado, puede volver a utilizarse. Lo que no me creo es que sean sostenibles los coches, los cosméticos y hasta los espectáculos. Y no es que no me lo crea, es que además me molesta que me tomen por imbécil.

PAREJA: yo no tengo pareja, estoy casado y mi mujer es mi mujer y yo su marido. No somos ninguna pareja. También podíamos ser novios o prometidos o incluso vivir juntos sin estar casados, que eso a nadie ha de importarle ¡pero pareja! Las parejas, querida señora, las forman los animales cuando les viene el celo y se emparejan. Algunos de ellos, pocos, incluso forman parejas que duran todo el resto de su vida. Una pareja, si usted no me dice otra cosa, la forman dos seres vivos que, circunstancialmente, se unen para procrear. Eso en la especie humana, desde hace muchos siglos se institucionalizó con el fin de garantizar la seguridad y la integridad de todos los miembros del clan familiar. Una pareja es solo la unión de dos individuos.

NUESTROS FIELES AMIGOS: Desde hace años existe la tendencia de humanizar a los perros, para así demostrar todo lo que se les quiere. Parece que, si no le haces una camita a tu perro, si no lo vistes como si fuera un niño o lo sientas a la mesa, no le quieres nada. Ahora hay que dejar a los perros entrar en las tiendas, en los transportes públicos y hasta en los espectáculos. Y no es ya que puedan molestar a alguien, que no está contemplado que a alguien puedan no gustarle los perros, es que nadie repara que para ellos pueda ser una auténtica tortura, porque su naturaleza les exige espacios abiertos, correr o jugar con otros perros. No, no me gustan los perros de ciudad, con amos de ciudad empeñados en que su perrito sustituya al hijo que no tienen, sino que me gustan los perros, sencillamente. Y por supuesto, no me gusta que nadie de por hecho que por eso tengo que tratarlos como a personas. No es mi fiel amigo, es mi perro.

HISTÓRICO: No me cuentes que algo es “histórico” para despertar mi admiración y que me dé cuenta de lo importante que es. Todo es histórico, es decir, todo sucede antes de lo siguiente que va a suceder y después de lo que ya ha sucedido. Porque la historia no es otra cosa que la sucesión de hechos. La importancia que cada uno de ellos tenga, no depende en absoluto del momento en el que tiene lugar, pero parece que si decimos que es histórico tiene más importancia. Y así debe ser, sin duda… para los catetos.

martes, 19 de diciembre de 2023

SEÑOR ALCALDE

 

Aunque no es costumbre de este blog hablar de política, sí he hablado algunas veces de políticos. De hecho, el 19 de enero de 2016 publiqué una respetuosa carta a su antecesora en el cargo, doña Manuela Carmena, (https://gonzalorodriguezjurado.blogspot.com/2016/01/con-el-debido-respeto-senora-alcaldesa.html) en la que me permitía darle algunos consejos o, por decirlo mejor, algunas sugerencias. No soy yo nadie para dar consejos a políticos consagrados como usted o Manuela Carmena. Pero compréndalo, la política municipal es la que más afecta al ciudadano, la que de verdad puede influir en su vida diaria. Por eso, y porque estoy convencido de que su voluntad es precisamente la de mejorar la vida de los madrileños, me tomo la licencia de ofrecer mi punto de vista como administrado por usted.

Es sabido que recientemente Madrid ha sobrepasado a Moscú como capital europea con más árboles. Lo que añadido a su tamaño infinitamente menor que la capital rusa, da una idea aproximada de la densidad de árboles que tenemos, y deja claro el amor de los madrileños por los árboles. Por eso no parece muy acertado que, precisamente desde el mandato de doña Manuela Carmena, se haya dejado de ver a las cuadrillas que antes podaban, cuidaban y mimaban los árboles de Madrid. Y que ahora para lo único que se hable de ellos, sea para cerrar los parques cuando hay viento, por si se le caen encima a un paseante. Algo nada extraño si tenemos en cuenta que su cuidado no sólo pasa por no podarlos sino también por no examinarlos regularmente.

Pero siendo preocupante el desamparo de nuestros árboles, no lo es menos el peligro constante que para la seguridad de los madrileños supone el goteo incesante de patinetes y bicicletas por cruces, aceras y parques. Vamos a ver: Ni somos Sevilla, ni somos Valencia, que son ciudades planas, ni debemos compararnos con ninguna otra ciudad. Por mucha conciencia ecológica que ustedes tengan, o por mucho complejo que les suponga no tenerla, Madrid se encuentra en las estribaciones de Sistema Central, por lo que es casi imposible encontrar una sola calle que no esté en cuesta. Puede usted estar seguro de que nadie, repito, nadie coge el coche en Madrid porque le diviertan los atascos, porque le guste contaminar o por fastidiarle a usted. Muy al contrario, son usted y sus predecesores los que sistemáticamente se han dedicado a entorpecer el tráfico, en lugar de hacerlo más fluido. Y todo ello a base de estrechar calles, ensanchar aceras donde no hacía falta y sembrar Madrid de bicicletas y patinetes que no respetan una sola norma de circulación, poniendo en riesgo la integridad de los transeúntes. Y entre esos transeúntes se encuentran personas mayores, niños, ciegos, etc. Pero claro, si ustedes se dedican a sembrar Madrid de torpedos vivientes a los que nadie exige un permiso de conducir, un seguro ni la más mínima identificación, es fácil que el saldo sea positivo… a favor de los que atropellan gente. Porque si estamos venga a estrechar las calles, a complicar la vida a los coches para poder poner más y más carriles bici, y resulta que nadie los utiliza, creo que estamos haciendo un negocio muy extraño. Si me admite la sugerencia, en París han hecho un referéndum para preguntar a los ciudadanos si estaban favor de la libre circulación de patinetes por la ciudad. No le digo cuál de las dos opciones ha ganado por casi un noventa por ciento, pregúntelo usted.

Usted se presentó por primera vez con la promesa de desbloquear el centro de Madrid, la gente le votó, y no sólo no lo desbloqueó, sino que amplió el bloqueo, ¡y le volvieron a votar! Es decir, usted “protege” el distrito Centro de los ciudadanos que le pagan, pero usted, sus concejales y sus chóferes pueden pasar sin ningún problema por allí. Todo muy lógico. Y hablando del distrito Centro: hasta donde yo sé, el turismo es una de las principales fuentes de ingresos de nuestra querida ciudad ¿verdad? Pues no veo muy rentable para el turismo que tenga usted a oscuras todo el centro, empezando por la calle Alcalá, siguiendo por la Gran Vía, Príncipe de Vergara, Velázquez, La Castellana y todas las calles más comerciales y de ocio. En todas esas calles, se divisa un puntito de luz en lo alto de cada farola, pero iluminar, lo que es iluminar poco. O no ha cotejado usted las cifras de atracos a turistas, o le dan igual o nuestros tradicionales chorizos no son ya lo que eran.

