sábado, 20 de enero de 2018

UN BUEN PIROPO

Pues éramos pocos y parió la abuela. Ahora resulta que no vale solo con inventarse cargos e instituciones, eso sí, debidamente remunerados, para expandir el Pensamiento Único Obligatorio. Resulta que es que además opinan y te dan directrices de lo que debes y no debes pensar o decir. Y por supuesto, una de las banderas del Pensamiento Único Obligatorio es la superioridad moral -y no solo moral, que también legal- de las mujeres. Pues parece ser que dos instituciones tan necesarias y tan útiles para la sociedad que las paga, como son el Instituto Andaluz de la Mujer y el Instituto Andaluz de la Juventud, han sacado una campaña, no para prohibir o erradicar los piropos, no. Directamente para equiparar a los hombres -sí, a todos los hombres y ahora explicaré por qué- con cerdos, buitres, gallos, pulpos y otros animales igual de adorables. Y digo a todos los hombres, porque el hecho de que solo se caracterice a hombres como ese tipo de animales, implica que tales comportamientos son exclusivos de los hombres. No de todos, ahora sí, pero solamente son hombres los que pueden adoptar tales comportamientos. ¿Y las chicas que dicen piropos a los chicos? ¿Ellas no son cerdas, ni cornejas? ¿Quizá son zorras para vuestra estricta moral talibán? Pero es que hay más ¿Si un hombre dice un piropo a otro hombre es un gallo, un pulpo o una mariposa? ¿Cómo debemos calificar ese libertino ataque, señores ayatolahs, guardianes de las esencias?

Vamos a ver: un piropo, lo que se llama un piropo, es decir una exclamación laudatoria que se realiza al paso de una persona (o persono) desconocida (o desconocido), puede ser: sutil, halagador, sorprendente, impactante, imprevisto, improvisado, inoportuno, desagradable, insultante, impresentable u ofensivo. Ponga cada cual todos los adjetivos que quiera poner entre cada uno de estos, hasta llegar a una escala de cientos de adjetivos. Y luego elija cada quién el punto en el que un piropo deja de ser un halago, agradable o solamente tolerable, para pasar a ser algo intolerable. En lo que sí que espero que estemos de acuerdo es en que ninguno de estos comportamientos es criminal. Sencillamente responde cada uno de ellos al nivel de educación y buen gusto de quien los pronuncia. Lo malo es que la educación y el buen gusto no son iguales para todos, qué le vamos a hacer. Pero claro, pretendemos erradicar sin contemplaciones de nuestros planes de educación la cortesía y la urbanidad, por considerarlos obsoletos, rancios y franquistas, y luego pretendemos imponerlos por ley. Por ejemplo: ¿Qué puede tener de reprobable que yo le diga a mi mujer que le siente estupendamente su peinado? Nada, supongo. Pero ¿y si se lo digo a una buena amiga? ¿y a una conocida? ¿Y a una compañera de trabajo? La pregunta no es dónde está el límite sino quién pone el límite. En otros tiempos menos mojigatos y menos intolerantes, diríamos que los límites los ponen la buena educación y el saber estar, lógicamente. Pero es que ahora resulta que los mismos que se han cargado la buena educación y el buen gusto, tanto en los planes de educación, como en los espectáculos o en los medios de comunicación, son los que vienen a imponer lo que se puede decir, cómo se puede decir y lo que se debe pensar. Vayan, por lo que a mí respecta, a escardar cebollinos en mal hora, que no he de echarles de menos.


Pero sobre todo, hay algo que me preocupa mucho: esta chusma se cree con derecho a decirnos lo que podemos hacer, lo que podemos expresar y cómo debemos expresarlo. Pero siendo grave esto, lo más grave de todo es que nos callamos y miramos al suelo con mirada ovejuna y rebañega. Y si nos preguntan, damos la razón a quienes vienen a reñirnos, a afearnos la conducta y que reneguemos de nuestra educación y de la de nuestros padres. Pues por mi parte, me declaro en rebeldía, levanto la bandera de la insurrección, y abro el banderín de enganche de los que quieran alistarse a la lucha contra la imposición. Es más, si en el transcurso de mi batalla contra los molinos de viento, tengo que afrontar en lucha singular a la cabeza del ejército de los gigantes, a la muy temible y abominable Susana Díaz, ponderaré su belleza y después le exigiré que rinda todo su ejército… Y es que, créanme, no hay nada como un buen piropo.

