viernes, 13 de octubre de 2017

Nacionalismo y catalanofobia

Me había propuesto no escribir sobre el único tema de conversación que, a lo largo del último mes y lo que te rondaré… ha habido en periódicos, radios, televisiones, tabernas, garitos, lugares de ocio y comidas familiares. Cataluña, efectivamente. Y no, no es que me vaya a escudar como los tibios en el “yo de política no hablo”, que la Política es -o puede ser-  una actividad tan digna como la Economía, la Cultura o los viajes. Y desde luego, en muchos casos, mucho más digna que el fútbol. Tampoco es que no tenga opinión al respecto, que la tengo y bastante formada. Formada desde hace años, cuando a diario me tocaba repasarme toda la prensa catalana; o cuando me tocó recorrerme Cataluña de pueblo en pueblo. No, sencillamente es que me parece complicado decir nada que no se haya dicho ya. Algunas cosas muy sensatas, otras muy prudentes, muchas de ellas demagogia facilona y algunas, sencillamente impresentables.

Así que obviaremos mi opinión política, que por ser mía solo a mí me importa, y nos centraremos en el lado humano del asunto. En concreto, hay una foto de la agencia Reuters, publicada incluso antes de que Puigdemont terminara de excretar su discurso-proclamación-suspensión de independencia, que lo dice todo. La foto es por todos conocida, y en ella se ven la emoción, la excitación y la euforia de los que esperaban en la calle… y a continuación, unos segundos más tarde, su decepción.


Pues esto es lo que hay, queridos: os han dejado tirados. Tirados como colillas. Si no fuera porque sois violentos, sectarios y cobardes, me daría pena ver esas caritas de pena. Violentos porque agredís o calláis cuando agreden a alguien por llevar una bandera, por representar a sus vecinos en un ayuntamiento o por no sentir lo que debe sentir. Sectarios porque solo en vuestra tribu, en vuestra jauría hay salvación. Nadie que no obedezca tiene derecho a vivir en vuestro territorio. Y cobardes porque solo atacáis en manada, a dos chicas solas o a un padre con tres niños pequeños.

Así que pena, ninguna. Se han ido todos. Han cogido sus empresas y os han dejado allí, chillando. Los mismos que, o bien os pagaban para que gritaseis desaforados en la calle o bien callaban mientras lo hacíais, han puesto su dinero a salvo de vosotros. No me extraña esa cara de tontos que se os ha quedado ¿Quién os va dirigir ahora, el capataz? Porque a él también le han  dejado tirado y se han ido con “el enemigo”. Contra ese a quien le mandaban azuzar la rehala. Pues tan malo no será porque ellos creen que su dinero está más seguro allí. Lo malo es que el capataz sabe arrear el ganado, pero no tiene ni idea de hacia dónde.


La parte mala es que nos los habéis enviado a nosotros. Que ahora vendrán llorando, haciéndose las víctimas y pidiendo “medidas” para salvar sus empresas. Que de repente se les habrá olvidado que durante cuarenta años no han hecho ni han dicho nada. Y que después de inocular en vosotros el virus del odio, os han dejado buscando víctimas a quien culpar de vuestra amargura. Nada personal, pero reconozco que no me dais ninguna pena. Además, no es catalanofobia, que eso sería odiar a alguien por ser catalán y yo no odio a nadie. Es más, me caen muy bien los catalanes. Y a los nacionalistas no os odio, sencillamente os desprecio y por eso no podéis darme pena.

Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

martes, 26 de septiembre de 2017

Contra el Pensamiento Único Obligatorio (2)

Como lo prometido es deuda, vamos a seguir viendo los ataques demoledores del Pensamiento Único Obligatorio contra la libertad de pensamiento. No sé si con esto terminaré de escribir al respecto, lo que sí sé es que seguro que me dejo algo en el tintero y que a lo mejor me meten a mí en el tintero. Que surgirán, como ya ha pasado, críticas más o menos fundadas. Bienvenida sea la polémica.