Por último, permítame solo una apreciación basada en mi experiencia. Nada de datos, cifras oficiales, ni cosa alguna otra. Hace años tuve el honor de trabajar como responsable de Cultura de un par de distritos, en la corporación de su antecesor, D. José María Álvarez del Manzano. Entonces los equipos de Cultura los nombraba cada concejal, hasta que llegó doña Manuela Carmena, nombró a los suyos, los hizo fijos, llegaron ustedes y no dijeron ni pío. Por no molestar, supongo. Bueno, el caso es que fue en aquella época en lo que, harto de atascos, opté por utilizar el transporte público para desplazarme por Madrid, y nunca me había arrepentido de ello… hasta ahora. Y antes de que alguien me diga que los transportes dependen de la Comunidad de Madrid, aclaro que la EMT, no. Pues bien, entonces las frecuencias de los autobuses en un día laborable normal, eran de dos o tres minutos; con el señor Ruiz-Gallardón y su lugarteniente Ana Botella, la cosa aumentó a cuatro o cinco minutos; Con doña Manuela Carmena, la cosa se fue a ocho o diez; y actualmente, con usted, no es infrecuente ver en las pantallas de las marquesinas, donde se indica el tiempo que va a tardar tu autobús, el fatídico +20, que quiere decir que va a tardar más de veinte minutos. ¿Cuánto más? ¡ah, más de veinte! Si no fuera porque usted persigue con saña, acosa y multa a los que no tenemos dinero para comprarnos un coche eléctrico, volvería a coger mi coche para andar por Madrid. Por eso y porque todavía nos queda el Metro, claro. Por cierto ¿su coche y los de sus concejales son eléctricos?

jueves, 19 de octubre de 2023

La mala educación

 

Creo que el título de este artículo coincide con el de una película de Pedro Almodóvar. Nada que ver, no me interesa el cine en general, menos aún el cine español, salvo honrosas excepciones y nada en absoluto Pedro Almodóvar. Ni en general los ignorantes que dan lecciones de todo sin saber de nada. O sabiendo solamente de cine subvencionado, que para el caso…

Lo que sí me interesa, en realidad me preocupa, es la absoluta degradación en la que ha caído la convivencia en España. Una convivencia que desde principio de siglo dio frenazo y marcha atrás, sin que hasta ahora haya dado síntomas de mejora. Quien como yo, fuera joven a final de los setenta y a lo largo de los ochenta y los noventa, sabrá de lo que hablo. Entonces podías tener amigos de todas las tendencias políticas, salir juntos e incluso hablar de política sin que nadie te insultara, te acusara de genocida o te retirase el saludo. Todos estábamos de acuerdo en que estaba muy mal que hubiera una banda de asesinos, secuestradores y extorsionadores; o una oligarquía industrial dispuesta a cargarse la convivencia entre españoles para sacar más dinero. Pero, en fin, eso es tiempo pasado y, como bien dijo Jorge Manrique, cualquier tiempo pasado fue mejor.

El hecho es que siempre ha habido gente educada y gente mal educada. Y normalmente, estos últimos se pensaban que la educación era saber coger los cubiertos en la mesa, ceder el paso a las señoras… y poco más. Es decir, la parte más superficial e irrelevante de la educación. Pero claro, no se puede pedir al burro que galope ni a la gallina que vuele. Quien no está capacitado para aprender algo, no es culpable de su ignorancia. Lo malo es que el crecimiento de gente que ignora las más elementales formas de convivencia, es exponencial. Las generaciones van pasando y quien no tiene educación, no puede enseñársela a sus hijos.

Las formas son importantes porque reflejan el fondo o, por decirlo de otro modo, todos somos lo que parecemos, salvo excepciones puntuales. Si usted ve a una persona en traje de baño, con una toalla al hombro, normalmente vendrá de la playa o de la piscina; si ve un coche fúnebre con varias personas o coches caminando detrás, muy probablemente se trate de un entierro… y si ve a un tío gritando e insultando a su mujer en un sitio público, sin duda se encuentra usted ante un auténtico gañán.  Lo dicho, las formas indican el fondo con bastante exactitud. Y si hay algo que es forma pura, pura representación, son los símbolos, en concreto la bandera o las banderas, que tanto da. Cada uno la suya, desde la bandera nacional, a la de su comunidad o la de su equipo de fútbol, resulta del todo inadmisible, por respeto a la institución que cada una de ellas representa, utilizar una bandera como capita al modo de Superman, como mini falda o como bufanda. Por mucho que con ello se quiera tener más cerca. Esa bandera representa una serie de ideas, personas y, sobre todo, sentimientos, que merecen ser tratados con la máxima dignidad y respeto. Si se respetan, claro, porque hay banderas que personalmente me producen picores, pero este es otro tema. Nunca me haría una capita con la bandera de Portugal, por respeto a nuestros hermanos portugueses; ni con la bandera de Francia por respeto a nuestros amigos franceses; ni siquiera con la de Marruecos, por respeto a nuestros no tan amigos marroquíes. Cuánto menos con la nuestra.