martes, 9 de enero de 2018

Cabos sueltos

Vaya por delante que mi opinión sobre la Guardia Civil, sobre nuestra querida Guardia Civil, es de admiración, de respeto y, sobre todo, de agradecimiento. De agradecimiento por los centenares y miles de muertos que no han dudado en poner su cara, su cuerpo, su seguridad y la de su familia delante del peligro para protegernos. Tanto en el mar como en la montaña, en la carretera o delante de los pasamontañas cobardes que tapan la cara de sanguinarios asesinos. Nada que reprochar, repito. Todo agradecimiento. Que alguna vez podamos pensar que han ido a “cazarnos” porque hemos entrado a 150 Km/h en un pueblo en el que había que ir a 70; porque se nos haya “olvidado” el seguro de la escopeta; o porque nos estuvieran esperando en un cambio de rasante, no quiere decir que no sepamos poner los pros y los contras en una balanza.

En la reciente resolución del macabro asesinato -y todavía no sabemos si algo más- de Diana Quer, hay mucha gente que se tiene que tentar la ropa. En primer lugar, los periodistas (no todos, claro) que se han dedicado a dar carnaza a los perros, aireando las relaciones personales de la familia, la separación de sus padres y hasta el tamaño del pantalón de la pobre chica. En segundo, la jauría insaciable de consumidores de morbo, realities y telebasura en general, que ha devorado agradecida la carroña que le echaban. Y en tercero, la Guardia Civil. Sí, señor, la Guardia Civil. Pero no el sacrificado guardia que ha batido metro a metro los sembrados, las radas, las charcas, los pozos y los caminos. Ni el paciente científico, que ha robado horas al sueño en su laboratorio hasta dar con la pista correcta.  Ni los técnicos, que han luchado contra reloj para desentrañar los secretos de su teléfono. Ninguno de ellos, pero sí alguien en la Guardia Civil, ha dejado algunos cabos sueltos.

Solo dos preguntas: si el día 26 de noviembre, ya no había ninguna duda de que un frío y desalmado violador apodado El Chicle había hecho desaparecer su cuerpo ¿Cómo es posible que un par de voluntarios tuvieran que salvar de la violación y posible asesinato por parte de El Chicle a una chica, el día 25 de diciembre? No entro ni salgo en si ya podía o no podía estar detenido ¿pero no debería estar vigilado o al menos controlado? Lo digo porque igual que pudo intentar violar, pudo intentar escapar. De que el pájaro es un confidente de la Guardia Civil, no tengo la más mínima duda. De lo que tengo dudas, es de cuál es el trato que se debe dar a este tipo de sujetos. Si se les debe dejar delinquir tranquilamente o se les debe poner algún límite. Y esto me lleva a la segunda pregunta ¿Cómo es posible que haya “decenas” de casos de violaciones y agresiones de todo tipo a chicas en una sola comarca y hayan quedado sin investigar? ¿A nadie le alarma esta situación? ¿O es que los gallegos tienen la fea costumbre de violar y pegar a las niñas que se encuentran por los caminos?

Ni acuso ni tengo la más mínima intención de sembrar dudas, pero cuando vi el despliegue de medallas, tricornios y estrellas de jefes y oficiales, me pareció que algo no estaba en su sitio. No es costumbre de la Benemérita, al menos de la que yo conozco, respeto y admiro, salir a recoger ovaciones como los artistas. Algún cabo suelto hay.


Por cierto, y esto ya es del negociado del juez ¿vamos a volver a ver, como en el caso de la pobre Anabel Segura, cómo se libra de la cárcel una encubridora -coautora, en aquél caso- alegando que es que “tenía mucho miedo” de su marido? ¿o vamos a volver a ver cómo los confidentes tienen licencia para matar?

domingo, 17 de diciembre de 2017

Muy Señor mío:


Adjunto remito mi Currículum Vitae por si pudiera resultar de interés para los fines de la plaza que convocan en su anuncio.