La historia del descubrimiento y colonización de América, es una historia de saqueos, pillaje y violaciones de los derechos más elementales de los indios. Otra mentira. Pocas veces nadie ha dicho semejante estupidez, ante la mirada bobalicona de cateto ignorante de los acusados, como ahora. A los españoles, se nos injuria y se nos insulta, y lo único que hacemos es agachar las orejas. Primera y demoledora consecuencia de habernos cargado la Enseñanza. Vamos a ver: la Reina Isabel declaró a los indios Hijos Menores de la Corona, lo que desde un primer momento les protegió de cualquier tipo de abuso por parte de los colonos. Y la Administración Real se ocupó y se preocupó de que esto fuera así, durante los quinientos años que mantuvo su presencia en los territorios castellanos del otro lado del Atlántico. Los que ahora derriban estatuas de Colón y acusan de saqueo y de violaciones a los españoles, son los descendientes de aquellos que conspiraron para lograr las independencias. Los mismos que, una vez lograda la independencia esclavizaron, saquearon y violaron a los indios. Con el agravante de que esos mismos que derriban estatuas y acusan al resto del mundo de la desgracia de los indios, tienen de indios lo que yo de beato: todos se llaman García, Pérez, Morales, Ortega o Castro. No, señores, no fueron mis abuelos los que fueron a saquear a nadie, fueron los suyos. Los míos se quedaron aquí.

El clima está cambiando. Aterrador, la verdad. Lo malo es que nadie ha dicho todavía respecto a qué, a cuando o  cuánto está cambiando el clima. De hecho, las alarmas saltaron cuando alguien dijo que había un tremendo agujero en la capa de ozono, que cada vez era más grande y que cuando desapareciera la capa de ozono nos íbamos a achicharrar como lagartos. Al final la Naturaleza, tan tozuda ella, se empeña en quitarnos la razón en todo aquello que “descubrimos” y el agujero de la capa de ozono volvió a disminuir. Y a volverse a abrir y a volver a cerrarse… como llevaba haciendo toda la vida y nunca había pasado nada. O nada grave, por lo menos. Lo malo es que alguien descubrió que el miedo es negocio, que si hago un discurso apocalíptico hay mucha gente dispuesta a comprármelo. Y a comprármelo bien caro. Tanto, tanto como que al que se le ocurra cuestionar mis teorías va a quedar automáticamente fuera de la comunidad científica. Hasta el punto de que el clima es la única rama de la ciencia donde no se sigue un sistema deductivo sino inductivo. En lugar de analizar, experimentar y comprobar los elementos determinantes para llegar a una conclusión, se establece una conclusión a la que hay que llegar por cualquier camino. Y si no existe, se inventa. Pero sobre todo, nunca dejar de alarmar al gran público. Así que en vista de que no había agujero creciendo en la capa de ozono, se empezó a hablar de calentamiento global. También sin explicar qué es eso de global claro, pero es que el adjetivo asusta. Y una vez más, la maldita Naturaleza demuestra que no necesita esta clase de defensores, y bajan las temperaturas medias.
-       Es igual, podemos mantener la tensión hablando del cambio climático
-       ¿Pero a qué cambio nos referimos? ¿Cambio de presión, de humedad…? De temperatura y precipitaciones ya se ha demostrado que es una chorrada. Después de todo el clima lleva cambiando desde que el mundo es mundo. No en vano, depende de unas treinta variables distintas: presión, temperatura, inclinación del eje terrestre, ubicación de la tierra respecto al sol, aumento o disminución de las masas de agua, cambios de presión, temperatura de los océanos o de los lagos, volcanes… De hecho, no es que el clima no cambie, es que nadie ha dicho que tenga que ser uniforme, no puede serlo de ninguna manera. Ni en el tiempo ni en una misma ubicación
-       Usted lo que es, es un escéptico y un negacionista. Prepárese usted a perder su cátedra y toda la financiación que tenía para investigar ¡Vamos, hombre! ¿Habrase visto? El clima está cambiando y punto.
-        Amén