Quien tenga la suerte de pasear por Madrid, sobre todo en época de terrazas, podrá comprobar de manera casi inexorable que en todas y cada una de ellas, hay al menos una jovencita con los pies encima del asiento. Normalmente chicas, repito. Parece ser que creen que esto les da un aire desenfadado, relajado y juvenil. Entiendo que en su casa también se sentarán así y no lo critico: cada uno en su casa hace lo que le da la gana… o lo que le dejan. Pero hacer eso mismo en un sitio público, aparte de imitar la postura de los chimpancés cuando les ponen en una silla, resulta poco respetuoso para quien se vaya a sentar después en la silla, poco higiénico por estar tocándose los pies en la mesa y poco estético en general ¿Alguien se imagina a la presentadora del Telediario sentada en su mesa con los pies en el asiento? ¿Y a la directora de la sucursal a la que vamos a pedir un crédito? No parecería muy desenfadada y juvenil sino una auténtica imbécil. ¿Y una profesora haciendo lo propio en clase? ¿Qué respeto transmitiría a sus alumnos? ¿Nos darían mucha confianza una doctora o una abogada que nos recibieran de esa guisa? Pues al final, como hemos visto antes, la educación cuida las formas y las formas cuidan la imagen de quien las usa. No es nada más que eso, ni nada menos.

martes, 10 de octubre de 2023

LA PESADILLA DE RECESVINTO

 

Sucedió que, en noviembre de 1985, mes y medio antes de España fuese miembro de pleno derecho de la entonces Comunidad Económica Europea y hoy Unión Europea, mi amigo Recesvinto sufrió un grave accidente. Consecuencia del mismo, Recesvinto acaba de volver de treinta y ocho años de un larguísimo estado de coma. Tras la lógica conmoción de Recesvinto y de su familia -su madre, en realidad-, he conseguido verle y, finalmente, el otro día salimos a celebrarlo.

Como parece lógico, le pregunté qué era lo que mas le apetecía hacer, lo que más echaba de menos después de tanto tiempo y que yo, a pesar del cambio de mentalidad por el paso de los años, estaba dispuesto a hacer sin más contemplaciones. Así que, en primer lugar, nos fuimos a tomar el aperitivo y, si se terciaba, comer en un bar o un restaurante. Lo primero que le extrañó a Recesvinto fue ver una botella de aceite sobre la mesa y me dijo que qué gente más cutre, que ponía la botella en lugar de usar una vinagrera. Le expliqué que es que ahora estaba prohibido usar el aceite traspasado de la botella ala vinagrera

- ¿Y el vinagre, la sal y la pimienta?, me preguntó extrañado

- Lo mismo, tienen que ponerlos en botella y en sobres cerrados. Son normas comunes para toda Europa y sirven para garantizar la higiene y la salud…

- Pues nunca hubiera pensado que el aceite, el vinagre la sal o la pimienta fueran malos para la salud.

En esas estábamos cuando Recesvinto me pidió un cigarro, diciendo que treinta y ocho años sin fumarse un pitillo con una caña, se le estaba haciendo largo…

- No puedes, le dije

- ¡Mira, déjame en paz! Que mi madre no me deje fumar porque esté preocupada por mí, es lógico: para eso es mi madre. Pero que tú me digas que no puedo fumar…

- No, no, que no puedes fumar dentro de un bar, que está prohibido

- Pues vámonos a otro bar…

- Está prohibido en todos. Y en los restaurantes y en las tiendas y en el metro…

- Sí, bueno, lo del metro es lógico en los vagones, pero…

- En todo el metro.

- ¡Madre mía! ¿Y eso? si en los andenes y en los pasillos no molestas a nadie. Y en cuanto a los bares ¿quién va a un bar a en el que no te dejan fumar, o a un restaurante donde no te puedes fumar un pitillo entre platos, o un puro después de cenar?

- Nadie. No existen.

- Al menos, podrás comprar tabaco

dijo mientras se dirigía a la barra para pedir tabaco al camarero. Este le señaló la máquina mientras le ponía sobre la barra el mando a distancia. Pensando que eso no iba con él, se dirigió a la máquina, echó sus monedas que ya controlaba, y se volvió al camarero a preguntarle porqué o funcionaba la máquina. Menos mal que el camarero le activó la máquina y pudo sacar el tabaco sin más incidentes. Luego tuve que explicárselo: un menor no puede sacar tabaco de la máquina, aunque sea para su padre que está a dos metros, en la barra. Sí, también la Unión Europea. Más aún, un menor no puede comprar ni consumir alcohol, no ya en un bar, ni siquiera en la vía pública. “¡¿De verdad, con las que nos hemos tomado en el parque?!” Pues eso, también Europa.

Como es lógico, la conversación fue discurriendo sobre aquello que fuimos y sobre todo, sobre las cosas que hacíamos

- Ya mismo estamos en la sierra recogiendo musgo para el belén de tu madre

- Bueno, verás… tampoco podríamos ir a coger musgo para el belén. También se prohibió hace tiempo para proteger la Naturaleza. Imagínate si todos nos dedicásemos a arrancar el musgo que protege las rocas…

- ¡¿Que las qué?! ¿Y de qué las protege, de la lluvia? Si a las rocas les da igual mojarse. Y, sobre todo, si se mojan vuelve a salir el musgo. Cuando éramos jóvenes, cogíamos el musgo para el belén en la sierra. Todo el mundo cogía el musgo para el belén en la sierra y nunca se agotaba. Recuerdo que era uno de mis planes favoritos en diciembre. Como lo era oler la quema de rastrojos al final de la primavera o al principio del otoño, después de limpiar el monte… ¿Qué te pasa?

Algo debió ver demudarse en mi cara, porque sin decirle nada me dijo

- ¿También prohibido?

- Sí: quemar rastrojos y limpiar el monte, todo prohibido. De hacer una barbacoa en el campo o una hoguera para asar sardinas o chorizos, ni hablamos ¿Te acuerdas? Pues acuérdate bien porque no vas a volver a verlo

- Con lo bien que lo hemos pasado y nunca jamás pasó nada ¿La maldita Unión Europea?

- Y la que no es unión, que aquí también tenemos y hemos tenido grandes figuras. Políticos que en lugar de dedicarse a lo suyo, que es administrar el Presupuesto, se han dedicado a prohibirlo todo. Si a un político no le gusta la caza, prohibida la caza; si no fuma, prohibido el tabaco; si no le gusta el alcohol, prohibido comprar alcohol después de las diez de la noche… o sea que lo que no hayas bebido antes de las diez, te lo bebes ya por la mañana. No sé si te has fijado este verano que no había trampolín en ninguna piscina.

- ¡Es verdad, con lo bien que lo pasábamos! No te has pegado planchazos hasta que aprendiste a hacer el mortal…

- Prohibido

- No sigas, por favor. Termínate eso y vamos a la Gran Vía ¿sigue abierto Tartufo?

- No, no, cerró hace muchos años. Pero es que hay algo más: tampoco podemos ir al centro en coche

- No me digas que han puesto controles

- Peor aún, cámaras. Cámaras que te persiguen, te fichan y te multan sin que te bajes del coche.

- Anda ya ¿Como en la Unión Soviética?

- Ojalá. Es una norma común a toda la Unión Europea, para preservar el buen ambiente y disminuir la contaminación en las grandes ciudades. Todo está lleno de cámaras.