Como puede comprobar en él, tengo una larga experiencia en puesto similar, lo que sin duda hará que usted haya descartado ya mi candidatura. Como usted y yo sabemos, usted ni siquiera leerá esta carta de presentación, ya que al ver en mi Currículum Vitae que tengo más de cuarenta años, quedaré automáticamente descartado. Puede usted ser un joven y activo empresario, de esos que ahora se llaman emprendedores, al que le dé una enorme grima contratar a alguien que tenga más edad que usted, porque considera que nadie hasta que llegó usted, ha hecho nada que merezca la pena reseñar. O bien puede usted ser un obediente jefe de personal, de esos que ahora se llaman Human Resources Manager, al que han dicho que nada de contratar a nadie con más de cuarenta. De lo que sí estoy seguro es de una cosa: o usted tiene menos de cuarenta años o es de esos que superó la crisis con ciertos problemas y consiguió quedarse. Consiguió quedarse después de ver caer a muchos compañeros, mucho más preparados que usted, pero más baratos de despedir.

Y es que, como habrá podido comprobar, dada la importancia del cargo que usted ocupa, ahora mismo el mercado laboral en España, se divide en dos: los que superaron la crisis y siguieron cobrando su sueldo y aumentándolo año a año, que ahora cobran por encima de los dos mil euros; y los que perdimos el trabajo con la crisis, que ahora nos tenemos que agarrar a un puesto de novecientos o menos euros al mes, si es que alguien nos contesta, que como puede usted deducir, no es mi caso. De más de mil CV enviados, creo que no llegan a diez los contestados. Entiendo que por algún sitio hay que comenzar a descartar, ya que tiene usted más de trescientos currículos encima de su mesa, pero no consigo entender por qué la experiencia, el no tener hijos pequeños y el tener cada vez menos cargas familiares, son una rémora. Perdón, un hándicap, lo llama usted. Me acuerdo que cuando hacía entrevistas de joven, era precisamente eso lo que buscaban ¿no? De ser mujer y tener posibilidad de quedar embarazada, ni hablamos. Pues ahora, tampoco es ninguna ventaja eso ¿En qué quedamos?

Solo quiero desearle que nunca se encuentre usted en mi lugar. Que nunca tenga usted que cambiar su modo de vida y pase por la puerta de los restaurantes a los que antes iba, mirando para otro lado. Que no tenga que inventarse ninguna excusa cuando le llamen para una cena de amigos o una comida de antiguos compañeros. Que su mujer le apoye como la mía, y sus hijos sean tan santos como los míos. Que su familia y sus amigos no intenten evitar el tema del trabajo y del dinero en su presencia, porque piensen que va a salir usted contando desgracias. O bien que algún despistado no le proponga hacer viajes, que usted sabe que hace muchos años no puede hacer.

Yo sé que este no es asunto suyo. También sé que existe un subsidio para aquéllos que hemos agotado la prestación por desempleo. Seiscientos euros, por cierto. No los desprecio, claro. Pero eso es casi lo que me quitaban a mí todos los meses cuando trabajaba. Y es que mire, si hacemos cuentas: si yo hubiese metido en una cuenta todo lo que me han quitado mensualmente a lo largo de mi carrera, hoy viviría tranquilo. No desahogado, pero sí tranquilo.


Perdone que no le dé las gracias, porque como decía más arriba, sé que usted ni se ha mirado ni se mirará jamás esta carta. Felicite de mi parte al que haya seleccionado usted para este puesto, y no sea tan cínico de convencerle de que es un triunfador porque le han seleccionado entre trescientos. Sencillamente, le han seleccionado, primero por su edad; y segundo, porque está dispuesto a trabajar por lo que ustedes le ofrecen. Y no es que el chaval sea tonto, que va, es que no hay otra cosa.

martes, 14 de noviembre de 2017

Usos y abusos en Hollywood

Vaya por delante que uno no es un misógino, ni mucho menos un talibán ni un fundamentalista. Vaya sobre todo por delante que tengo mujer y una hija, aparte de un hijo adorable. Y que como hijo, marido y padre, hay pocas cosas que más me repugnen en esta vida, que esa gentuza que se vale de su posición preeminente, de su poder o de la debilidad de la otra persona para obtener favores sexuales. Que no entiendo cómo nadie puede disfrutar humillando a otra persona y que no los considero enfermos, como suelen decir los bienpensantes, sino auténticos hijos de mala madre, alimañas dañinas y gentuza que tiene que vivir fuera de la sociedad. Vaya además por delante que ni conozco, ni tengo la más remota idea de ninguno de los casos que, como cerezas del frutero, están saliendo sobre las distintas actrices de Hollywood y algunos productores espabilados. Algunos habrá realmente sangrantes.  Otros, cuando menos curiosos.