Ya no existen los protagonistas. Los que tenemos más de cuarenta, todavía recordamos las películas donde el héroe se enfrentaba a los villanos y salvaba a la chica. Es más, si el director se venía muy arriba, el héroe salvaba al mundo o incluso a la galaxia. Entonces se exaltaba el esfuerzo individual, la capacidad de sacrificio de una persona, y el éxito del protagonista era un final ejemplarizante. Pues ahora no. Ahora “el protagonista” es colectivo, multicultural y abierto. “Todos somos Encarnita”. Pongas la serie que pongas, o vayas a ver la película que vayas a ver, los protagonistas son un grupo integrado por al menos: un blanco, una mujer, un negro y/o hispano o asiático; y una pareja homosexual. Nada que objetar. Como no me gusta el cine y además niego categóricamente que se trate de ningún arte, ni séptimo ni octavo ni segundo… con no ir al cine tengo suficiente. Y en casa, afortunadamente, tengo muchas más y mejores cosas que hacer que ver la televisión. Por lo demás, este nuevo formato no es menos ejemplarizante que el anterior. La única diferencia es que el ejemplo que enseña no es discutible. Si no te gusta, eres un… bueno, eso.

Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

domingo, 17 de septiembre de 2017

Contra el Pensamiento Único Obligatorio

Quien haya tenido la santa paciencia de leer este blog en más de una ocasión  -el que sea reincidente, en el pecado lleva la penitencia- me habrá visto alguna vez escribir sobre lo que yo llamo el Pensamiento Único Obligatorio. Y es que, aunque uno fue educado en el último franquismo y primeros años de la Democracia, lo que me enseñaron algunos buenos maestros que tuve, es que nunca se debe dar por bueno todo lo que te enseñan. Nunca aceptar sin cuestionarlo, todo aquello que te dicen que es bueno y que debe ser así. O sea, justo lo contrario de lo que ahora no sólo se enseña a los niños, sino que además se impone a machamartillo a los adultos. O tragas o te excluyes tú solito. O piensas lo que yo te digo que debes pensar, o te quedas fuera de la sociedad. O sea, el Pensamiento Único Obligatorio. Para este viaje no hacían falta alforjas. ¿Pero que es el Pensamiento Único Obligatorio? Veamos:

La mujer merece un trato especial, preferencial, en la vida pública: en el trabajo, una empresa recibirá severas amonestaciones, si alguien considera que el personal contratado no responde a la cuota “recomendada”. En consecuencia, a la hora de seleccionar su personal no debería mirar lo que hay en el interior de la cabeza de los candidatos, sino entre sus piernas. En la política, estás obligado a votar una lista en la que obligatoriamente tiene que haber el mismo número de hombres que de mujeres, y además el orden de candidatura se selecciona, una vez más, por la entrepierna y no por los méritos. Ante un juez, solo por el hecho de ser hombre estás condenado de antemano en cualquier causa de separación, por amistosa que esta sea. De momento, coges tu maleta, te vas de tu casa y pierdes a tus hijos. No digamos si tu ex te acusa de malos tratos o violencia verbal o psicológica. No es que te vayas de casa, es que sales de ella esposado ante tus hijos y vas directo a prisión. Sea verdad o mentira la acusación. Y no digamos si tu mujer se busca un abogado con pocos escrúpulos. Siempre he dicho que si te la encuentras con uno en la cama, te bajes al bar a tomar una cerveza y le dejes que se vista y se vaya. Si no, en la misma jugada te has quedado sin mujer, sin casa, sin cama, sin niños y sin nómina. En cuanto a la la vida privada, la policía -no un juez-, el ayuntamiento, la vecina o los medios de comunicación  están perfectamente legitimados para meterse en tu vida conyugal, e incluso en tu casa, si se intuye que tu comportamiento o tu relación con tu mujer no se ajusta a lo que se debe ajustar. Personalmente siempre he defendido el derecho de la mujer a la igualdad con el varón, faltaría más. Pero no me parece en absoluto lógico que, lo que antes era una desigualdad injusta, se torne en otra desigualdad igual de injusta. Y no, no me vale el argumento de que la mujer ha estado siempre oprimida. Entre otras cosas porque ni yo he oprimido a nadie, ni lo he justificado, ni tengo porqué pagar facturas que no son mías.