- ¿Y qué se hace ahora para ligar?

- ¡Uy, cuidado con eso! Ni se te ocurra acercarte a una chica haciéndote el simpático ni el gracioso. Como interprete que le estás acosando, estás listo. De momento, esa noche duermes en comisaría. Y espérate si la interfecta no tiene un poco de mala leche, está amargada o se encuentra una amiga que le dice que te puede sacar mucho dinero, porque te lo saca. E igual conoces la cárcel por dentro. Ni siquiera te puedes dejar llevar por tu instinto ligando por pantalla…

- ¡¿Por pantalla?! ¡Mira, ya esta bien! Porque sé que esto no es más que un sueño, que voy a volver a mi casa, me voy a acostar y cuando me despierte te contaré todas las chorradas que me has dicho. Y después lo celebraremos con un barril de cerveza. ¡Menuda pesadilla de futuro…!

 

lunes, 11 de septiembre de 2023

EL FALDALÓN O FALDABRAGA

 

Desde que Mary Quant diseñó por primera vez la minifalda, a mitad de los años sesenta, cientos de miles e incluso millones de chicas y no tan chicas, se han apuntado a esta prenda. Lo que inicialmente surgió como rebelión tardó poco en convertirse en provocación. Y si tenemos en cuenta que la esencia de la provocación es la insinuación, es fácil entender que la minifalda cumpla su función a la perfección. Es decir, hasta aquí te dejo ver  y el resto, veremos… Nadie se me escandalice porque cualquiera que haya andado en las lides del cortejo, sabe que al hombre se le conquista por el ojo y a la mujer por el oído. O lo que es lo mismo, el hombre tiene que hablar y la mujer tiene que enseñar, si quieren llamar la atención de la persona elegida. Por su puesto aquí no hay axiomas ni esta ciencia es exacta. Cada uno es cada cuál y cada cuál es cada quién. Cada uno enseña y dice lo que le da la gana, y así debe ser. Por eso hay que andarse con cuidado con las generalizaciones, más aún en esta época de inquisición, donde siguen existiendo la denuncia secreta, la hoguera purificadora y el sambenito.

Pero vamos a lo que vamos: como decía más arriba, hay chicas mayores, muy mayores o incluso no tan chicas, que se empeñan en lucir una prenda que más bien debería estar reservada a un perfil bastante concreto de usuaria. Nada que objetar. Póngase lo que quiera ponerse, quien se lo quiera poner, faltaría más. Otra cosa distinta es que quien lo vea, tenga que aplaudir o volverse a mirar algo que no le interesa nada. Y no solamente por la edad, sino además por el aspecto físico. Es de manual que si lo que tienes más atractivo -todo el mundo tiene algo atractivo- son los ojos, lo que debes hacer es atraer la tención sobre tus ojos; si lo son tus brazos, deberás enseñar los brazos; si tu cara, que se fijen en tu cara y si tienes un buen trasero te sentarán como a nadie unos buenos vaqueros. Bueno, pues a pesar de eso, hay quien se empeña en llamar la atención sobre la parte de su cuerpo menos atractiva y ocultar lo mejor que tiene, porque está de moda una prenda que le sienta como un tiro. “La moda no es para todas”, decía una amiga muy querida, con bastante buen criterio.

En lugar de eso, hay quien se empeña en forzar la situación y, si no soy capaz de llevar una mini con la soltura necesaria para que cumpla su función, tendrán que inventar algo para que las que no podemos, no sabemos o no queremos llevarla, podamos hacer como que la llevamos. Y lo han inventado, vaya que si lo han inventado. Buenos son los empresarios de la moda: ha nacido el faldalón o faldabraga. El demoníaco invento consiste en un pantaloncito mínimo, al que por delante se le echa una tela para que parezca que es una falda, y por detrás rebela su auténtica naturaleza. Es decir, confiesa la falta de auto estima de la usuaria. Pero además con el agravante de que el más mínimo síntoma de ensanche de caderas no deseado se reflejará inmediatamente en el descuadre de la malhadada telita protectora. Nada que objetar, insisto. Como tampoco tengo nada que objetar ante la moda de ponerse pantalones de deporte muy anchos… y debajo unos calzoncillos de los que llaman slip.

Me dejaría matar por defender el derecho de cada cuál a vestirse exactamente como le dé la gana. Más aún, me da exactamente igual la moda, la minifalda o el faldalón. Una vez demostrada mi absoluta incapacidad de emitir un juicio relativamente relevante en lo que a moda se refiere, declaro que estoy encantado de haber cumplido con el objetivo de este artículo. Y este no es otro que tocar las narices a todas aquellas que se consideran legitimadas, solo por el hecho de ser mujeres, para decir a los demás lo que se puede pensar, lo que se puede decir y a quién se le puede decir. También a esos que se auto censuran y censuran a los que nos salimos del carril opinando lo que nos apetece opinar, sin el más mínimo respeto a las balizas puestas por los amos.

Si a estas alturas de lectura está usted convulsionando, me doy por contento, señora. O como diría la suma sacerdotisa del feminismo nacional en un memorable discurso, “jo, tía”. Si está usted indignado por esta irreverente falta de respeto a las normas, hágamelo saber de la forma más airada posible y lo celebraremos. ¡Viva la libertad!

sábado, 5 de agosto de 2023

NEGACIONSITAS Y TRAGACIONISTAS

 

Si alguien ha sabido, desde los años sesenta y setenta del siglo pasado, manipular, dirigir y controlar la opinión pública, ese ha sido el sindicato del Partido Comunista de España, Comisiones Obreras. Y esto lo hacía de manera magistral a través de asambleas en fábricas, institutos y universidades; o de parroquias. Ya entonces, de manera clandestina, existían manuales para esto, que te enseñaban dónde situar a tu gente en la asamblea o manifestación, a controlar el orden de las intervenciones, etc. Muy, muy interesantes, la verdad. A nadie debe, por tanto, extrañar que una coalición de partidos en la que uno de ellos está encabezado por una sindicalista de Comisiones Obreras, hija y nieta de sindicalistas, haya dado la vuelta a un resultado electoral que preveía su desaparición. Mientras tanto, los otros dos partidos se apuñalaban entre sí. Allá ellos, pero no es ese el asunto de este artículo. Sí lo es, en cambio, que uno de los recursos más utilizados siguiendo estos manuales, entonces y ahora, para neutralizar cualquier tipo de oposición, consistía en agrupar a todos los disidentes bajo un único adjetivo peyorativo: fascistas, fachas, violentos, partidarios de la guerra, pagados por la patronal, vendidos, etc. De esta manera, todo el que se sale de las directrices ideológicas o políticas, pasa engrosar las filas de un enemigo al que hay que abatir a toda costa. Y para eso se le señala públicamente de manera que sus compañeros, amigos e incluso su propia familia le afeen la conducta. Y la cosa funciona, vaya que si funciona. Lógicamente, todo este sistema de control ideológico o de la opinión, no es original de este sindicato, aunque sí es verdad que ellos han aportado mucho al mismo. Su origen posiblemente esté en los movimientos revolucionarios de los siglos XVIII y XIX, pasando por la Unión Soviética y sus terminales de manipulación ideológica en la Europa Occidental del siglo XX: pacifismo, ecologismo, literatura, cine, universidades, etc.