Dicho esto, tengo un par de dudas. Lo primero que me pregunto, es por qué este tipo de abusos solamente les ha ocurrido a mujeres. ¿Será que no hay ni ha habido nunca homosexuales en Hollywood? ¿Que haberlos, haylos, pero que a ninguno de ellos se le han cobrado favores sexuales a cambio de papeles en las mejores películas? ¿O que el abuso no es tal abuso, ni la humillación es tal humillación porque eran hombres? Porque claro, a la humillación de prestarse a tener sexo con alguien a cambio de una oportunidad de trabajo, habría que añadir la doble humillación de aquellos que han tenido que pasar por la cama de un productor, sin haberlo catado antes. Y no se me diga que a las mujeres les ha podido pasar igual. Todavía no hay ninguna productora denunciada por ninguna actriz. Ni productor denunciado por ningún actor, también es verdad. La segunda duda es ¿Han tenido que pasar por semejante calvario todas las actrices -y solo las actrices- que han triunfado en Hollywood? Lo digo porque, en tal caso, habrá muchas que después de haber sido humilladas y vejadas se habrán tenido que volver a su rancho de Kansas con el rabo entre las piernas (y pido perdón por tan inoportuna expresión).

Desde que el mundo es mundo, el que reparte el bacalao, el que tiene la llave de la despensa o la capacidad de repartir mercedes, se ha servido de su posición para obtener beneficios adicionales. Uno de ellos, quizá el más frecuente, ha sido el de derribar las defensas de la fortaleza que deseaba asaltar. Siempre ha habido jueces prevaricadores, curas simoníacos, reyes perjuros y corregidores untados. Los que llevamos décadas en el mercado de trabajo, conocemos por experiencia o por referencia, muchos casos de puestos de trabajo obtenidos, por decirlo de la manera más suave posible, por debajo de la mesa o mordiendo la almohada. Tanto ellos como ellas. Hasta aquí, nada nuevo y nada que objetar: Quien se ha querido prestar, ha recibido a cambio sus treinta monedas y aquí paz y después gloria. Cuánto menos si se trata de un empleo para el que no hace falta prácticamente cualificación alguna, ni casi formación previa. Un empleo en el que además de cobrarse ingentes cantidades de dinero, te da paso a un mundo de lujo, derroche y esplendor con el que jamás habrías soñado en tu pequeño rancho de Kansas. Un mundo además, al que llegas después de miles de puñaladas, traiciones y engaños.


Personalmente, no me parece mal que cada cual utilice todas las armas que la vida pone en sus manos, para alcanzar sus objetivos. Creo que mi moral no es exportable, nada más que a mis hijos, que cuando sean mayores harán con ella lo que estimen más oportuno. Creo que si te metes a competir por un objetivo, debes saber con quién estás compitiendo y cómo se juega a ese juego. Si te metes y pierdes, mala suerte. Otra vez será. Pero si te metes, utilizas todas tus armas, juegas al mismo juego que el resto, y después de dejar decenas de cadáveres en el camino, ganas, no vengas encima a cobrarte venganza de quien prefirió tus trucos a los de otra. Otra que a lo mejor te dejó pasar porque no quería arrastrarse tanto como tú. Eso no está bien, creo yo.

Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

viernes, 13 de octubre de 2017

Nacionalismo y catalanofobia

Me había propuesto no escribir sobre el único tema de conversación que, a lo largo del último mes y lo que te rondaré… ha habido en periódicos, radios, televisiones, tabernas, garitos, lugares de ocio y comidas familiares. Cataluña, efectivamente. Y no, no es que me vaya a escudar como los tibios en el “yo de política no hablo”, que la Política es -o puede ser-  una actividad tan digna como la Economía, la Cultura o los viajes. Y desde luego, en muchos casos, mucho más digna que el fútbol. Tampoco es que no tenga opinión al respecto, que la tengo y bastante formada. Formada desde hace años, cuando a diario me tocaba repasarme toda la prensa catalana; o cuando me tocó recorrerme Cataluña de pueblo en pueblo. No, sencillamente es que me parece complicado decir nada que no se haya dicho ya. Algunas cosas muy sensatas, otras muy prudentes, muchas de ellas demagogia facilona y algunas, sencillamente impresentables.