El sexo es un fin en sí mismo, lo que explica que cualquier tendencia, inclinación o afición que se tenga es legítima, maravillosa y digna de ser exaltada. Por supuesto, si alguien piensa que el sexo tiene exclusivamente como fin la procreación, es decir si ese alguien se aparta de lo que debe pensar, será calificado de retrógrado, mojigato, opusino y meapilas. En consecuencia, nadie tiene derecho a pensar lo que no debe pensar. Por mi parte, opino que el sexo, común a casi todos los animales, tiene en el ser humano una dimensión especial y maravillosa. Responsablemente administrado, se puede convertir en un instrumento de placer -físico y psíquico- que nos sitúa varios escalones por encima del resto de los animales.  Es otra de las cosas que nos hace diferentes de ellos. Por tanto, cualquier relación sexual consentida entre adultos responsables, me parece legítima y muy respetable. Pero no me empeño en convencer a nadie de que lo único importante del sexo es el orgasmo. Ni mucho menos denigro, insulto ni ridiculizo a quienes opinan de manera distinta.

La Naturaleza es buena, amable y nos cuida, pero nosotros nos empeñamos en destruirla. Pues mire usted, no es verdad. La historia de la Humanidad es, entre otras cosas, la historia de la lucha por habitar las zonas donde la Naturaleza se muestra menos agresiva. La lucha por ocupar terrenos donde no haya inundaciones, terremotos ni aludes. Por ocupar los valles junto a los ríos, lejos de desiertos, plagas, bajíos, pantanos, altas montañas y mares enfurecidos. Solo cuando los hombres dejan de luchar entre sí mismos y contra la Naturaleza, es cuando surge la civilización. Sin embargo, ahora perece que cada vez que uno de estos fenómenos tiene lugar, es por culpa del hombre. Claro, no hay duda: si ocurre un terremoto, un tsunami o una erupción volcánica de esos que salen en los reportajes de Al Gore, es sin duda por culpa del ser humano. Si sabe lo que le vale, no se le ocurra a usted decir que es porque la Naturaleza es así, o será juzgado y condenado por blasfemia. Y la condena puede ser muy severa.

Los animales son como los humanos. Tienen los mismos sentimientos y aunque no hablan, tienen todas las demás características en común con nosotros. Es más, mi perro es más listo y más bueno que muchos seres humanos. Consecuentemente, está perfectamente justificado que lo lleve al veterinario y que este me diga que le va a poner un tratamiento de 200 €, porque perece que tiene un poco alto el colesterol; o que me cobre 800 € por una operación de próstata por si deriva en cáncer, o 1.000 porque tiene un quiste en los ovarios (estoy contando casos reales). Por supuesto, un gasto mensual de 500 € entre veterinario, vacunas, pelotitas de goma, mantas eléctricas, cestitas para dormir, correas fosforescentes, cortes de uñas y peluquería, está perfectamente justificado. Lo malo es que hay familias que viven todo el mes con la mitad de eso. Lo malo, es que hay auténtico genios con ganas de estudiar, que frustran su carrera porque no llegan o porque tienen que ponerse a trabajar para ayudar en sus casas… Los dueños de perros más queridos por sus animales que he conocido, tratan a los perros como perros, y eso no significa perderles el respeto ni quererles menos. Y a las personas como personas, por cierto.

Fumar es peligrosísimo y el que fuma nos está envenenado a los demás. En consecuencia, debe ser prohibido y hasta perseguido. Eso sí, sin dejar de cobrar el impuesto correspondiente por la producción y venta de tabaco. Pues fíjese usted: solo con los impuestos que se pagan por el tabaco en España, hay para pagar el sueldo de todos los médicos de la Seguridad Social. Pero en fin, no diré yo aquí que el tabaco es bueno, que yo lo dejé hace más de quince años. Pero lo que sí digo es que fumar no es más peligroso ni más letal que conducir, que beber o que suicidarse, primera causa de muerte externa en 2016. Ninguna de esas cosas debería ser prohibida, entre otras cosas porque cualquiera de las tres primeras, hechas de forma comedida y responsable, no suponen peligro alguno para nadie. La cuarta es más letal, pero es más difícil de prohibir. Y en todo caso, si yo tengo un bar y considero que mis clientes pueden fumar lo que les dé la gana en él, aún a costa de que otros clientes no vengan ¿quiénes son el estado, el Gobierno o el ayuntamiento para decirme cómo tengo que llevar mi negocio? O sea, yo arriesgo, pongo el dinero y el trabajo; y ellos cobran, me vaya bien o mal ¿y encima opinan de cómo tengo que llevarlo? De locos, oiga.