Pues bien, uno de los recursos de manual, como digo, para imponer la idea indiscutible, inapelable y hasta dogmática, del famoso “cambio climático”, es la de tachar de negacionista a todo aquél que se le ocurra cuestionarlo. Se dice que el cambio climático es una realidad científicamente contrastada, pero no se dice que todo aquél científico que ose poner en cuestión el dogma del cambio climático, no va a volver a dar una conferencia, a ser contratado en ninguna universidad ni a publicar nada. Así, sin más. Y todo porque va a quedar adscrito a la etiqueta de “negacionista”. Por supuesto, todo aquél que se atreva a preguntar qué es lo que está cambiando del clima, cómo o dónde, también será un negacionista digno de ser perseguido sin cuartel. Todo menos contestar a esas preguntas tan sencillas. Porque aunque usted no lo sepa porque es muy joven, esta historia del cambio climático no es original. Se inicia en los EEUU en la época de Bill Clinton y su vicepresidente Al Gore, quien después ha recorrido el mundo dando conferencias millonarias en las que proyecta imágenes de terremotos, erupciones volcánicas y tormentas tropicales para asustar al personal. Todo ello en su avión de keroseno ultra contaminante, claro. Pues bien, entonces el origen de la destrucción (que iba a tener lugar en 2020, por cierto) no era el cambio climático sino un tremendo agujero en la capa de ozono que envuelve la Tierra y que los malvados seres humanos estábamos agrandando a base de usar aerosoles. Cuando se demostró que aquello era una tontería como la copa de un pino y que el aumento o disminución de la capa de ozono dependía de otros factores muy diversos y ajenos al espray de su desodorante, hubo que inventar otra cosa. El caso es que se había demostrado que generar miedo y culpa era rentable, así que se recurrió al “calentamiento global”: en teoría, la Tierra se estaba calentando a tal velocidad que en pocos años nos íbamos a freír como churros en feria. Pero la Tierra, tan indisciplinada ella, se enfrió, luego volvió a calentarse y luego volvió a enfriarse. Es decir, siguió su ciclo normal. El hecho es que si se hablaba de algún síntoma concreto para predecir la catástrofe, la Ciencia se empeñaba en demostrar lo contrario, por lo que hubo que recurrir a algo más genérico, no concreto ni rebatible por los hechos empíricos. Así que, de momento, los científicos fuera del debate. Y a continuación buscar un argumento que siga generando la misma culpa y el mismo miedo, por lo que diremos que “el clima” (algo muy genérico) “está cambiando” (sin decir qué es lo que está cambiando, es decir, algo mucho más genérico).

Y al impertinente que se le ocurra venir con pamplinas de demostraciones científicas, le colgamos el calificativo de negacionista y que se prepare. A ver quién se van a creer que manda aquí. Eso sí, solo se puede poner calificativo a unos, a los rebeldes, ateos e incrédulos. Entonces, si los que se niegan a renunciar a su vida, a su prosperidad, a su progreso y al  de sus hijos, en favor del dominio de cuatro ricachos americanos, europeos, chinos y rusos, se llaman negacionistas ¿no habría que llamar tragacionistas a los sumisos?

miércoles, 26 de abril de 2023

HAY QUE PLANTARLES CARA

 

Si uno repasa la inmensa cantidad de libertad que hemos perdido desde que los que fuimos jóvenes en los ochenta y los noventa dejamos de serlo, le dan ganas de coger un garrote y liarse a garrotazos. En nombre de la Santísima Trinidad Progresista (Pacifismo, Ecología y Feminismo), han segado una a una todas nuestras costumbres, desde el más pequeño detalle hasta las iniciativas particulares más elementales. Desde comer con un salero y una botella de aceite encima de la mesa, pasando por fumar donde te diera la gana, con la única limitación de respetar a menores, enfermos, personas mayores y espacios cerrados; a que te prohíban comprarte el coche que te dé la gana, si puedes pagarlo. Antes que alguien me suelte los perros, aclaro que no estoy defendiendo la imposición de los fumadores sobre los no fumadores, sino la libertad de elegir. Por ejemplo, que el dueño de un restaurante sea quien decida si se puede fumar o no se puede fumar en su local, asumiendo las consecuencias sobre su facturación. Asunto suyo, en todo caso. Y que sea el cliente quien decida si entra o no entra en su local. No parece tan difícil.

Pero esto no va de poder fumar en los bares, es algo mucho más grave: es el auténtico Gran Hermano. No el de encerrar a unos cuantos jóvenes en una casa para mirar cómo copulan, sino el que describió George Orwell en su novela “1984”. El de un estado omnipresente que te vigila en la calle, en el trabajo, en la playa y hasta en tu propia casa. Ese que te obliga a auto censurarte: a no decir, a no ver, a no oír, a no hablar, a no mirar… por si acaso. Y es que, si hay algo más insoportable y humillante que la censura, es la auto censura, el hacerte tener miedo de ti mismo, de no pensar como “debes” pensar. Algo tan humano como decir que no quieres que tus hijos sean educados en unos principios que ni compartes ni te perecen correctos, y que además encuentras nocivos para ellos. Que le puedan decir a tu hijo de diez, once o doce años que lo que realmente le pasa es que se siente mujer. O a tu hija de catorce que es un bicho raro porque todavía no se ha acostado con nadie. Que cualquier profesor o profesora mamarrachos, les puedan poner la cara colorada delante de sus compañeros, porque en una redacción cuenten lo orgullosos que están de haber ido por primera vez de caza con su padre o a los toros con su abuelo. O de que su bisabuelo muriese en la guerra de Cuba. Si es que todavía se hacen redacciones, que me temo que no.