Así que obviaremos mi opinión política, que por ser mía solo a mí me importa, y nos centraremos en el lado humano del asunto. En concreto, hay una foto de la agencia Reuters, publicada incluso antes de que Puigdemont terminara de excretar su discurso-proclamación-suspensión de independencia, que lo dice todo. La foto es por todos conocida, y en ella se ven la emoción, la excitación y la euforia de los que esperaban en la calle… y a continuación, unos segundos más tarde, su decepción.


Pues esto es lo que hay, queridos: os han dejado tirados. Tirados como colillas. Si no fuera porque sois violentos, sectarios y cobardes, me daría pena ver esas caritas de pena. Violentos porque agredís o calláis cuando agreden a alguien por llevar una bandera, por representar a sus vecinos en un ayuntamiento o por no sentir lo que debe sentir. Sectarios porque solo en vuestra tribu, en vuestra jauría hay salvación. Nadie que no obedezca tiene derecho a vivir en vuestro territorio. Y cobardes porque solo atacáis en manada, a dos chicas solas o a un padre con tres niños pequeños.

Así que pena, ninguna. Se han ido todos. Han cogido sus empresas y os han dejado allí, chillando. Los mismos que, o bien os pagaban para que gritaseis desaforados en la calle o bien callaban mientras lo hacíais, han puesto su dinero a salvo de vosotros. No me extraña esa cara de tontos que se os ha quedado ¿Quién os va dirigir ahora, el capataz? Porque a él también le han  dejado tirado y se han ido con “el enemigo”. Contra ese a quien le mandaban azuzar la rehala. Pues tan malo no será porque ellos creen que su dinero está más seguro allí. Lo malo es que el capataz sabe arrear el ganado, pero no tiene ni idea de hacia dónde.


La parte mala es que nos los habéis enviado a nosotros. Que ahora vendrán llorando, haciéndose las víctimas y pidiendo “medidas” para salvar sus empresas. Que de repente se les habrá olvidado que durante cuarenta años no han hecho ni han dicho nada. Y que después de inocular en vosotros el virus del odio, os han dejado buscando víctimas a quien culpar de vuestra amargura. Nada personal, pero reconozco que no me dais ninguna pena. Además, no es catalanofobia, que eso sería odiar a alguien por ser catalán y yo no odio a nadie. Es más, me caen muy bien los catalanes. Y a los nacionalistas no os odio, sencillamente os desprecio y por eso no podéis darme pena.

Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro

martes, 26 de septiembre de 2017

Contra el Pensamiento Único Obligatorio (2)

Como lo prometido es deuda, vamos a seguir viendo los ataques demoledores del Pensamiento Único Obligatorio contra la libertad de pensamiento. No sé si con esto terminaré de escribir al respecto, lo que sí sé es que seguro que me dejo algo en el tintero y que a lo mejor me meten a mí en el tintero. Que surgirán, como ya ha pasado, críticas más o menos fundadas. Bienvenida sea la polémica.

La historia del descubrimiento y colonización de América, es una historia de saqueos, pillaje y violaciones de los derechos más elementales de los indios. Otra mentira. Pocas veces nadie ha dicho semejante estupidez, ante la mirada bobalicona de cateto ignorante de los acusados, como ahora. A los españoles, se nos injuria y se nos insulta, y lo único que hacemos es agachar las orejas. Primera y demoledora consecuencia de habernos cargado la Enseñanza. Vamos a ver: la Reina Isabel declaró a los indios Hijos Menores de la Corona, lo que desde un primer momento les protegió de cualquier tipo de abuso por parte de los colonos. Y la Administración Real se ocupó y se preocupó de que esto fuera así, durante los quinientos años que mantuvo su presencia en los territorios castellanos del otro lado del Atlántico. Los que ahora derriban estatuas de Colón y acusan de saqueo y de violaciones a los españoles, son los descendientes de aquellos que conspiraron para lograr las independencias. Los mismos que, una vez lograda la independencia esclavizaron, saquearon y violaron a los indios. Con el agravante de que esos mismos que derriban estatuas y acusan al resto del mundo de la desgracia de los indios, tienen de indios lo que yo de beato: todos se llaman García, Pérez, Morales, Ortega o Castro. No, señores, no fueron mis abuelos los que fueron a saquear a nadie, fueron los suyos. Los míos se quedaron aquí.