Hay muchos otros aspectos de nuestras vidas monitorizados, vigilados y controlados por el Pensamiento Único Obligatorio. Pero ya los iremos viendo en sucesivos artículos, que creo que hoy me he pasado de extensión… Lo siento.

Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

jueves, 6 de julio de 2017

Carta a un héroe

Querido Gonzalo:

Perdona en primer lugar la confianza, puesto que no nos conocemos de nada. Sin embargo, te sorprenderías de lo cerca que nos ha colocado la vida, uno del otro. Aparte de llamarnos igual, claro. Conozco a tu madre, a tus tías y a tus abuelos desde que tengo memoria, allá por los primeros años ochenta del siglo pasado, en La Granja. Especialmente con tu tía Ana, me une una enorme amistad desde entonces. Porque las amistades de niñez, toalla y piscina; de bicicleta, mochila y chocolatada; de salida del colegio y de primeras fiestas, son para siempre. Imagino que tú lo sabrás igual que yo. Son esas amistades que, aunque lleves años y años sin verte, el día que te encuentras parece que no han pasado más de quince días.

Pero lo cierto es que no te escribo para contarte mi vida ni la de tu familia, que la primera entiendo que no te interesa nada, y la segunda te la sabes mejor que yo. No, con esta carta lo que quiero es expresarte mi más absoluta admiración. Precisamente a través de tu tía Ana, he tenido acceso a tus crónicas a través de Facebook ( https://www.facebook.com/gonzalo.perales?fref=nf ), en las que día a día cuentas tu experiencia como paciente oncológico.

“Eso es un hombre”. Es lo único que he podido escribir después de leerte. Porque aunque no te lo creas, o no te parezca una machada lo que estás haciendo, tu comportamiento y tu actitud son las de un auténtico héroe. Porque un héroe, Gonzalo, no es un bombero o un policía. Esos son personas que están física y  psicológicamente preparados para afrontar situaciones muy difíciles. Solo algunos de ellos, de vez en cuando, sacan un comportamiento heroico. Lo mismo que un médico, un piloto o un tío que va por la calle con su patinete. Un héroe no es el que no tiene miedo, que va. Es aquél que es capaz de afrontar el peligro y la inseguridad, sentir el miedo que cualquiera puede sentir, y no darle la espalda. Esquivarlo, ver por dónde viene y hacerle un quiebro. Son los que salvan la propia vida y la de los demás. Con mucho más mérito aún, si ese desafío tiene como fin tranquilizar a los tuyos. Que tu familia y tus amigos vean que están más seguros detrás de ti que a tu lado. Que no sean capaces de consolarte y tranquilizarte, porque eres tú quien les consuela y les tranquiliza a ellos.


Querido Gonzalo, con gente como tú, el cáncer tiene los días contados. Porque al cáncer se le vence con prevención, tratamiento, quimio y trasplantes. Pero sobre todo, con la cabeza. De nada vale ninguno de esos recursos si nos entregamos antes de empezar a luchar, pero para luchar hace falta ser muy valiente. Hace falta ser un hombre, nada menos que todo un hombre. Mucha suerte y no dejes de contarnos tu experiencia, por favor.

Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

viernes, 30 de junio de 2017

¡Que no son podemitas!

Solamente con escribir la palabra saltan todas las alarmas, chirrían todas las juntas y hasta la gramática de Word te regaña. Y con razón. En este mundo de iletrados, ignorantes y ágrafos, perece ser que no hace ninguna falta saber escribir para poder hacerlo en los medios de comunicación. Con saber leer un poco, vale. Y con saber leer, me refiero a saber juntar las letras, no a saber lo que significan.