Hay que plantar cara a estos tipos, que no son de izquierdas ni de derechas sino de todas las opciones políticas y religiosas posibles. Que no son de aquí ni de allá sino de todas partes. De toda Europa, en concreto, que es el lugar en el que con mayor motivo debemos avergonzarnos de nuestra Historia, de nuestra cultura y de nuestras costumbres, porque los que nunca han alcanzado nuestro nivel de civilización pueden ofenderse. Son seguidores de ridículas pero diabólicas “agendas” en las que nos dictan cómo, cuándo y cuánto podemos actuar. Qué podemos o no podemos hacer con nuestras vidas, con las de nuestros hijos y con nuestro dinero; qué podemos pensar y qué podemos decir. Que dejen de escupirnos a la cara diciéndonos que pertenecemos a una especie depredadora, que es la única que sobra en el planeta, o que lo mejor que podemos hacer cuando alguien nos ataque, es bajar los brazos en nombre de la paz. De una paz construida por ellos y basada en la abulia y la cobardía de quien se cree que lo tiene todo sin tener derecho a ello, y que teme perderlo. Que dejen de enfrentarnos a nuestras mujeres, a nuestras madres, a nuestras hijas y a nuestras amigas, y de presentarnos ante de ellas como violadores, acosadores y depredadores sexuales.

Ya está bien, acabamos con ellos o ellos acaban con nosotros. Y no estoy llamando a  ninguna revolución o acto violento sino a la resistencia pasiva. A no pagar productos o servicios que se anuncien como salvadores del planeta, por ejemplo. O productos que se anuncien presentando a un hombre pánfilo, admirado de lo lista que es su mujer. A no ver películas donde el “protagonista” sea un colectivo de un blanco sumiso, una pareja gay de un negro y un hispano y una mujer listísima que lo arregla todo. Hay muchas maneras de oponerse, pero sobre todo, eligiendo en qué nos gastamos nuestro dinero. En todo caso, deseche toda esperanza quien crea que cambiando el Gobierno o votando a otro partido, esto se va a revertir. No es así por dos motivos: primero, porque ya se ha demostrado una vez que no es así; y segundo, porque es igual en toda Europa, gobierne quien gobierne. No depende de los gobiernos, me temo que viene de más arriba.

Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

miércoles, 12 de abril de 2023

¡Que no es el cambio climático!

 

Hace no más de un mes, ha tenido lugar una oleada de incendios en Asturias que han llegado a sumar hasta ciento treinta y cinco, con una superficie quemada en torno a las veinte mil hectáreas. Para quien no ande muy fuerte en matemáticas, el estadio Santiago Bernabéu de Madrid no llega a una hectárea: una hectárea son diez mil metros cuadrados y el Bernabéu mide nueve mil. A la espera de datos oficiales definitivos, las autoridades estiman que el ochenta por ciento de estos incendios han sido provocados por el hombre (y la mujer, para no salirme del rebaño). De ellos, más del noventa por ciento, de manera intencionada.

En estas circunstancias avergüenza, escandaliza e indigna a partes iguales, que cuando hayan puesto un micrófono delante de los hocicos a cualquier político, gobernante o mindundi, haya tenido que vomitar la perorata del cambio climático, incluido el Presidente del Gobierno. Son los mismos que han hecho leyes contra la limpieza del monte, contra la ganadería, contra la agricultura y contra la caza, y las han impuesto a machamartillo en todo el territorio nacional. Leyes que afectan a sierras, a llanos, a sembrados, a dehesas y a barbechos. Leyes, en fin, que no solo impiden la limpieza del monte, de los restos de siega o del barbecho, sino además prohíben a los animales alimentarse, condenándolos a un sacrificio inútil. Leyes que imponen absurdas regulaciones pretendidamente destinadas a procurar el bienestar animal, creyendo que los animales necesitan las mismas comodidades que los seres humanos, como espacio entre ellos, paseos diarios, etc. Y sí, he dicho bien, creyendo, no sabiéndolo.

Porque estas siniestras regulaciones anti agricultura, anti ganadería, anti pesca, anti campo y anti libertad vienen impuestas por cuatro niñatos que nacieron y se criaron en las grandes ciudades. Que uno dos, tres o quince días salieron de excursión a la sierra con los de su barrio y lo pasaron tan bien que decidieron que eso era lo suyo. Muchos de ellos incluso leyeron algo y la mayoría se dedicó a informarse sobre el tema en internet. Y allí descubrieron los textos de los mismos niñatos de California, Alemania o Francia que ante la falta de problemas en los años setenta, se habían inventado una pretendida destrucción inminente del planeta. Y que ante el vacío ideológico creado por la caída del Muro de Berlín en la izquierda, esta puso todo su aparato de propaganda y subvenciones a su servicio, para mantenerse vivos mutuamente. A día de hoy, el planeta sigue vivo y goza de buena salud, nadie ha conseguido demostrar que las variaciones del clima supongan un verdadero problema, ni mucho menos que tengan un origen antropogénico. O sea, que sean provocadas por el hombre. Pero el monte se puede seguir quemando porque así podemos culpar al cambio climático, aunque  se demuestre que el fuego ha sido provocado.

El otro día, cuando daban la noticia de los incendios, la estaba viendo con un amigo, hijo de un pastor de Ciudad Real, de un pueblo cercano ya a Sierra Morena y vecino precisamente del de la ministra Portavoz del Gobierno. Solo me hizo un comentario pero no le hizo falta decir más: “si nos dejaran quemar solo lo que hay que quemar…” Efectivamente, desde hace cientos de años el bosque se cuida quemando la leña que cae al suelo, recogiéndola para calentar las casas y encender las cocinas; o metiendo a los animales para que arranquen la hierba que de otra manera se convertiré en yesca para verano; o cortando las ramas bajas… o como quiera que cada uno siga las tradiciones centenarias de su pueblo o de su comarca para mantener el bosque. Para vivir de él y para conservarlo vivo cuando algún hijo de su madre o algún despistado le prenda fuego.

El verano pasado, más terrorífico que el anterior y menos que el que viene, había que oír hablar a todos los periodistas y jefes de clanes ecologistas, que habían descubierto el concepto de “incendios de segunda generación”. Esto no es otra cosa que incendios cada vez más frecuentes y voraces, pero no porque los incendios sean hijos de otros incendios, sino sencillamente porque los bosques tienen cada vez más combustible que quemar.  Pero parece que si decimos que son de “segunda generación” nos preocupamos más por el tema, aunque no hagamos absolutamente nada útil al respecto…

En octubre hablamos.


Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

viernes, 10 de marzo de 2023

La religión climática

 

Desde que el mundo es mundo, y desde que su más poderoso habitante es el Homo Sapiens, en su variante Sapiens Sapiens, este ha mantenido una constante lucha entre intentar buscar explicación racional a todo lo que ocurre a su alrededor; o atribuirle una explicación mágica. En esas circunstancias surge la Religión o por decirlo mejor, las religiones, capaces de lo más grande y lo más miserable. Desde evitar que la conquista de medio mundo, se realice por la fuerza, la explotación y el exterminio de sus habitantes, hasta justificar los asesinatos y la eliminación física de centenares de miles de personas. Siempre el ser humano ha buscado en lo divino la justificación para sus mayores hazañas y para sus más miserables vilezas. Y siempre, cómo no, ha habido quien ha estado dispuesto a justificar en nombre de la divinidad todas esas hazañas y todas esas miserias. Porque donde hay alguien dispuesto a creer lo que otro le dice si es para justificar sus actos, hay alguien dispuesto a decirle lo que quiere oír. De hecho, lo de justificar cualquier cosa en nombre de la divinidad, sobre todo si así se apoya al poderoso, es una profesión desde hace milenios y se llama religión oficial. Si mi poder viene de Dios y yo gobierno en su nombre, nada de lo que haga puede ser criticado, así que a callar.

Ese poder divino se ha llamado unas veces faraón, otras emperador, otras inca, otras zar, otras revolución, otras raza… y últimamente parece que se llama Planeta. Nada de lo que se haga para favorecer a la divinidad puede ser cuestionado bajo pena de ser señalado, apartado, acusado de traidor y estigmatizado. Y para eso siempre ha habido una élite sacerdotal que decide quién es buen creyente y, por tanto, quién está autorizado a vivir en paz y a disfrutar de las ventajas y la protección de su civilización. Los que queden fuera tendrán que apañarse solos.

En estas circunstancias, si la casta sacerdotal dice que Nuestro Padre Planeta está en peligro por nuestros pecados, porque nuestro comportamiento egoísta ha hecho que el clima cambie, a ver quién tiene narices para decir lo contrario. Más aún, en nuestro propio ser está el pecado original de haber nacido, ya que la especie humana es la única que le sobra a Nuestro Padre Planeta. Pero es que la cosa va más lejos aún: la culpa la tenemos, no solamente por haber nacido en la especie depredadora que destruye a Nuestro Padre Planeta sino, además, cada uno de nosotros individualmente con nuestro comportamiento. Somos agresivos, egoístas y soberbios, por eso todo lo que hagamos para redimir nuestras culpas será insuficiente: el clima ya está alterado por nuestra culpa y nada de lo que hagamos va a poder redimirnos. Como mucho, dejar de evolucionar hacia una destrucción segura.

Ahora bien, no se le ocurra a usted preguntar cómo se supone que debería ser el clima. Me explico, no pregunte usted dónde pone que, en tal fecha del año, en tal lugar, tiene que hacer tal clima: llover, nevar o hacer viento. Le responderán que “los expertos” dicen que esto es así “de siempre” y que ahora ya no lo es. Pero no le dirán que ese “de siempre” no tiene más de ochenta o noventa años, porque antes no hay ni un solo registro de clima; no le dirán que en ninguna parte pone cómo tiene que ser el clima en cada momento y en cada lugar, porque el clima depende de tantísimas variables que es imposible determinarlo; no le dirán que hemos pasado cuatro glaciaciones en las que el planeta se ha congelado completamente, y sus respectivos calentamientos globales para volver a hacer la Tierra habitable; no le dirán que detrás de esa penitencia que debemos auto infligirnos, renunciando a nuestro progreso, nuestra comodidad y la de nuestros hijos, hay intereses nada ocultos que no se basan solo en el enriquecimiento, sino en nuestro sometimiento a base de arruinarnos… No le dirán nada de eso, solamente le dirán que es usted culpable. Así son muchas religiones.

jueves, 12 de enero de 2023

Las niñas burladas

 

A estas alturas del recién estrenado año, me debato entre si me interesan menos los cuernos de la hija de Isabel Preysler, o los de Shakira. Tarea inútil, por otra parte: pongas la emisora que pongas de radio, de televisión o consultes el periódico que consultes en internet, recibirás un caudal interminable de opiniones sobre ambas “noticias”. Al parecer, son muchísimo más importantes que el hecho de que nos estemos ahogando en el fango como país, como continente y como mundo.

Reconozco que lo preocupante no es que estas dos ciudadanas tengan interés en contar su vida privada, he visto cosas muchísimo más soeces, sino que haya a quien le interese. Y no solo eso, sino que haya tanta gente a la que le interese y que esté dispuesta a opinar, a debatir y hasta reñir, como para que estos dos asuntos, aparentemente tan nimios, ocupen el lugar que ocupan en el orden de importancia de las noticias. Lo realmente preocupante es ver hasta qué punto nos hemos convertido en un rebaño amorfo, huidizo y manipulable por los ladridos de cualquier perro pastor.

Entre otras cosas, si cada uno de estos dos casos fuera el del hijo de un famoso marqués y una señora cuyos otros hijos fueran de un cantante internacional y de un ministro de Hacienda, y que anduviera con un premio Nobel; o de un cantante burlado por una deportista, la cosa no tendría mayor recorrido. Pero son mujeres. Y ya se sabe que ese hundimiento en el fango que sufrimos como país, como continente y como mundo, tiene mucho que ver con que los únicos derechos importantes sean los de las mujeres, los de los homosexuales y los de los animales. Y claro, en esas circunstancias, un marido burlado es un cornudo; mientras que una mujer burlada es una víctima del machismo, de la sociedad, de la Religión y de dos mil años de opresión.