El clima está cambiando. Aterrador, la verdad. Lo malo es que nadie ha dicho todavía respecto a qué, a cuando o  cuánto está cambiando el clima. De hecho, las alarmas saltaron cuando alguien dijo que había un tremendo agujero en la capa de ozono, que cada vez era más grande y que cuando desapareciera la capa de ozono nos íbamos a achicharrar como lagartos. Al final la Naturaleza, tan tozuda ella, se empeña en quitarnos la razón en todo aquello que “descubrimos” y el agujero de la capa de ozono volvió a disminuir. Y a volverse a abrir y a volver a cerrarse… como llevaba haciendo toda la vida y nunca había pasado nada. O nada grave, por lo menos. Lo malo es que alguien descubrió que el miedo es negocio, que si hago un discurso apocalíptico hay mucha gente dispuesta a comprármelo. Y a comprármelo bien caro. Tanto, tanto como que al que se le ocurra cuestionar mis teorías va a quedar automáticamente fuera de la comunidad científica. Hasta el punto de que el clima es la única rama de la ciencia donde no se sigue un sistema deductivo sino inductivo. En lugar de analizar, experimentar y comprobar los elementos determinantes para llegar a una conclusión, se establece una conclusión a la que hay que llegar por cualquier camino. Y si no existe, se inventa. Pero sobre todo, nunca dejar de alarmar al gran público. Así que en vista de que no había agujero creciendo en la capa de ozono, se empezó a hablar de calentamiento global. También sin explicar qué es eso de global claro, pero es que el adjetivo asusta. Y una vez más, la maldita Naturaleza demuestra que no necesita esta clase de defensores, y bajan las temperaturas medias.
-       Es igual, podemos mantener la tensión hablando del cambio climático
-       ¿Pero a qué cambio nos referimos? ¿Cambio de presión, de humedad…? De temperatura y precipitaciones ya se ha demostrado que es una chorrada. Después de todo el clima lleva cambiando desde que el mundo es mundo. No en vano, depende de unas treinta variables distintas: presión, temperatura, inclinación del eje terrestre, ubicación de la tierra respecto al sol, aumento o disminución de las masas de agua, cambios de presión, temperatura de los océanos o de los lagos, volcanes… De hecho, no es que el clima no cambie, es que nadie ha dicho que tenga que ser uniforme, no puede serlo de ninguna manera. Ni en el tiempo ni en una misma ubicación
-       Usted lo que es, es un escéptico y un negacionista. Prepárese usted a perder su cátedra y toda la financiación que tenía para investigar ¡Vamos, hombre! ¿Habrase visto? El clima está cambiando y punto.
-        Amén


Ya no existen los protagonistas. Los que tenemos más de cuarenta, todavía recordamos las películas donde el héroe se enfrentaba a los villanos y salvaba a la chica. Es más, si el director se venía muy arriba, el héroe salvaba al mundo o incluso a la galaxia. Entonces se exaltaba el esfuerzo individual, la capacidad de sacrificio de una persona, y el éxito del protagonista era un final ejemplarizante. Pues ahora no. Ahora “el protagonista” es colectivo, multicultural y abierto. “Todos somos Encarnita”. Pongas la serie que pongas, o vayas a ver la película que vayas a ver, los protagonistas son un grupo integrado por al menos: un blanco, una mujer, un negro y/o hispano o asiático; y una pareja homosexual. Nada que objetar. Como no me gusta el cine y además niego categóricamente que se trate de ningún arte, ni séptimo ni octavo ni segundo… con no ir al cine tengo suficiente. Y en casa, afortunadamente, tengo muchas más y mejores cosas que hacer que ver la televisión. Por lo demás, este nuevo formato no es menos ejemplarizante que el anterior. La única diferencia es que el ejemplo que enseña no es discutible. Si no te gusta, eres un… bueno, eso.

Gonzalo Rodríguez-Jurado Saro