Y es que no puedo más, me rindo. No soporto ni un minuto más  ver cómo se llama “podemitas” a los seguidores de Podemos en todos los medios de comunicación. Una vez más, reitero ¿es que nadie pregunta a un periodista cuando le contrata para una radio, un periódico o una televisión, si sabe hablar, leer y escribir? Pues parece que no, mire usted. También es verdad, que con la cantidad y calidad de analfamerluzos que hay en la Real Academia Española de la Lengua, cualquier estupidez que se publique, se acepta en el Diccionario porque se considera del “habla habitual de la gente”. Qué le vamos a hacer, tendrá que ser así.

En todo caso, cuando alguien me habla de un “podemita”, entiendo que me están contando el caso de uno que nació en el planeta Podemos. Porque eso y no otra cosa es lo que significan en castellano los sufijos –ito e –ita. Aparte de las correspondientes terminaciones del diminutivo, claro. Es origen, geográfico, cultural o étnico lo que los mencionados sufijos señalan: de Israel, israelita; de la rama chií, del Islam, chiita; de Moscú, moscovita; de la colina del Areópago en Atenas, areopagita, como el “célebre” discípulo de San Pablo, Dionisio Areopagita… y del planeta Podemos, “podemita”. Claro, no puede ser de otra manera.


Existe en cambio, sorpréndase usted, un segundo sufijo, parecido pero no igual al anterior, que sirve para señalar la pertenencia o afinidad hacia un grupo. Se trata del sufijo –ista. Y aunque lo parezca, tiene poco que ver con el grito con el que las masas enfervorecidas recibían a José Luis Rodríguez Zapatero: “ista, ista, ista, Zapatero feminista”. No, esto es otra cosa. Más seria, creo yo. Y es que, aunque usted no lo crea, si yo digo que soy madridista, estoy diciendo que soy seguidor del Real Madrid; en cambio, si digo que soy socialista, lo que estoy tratando de explicar es que estoy de acuerdo con las teorías del socialismo; y si digo que soy europeísta es que soy  partidario de reforzar las instituciones europeas. También puedo decir que soy peronista porque me gustasen las obras de Perón y de Evita; o incluso progresista porque soy partidario del progreso frente a los demás, que lo que quieren es que todos nos arruinemos.  Un segundo significado sería el que hace referencia a la práctica de un deporte o a la utilización de algún instrumento: futbolista, tenista, maquinista, trompetista… Pero para el caso que nos ocupa quedémonos con la primera opción, que aunque sean podemistas, hay muchos que parecen de otro planeta.

Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

martes, 20 de junio de 2017

Los dineros de Cristiano Ronaldo

Juro que jamás atiendo las noticias cuando hablan de deportes. Y no lo hago entre otras cosas, porque me considero engañado cuando me anuncian que van a hablar de deportes y de lo único que hablan es de fútbol. Tampoco es que yo sea un deportista empedernido, de esos que llenan las Urgencias de los hospitales todos los fines de semana. Si acaso, un par de horas de boxeo a la semana y sin exagerar, que ya no está uno para dar disgustos ni para llevárselos. El caso es que como aquí lo de ver o no ver el fútbol no es optativo, y menos aún si estás en un bar, en un taxi o en algunas casas particulares, al final acabo viendo, oyendo y hasta comentando las noticias del fútbol. Bueno, para ser más precisos, las noticias sobre la ropa, sobre el peinado, sobre el dinero o sobre la vida sexual de futbolistas, entrenadores, presidentes y miembros de las juntas directivas. Porque esas son las noticias del fútbol. Parece ser, que porque es “lo que interesa”. Aviados estamos.