Personalmente, creo que las rabietas de gata herida están muy bien para las adolescentes, pero una señora que se precie de serlo no airea sus problemas privados. Menos aún para hacer negocio, claro. Como tampoco me parece muy elegante lo de ir a contar a los medios de comunicación lo feliz que eres, porque tu parrandero garañón ha vuelto después de ponerte los cuernos ante toda España. Pero, en fin, insisto en que esos son asuntos privados que no me interesan. Lo realmente preocupante, en mi opinión, es que la figura del “famoso” haya alcanzado la importancia que ha alcanzado en nuestra sociedad. El famoso, en otros tiempos más racionales, lo era porque era un cantante, un actor, un torero o un marqués, este último importante no por ser marqués sino por algún mérito específico. Al “mortal” le gustaba sentirse cerca de sus personajes admirados, compartir sus éxitos y saber que también podían sufrir como cualquiera. Y en todo caso, el estar delante de los objetivos les condicionaba para vivir -o aparentar vivir- una serie de comportamientos, mayoritariamente considerados éticos, o al menos estéticos. Ahora lo que atrae es el morbo, el saber que sufren y poder opinar que se lo merecen. Desde el momento en que lo anti ético pasó a ser “rompedor”, original o innovador; y lo anti estético arte, nos hemos precipitado por una peligrosa pendiente en la que prácticamente todo vale. El problema es que lo que más vale es lo que menos interesa, y que lo que más interesa es lo que menos vale. Y así nos va, claro.

Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro


viernes, 2 de diciembre de 2022

EN DEFENSA DE LA MORAL

 

Ha pasado casi desapercibida entre el aluvión de noticias que a diario nos abruman, una que creo que tiene la suficiente entidad y gravedad como para pararse en ella: En estos días, desde el Gobierno de España se ha ejercido la censura sobre la obra de un artista. Sin el menor recato, el Ministerio de Igualdad ha hecho saber a un productor de vino que le multaría si no cambiaba la etiqueta de uno de sus vinos, en la que aparece el cuadro de un pintor catalán, que representa una parte del cuerpo de una chica en bikini. Así, sin más. No quiero ni pensar lo que hubiera ocurrido si ese ministerio hubiera estado dirigido por una ministra de Vox, del PP o de Ciudadanos. Pero no, es ella, es la niña mimada del Gobierno, que puede hacer mangas y capirotes, y pasarse la Constitución por el arco del triunfo. Solo en una mente muy reprimida y tarada se puede imaginar que el desnudo tiene otro fin que el meramente estético. A no ser que quien lo haga, lo haga con fines meramente sexuales, a modo de provocación o de incitación a otra persona, cosa que tampoco es asunto de la ministra. Vamos, que no le pagamos para que nos diga lo que podemos hacer con nuestro cuerpo. Para ella, el desnudo es una cosificación (¡vaya palabreja!) del cuerpo de la mujer y es ella, con nuestro dinero, la que tiene que venir a educarnos.

Pues permítame Su Excelencia que le señale unos cuantos cuadros, patrimonio de todos los españoles y presentes en el museo de El Prado, que sin duda “cosifican el cuerpo de la mujer”. Podemos empezar por la Maja Vestida y la Maja Desnuda de Goya que, aunque usted no lo sepa, tenían como objeto ser un juego erótico-festivo para deleite del Jefe del Gobierno, Manuel Godoy y sus amigos. Sugiero también a Su Excelencia que recurra a un pintor como aquél que utilizó el Papa Pablo IV en el Renacimiento, para cubrir los desnudos impúdicos de Miguel Ángel. Se llamaba Daniele Riciarelli de Volterra, pero desde entonces fue conocido como Il Braghetone por su hazaña. Y como intuyo que entre su enjambre de asesoras no hay ninguna que domine la Historia del Arte, me permito pasarle una lista de obras que cumplen todos los requisitos para ser censurados por Su Excelencia:

- La siesta, de Joaquín González Isabeta, pura provocación

- Andrómeda encadenada, anónimo: encadenada, no le digo nada.

- Andrómeda y el dragón, de Luca Giordano, también encadenada y con varios hombres señalándola “cosificándola”, como diría Su Excelencia

- El primer beso, de Salvador Viniegra: una mujer desnuda se echa sobre un hombre desnudo en el bosque para besarle, al muy…

- Inocencia, de Pedro Sáenz Sáenz: una niña desnuda, en una postura que tendría Su Excelencia que ver.

- La casta Susana en el baño, de Eusebio Valdeperas, qué le voy a contar.

- El triunfo de Baco, de Paolo Domenico Finoglia. Pa’ meterlos a todos en la cárcel, oiga.

- Diana y sus ninfas sorprendidas por sátiros, de Pedro Pablo Rubens ¿le suena? Pues se lo digo porque eso no puede estar en nuestros museos. No nos representa.

- Baco y Ariadna, de Erasmus Quellinus. Pues no le digo nada, pero Baco está “cosificando” a Ariadna por la retaguardia.

- Venus y un sátiro, de Annibale Carracci. Ya se sabe los “cosificadores” que son los sátiros.

- Mujer al salir del baño, de Eduardo Rosales. Este era un pervertido, oiga. No le digo más.

- Eva, de José Marcelo Contreras, pura “cosificación”.

- Desnudo de mujer, de Ignacio Pinazo Camarlench… y no tan mujer, más bien niña.

- Venus recreándose en la música, de Tiziano. Aunque es más bien el músico quien se recrea en Venus, el muy pervertido machirulo.

- Desnudo de mujer, también de Ignacio Pinazo Camarlench. Inadmisible, sencillamente.

- La perla y la ola (fábula persa), de Paul-Jacques-Aimé Baudry. Pa’ habernos matao

- La odalisca, de César Álvarez Dumont. Nada menos que una odalisca ¿cabe mayor “cosificación” de la mujer?

- Una esclava en venta, de José Jiménez Aranda. Pues no le digo nada, una mujer desnuda, sentada en el suelo con el precio colgando de su cuello.

- La casta Susana, de Francisco Maura y Montaner. Dos viejos machirulos miran a una joven desnuda.

- Apolo persiguiendo a Dafne, de Theodor Van Thulden. Esas cosas que tenían los dioses, hasta que ustedes llegaron al Gobierno…

- Crisálida, de Pedro Sáenz Sáenz. Un niña pequeña con su aro, desnuda y “cosificada” al máximo por este pervertido…

- Nube de verano, de Antonio García Mencía. Le recomiendo que no lo vea…

Así podía seguir horas y horas, páginas y páginas, museos y museos, tanto españoles como extranjeros. Pero estoy tranquilo porque sé que Su Excelencia, con su equipo de “vigilantas” de la moralidad y las buenas costumbres, están haciendo todo lo que pueden para redimirnos de nuestras costumbres bárbaras. Muchas gracias.