Tenemos unos deportistas y unos entrenadores excepcionales en casi todos los deportes. Sin embargo, parece que lo único relevante en el deporte español en los últimos tiempos, no tiene nada que ver con Rafa Nadal ni con Roland Garros. Lo realmente relevante para el deporte español, señores, es que a Cristiano Ronaldo le ha acusado Hacienda de no haber pagado algo que le correspondía pagar. Como he dicho en otro lugar, el problema es que en España la Hacienda es confiscatoria y si te acusa, eres tú quien tienes que demostrar tu inocencia y no el inspector acusica. Y lo que es peor, esa acusación muchas veces es preventiva, para ver si te pillan en algo, o para ver si no sabes que no te pueden acusar de nada. Un panorama desolador, vaya. Que Cristiano Ronaldo tenga parte de su inmensa fortuna en España, en mi opinión honradamente ganada, es un privilegio para nosotros. Y me parece muy poco acertado intentar quitársela, porque se la llevará a otro lugar donde no le metan la mano en la caja. Pero es que de lo de Leo Mesi, opino exactamente lo mismo. Lo que me parece patético, es escuchar a los mismos que hace quince días pedían un patíbulo y una soga para Mesi, acusando ahora de persecución a Hacienda. Ahora no, ahora se trata de algo “distinto”. Hasta tal punto, que una ciudadana ha abierto una petición en la plataforma Change.org, para pedir firmas con el fin de que le sea condonada la deuda a Crisitano. No para que se haga justicia; no para que se revise el expediente ni para que se haga una interpretación favorable de la norma, no. Para que no tenga que pagar lo que en su opinión, debe. Eso es tanto como decir: perdónenle a este señor su deuda, que ya cargamos los demás con ella. Hacienda no es mala, el que ha sido malo es Cristiano, pero ya no lo va a volver a hacer más.

Desgraciadamente, el fútbol ha dejado de ser un deporte de equipo para convertirse en un espectáculo de once estrellitas. Once diosecitos a los que adorar, en los que proyectar nuestras frustraciones y a los que llorar para que nos consuelen con sus jugadas,  cuando algo va mal. Once pim-pam-pumes a los que vapulear, insultar y vejar cuando son del equipo contrario -o no-, y nuestro jefe, nuestro cliente, nuestro marido o nuestra mujer, nuestros hijos o el director de la sucursal, han decidido hacernos la vida imposible. Nada que objetar, pero que no me lo vendan como “deporte”. El deporte es otra cosa: es superación, esfuerzo, sacrificio… pero sobre todo, es respeto por el adversario. Algo que se ve muy poquito, no sé si en los estadios, porque no voy y lo que se ve en la televisión me parece aberrante, pero desde luego en las televisiones, en las radios y en las tertulias. Tanto en las particulares como en las públicas.

Soy consciente de que haber escrito esto me puede costar que me acusen hasta de la muerte del general Prim, en la calle del Turco. Pero que nadie lo tome a mal. No me interesa el fútbol, me preocupa lo simples que somos muchas veces. El buenismo.


Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

lunes, 29 de mayo de 2017

Mi familia

Mi familia es una familia normal, como todas las familias. Aparentemente, claro. Porque todas las familias son aparentemente normales y luego resulta que casi ninguna lo es. Entre otras cosas porque el concepto de “normalidad”, resulta de quitar todos los defectos a algo y presentarlo como lo que “debe ser”, no como lo que es.

Yo soy Isidro, el mayor de todos mis hermanos. En principio, lo de ser el mayor tiene sus ventajas pero no se crea usted, que lo de que te estén mirando siempre con lupa es una pesadez; así como lo de que todo el mundo quiera ser como tú… Excepto cuando las cosas salen mal, que eres el único responsable. Mis hermanos se quieren parecer a mí, intentan hablar como yo, contar mis chistes y vestirse como yo, pero dejando claro que cada uno de ellos es muy distinto de mí. No lo llevo mal. Es una lata pero, como digo, tiene sus ventajas.

Mi hermano Jordi, el segundo, es bastante más conflictivo. Desde su adolescencia tiene problemas de personalidad. Ya entonces decidió y consiguió que sus amigos en el colegio le admiraran y le envidiaran, por no sé que extraña virtud que cree tener. Su obsesión ha ido en aumento. Todo esto no sería excesivo problema si Jordi trabajara, se ganara su sueldo y se buscase una casa para irse a vivir. Pero no. Lo que él quiere es irse a vivir a una casa del mismo tamaño que la de mis padres, con las mismas comodidades y la misma ubicación… y que se la paguen mis padres. Pero es que además, con lo poco que gana, no sólo  no está dispuesto a aportar nada sino que exige cama, comida y dinero para salir. Su sueldo es para sus caprichos, por supuesto. Claro, todo esto sería soportable si su actitud en casa fuera menos conflictiva. Pero no, cada vez es más desagradable, más mal educado y -lo que es peor- cada vez falta más el respeto a nuestra madre. Lo que no hace tanto era insoportable aunque excepcional, ahora es habitual: insultos, exigencias, desprecios… De hecho, los hermanos queremos  solucionarlo muchas veces “a nuestra manera”, aún sabiendo que sería peor la solución que el problema. Pero es que, mire usted, eso de ver cómo insulta a nuestra madre, cómo nos falta el respeto a todos, cómo exige sin dar nada…. Pero ella, nada. Por más que le decimos que le ponga en su sitio, que le deje de pagar, que le eche de casa si es necesario, nada. No nos deja intervenir, así que a tragar. A tragar y a ver cómo se llevan nuestro dinero sin que nadie haga nada, claro.

Begoña es la tercera. Conflictiva, pesada y chinche desde que tiene uso de razón. Esta no es que se crea superior, es que está permanentemente ofendida. Se cree que todo lo que hacemos los demás es para fastidiarle a ella; y cada vez que alguno tenemos algo, ella lo quiere, pero mejor. Y más vale dárselo porque si no lo obtiene, va a ser el tema de conversación en comidas, cenas y reuniones, hasta que lo consiga. Dicen que tiene un fondo noble, pero yo no se lo veo por ninguna parte. Quizás alguna vez lo tuvo, pero es que eso es lo que tienen las malas compañías. En el instituto se juntó con la peor especie de gentuza que había, y la había muy mala: cuando no era una pelea, era un robo. Cuando no había que ir a buscarla a comisaría, había que ir al hospital. Después las cosas se complicaron y vinieron los juicios, los ingresos en prisión y hasta una reyerta con muerto incluido. Por supuesto, mi madre nunca quiso echarle de casa: tragó, tragó y tragó. Ya se sabe, las madres. A día de hoy, parece que con que no vuelva a andar por donde solía, tiene derecho a todo lo demás. Muchas veces es insoportable, pero sabiendo lo insoportable que pude llegar  a ser, tiene licencia para todo.

Después vienen los mellizos: Amparo y Santiago. Siempre han sido trabajadores y discretos. La verdad es que casi nunca han dado la lata, siempre han cubierto el expediente y, como digo yo, ellos se lo fríen y ellos se lo comen sin consultar a nadie. Pero claro, como han visto que Jordi y Begoña obtienen lo que quieren a base de amenazar, exigir y no aportar nada, ellos habrán pensado que igual ese no es un mal sistema. Y al final, lo que pasa es que se están resabiando. Y en lugar de tener dos personas más aportando en casa, lo que van a tener mis padres son dos nuevas rémoras. Justo castigo a su desidia en la educación de sus hijos, creo yo. Pero eso no se lo diría nunca a ellos. El respeto es lo más importante.

Por último están las pequeñas, Rocío y Guadalupe. Estas, la verdad es que ni trabajan ni producen ni aportan, pero son tan encantadoras que nadie les exige cuentas. Desde pequeñas han sabido embaucar a mi padre con sus encantos, su buen humor y su simpatía. Y, desde luego, teniendo los hermanos que tienen, es a ellas a quienes menos se les puede exigir. Por otra parte, tampoco piden nada. Se conforman con lo que tienen, se quejan un poco de vez en cuando  y  si reciben algo, lo celebran. Si no, igual de bien.

Pues sí, señor: Esta es mi familia, se llama España y cada uno de nosotros somos una parte importante de ella: Isidro, Madrid; Jordi, Cataluña; Begoña, el País Vasco; Amparo, Valencia; Santiago, Galicia; Rocío, Andalucía y Guadalupe Extremadura. Hay más, claro, pero al final todos somos hijos del mismo padre y la misma madre. Todos con nuestros defectos comunes y cada uno con sus virtudes particulares, como en las demás familias. Nada que no haya pasado toda la vida, desde luego. Pero en mi humilde opinión, las familias que permanecen unidas llegan mucho más lejos que las que no lo hacen. Si no, mire usted a su alrededor.

Gonzalo rodríguez-Jurado Saro